Todavía no se puede descartar la posibilidad de que haya un ballotage entre los dos candidatos de “la casta”: Sergio Massa, por el peronismo, y Patricia Bullrich, por Juntos por el Cambio. Los números del escrutinio definitivo, que se conoció esta semana, reafirmaron el escenario de tercios: 29,8% para La Libertad Avanza, 28% para Juntos por el Cambio (Bullrich más Larreta) y 27,2% para Unidos por la Patria (Massa más Grabois). El juego está abierto, con los tres arriba del ring.
La culpa no es del chancho
Por Manuel Nieto (@NietoManuelOk).
Sin embargo, la sensación de una ola violeta ubica hoy a Javier Milei como el mejor posicionado para entrar a la segunda vuelta. Si a grandes rasgos cada espacio mantiene su tercio en los comicios generales, los votantes de quien quede en tercer lugar serán los árbitros principales de la elección. Es decir que si hay una segunda vuelta entre Milei y Bullrich, por ejemplo, quienes hayan votado a Massa tendrán un protagonismo crucial para definir al próximo presidente.
Cabe hacer una salvedad: en rigor, el esquema que marcaron las PASO no es de tercios sino de cuartos, por la gran cantidad de electores que se abstuvieron de ir a votar y otros tantos que votaron en blanco. Ese universo también será clave para que los candidatos puedan mejorar su performance.
En cualquier caso, la pregunta que flota en el aire es a quién votarían los simpatizantes del kirchnerismo si hubiera un ballotage entre Milei y Bullrich, y a quién votarían los simpatizantes de Juntos por el Cambio si hubiera una segunda vuelta entre el libertario y Massa. A quién considerarían “el menos peor” para entregarle las llaves de la Casa Rosada.
Con un candidato anti sistema como Milei, con propuestas extremas que socaban algunos de los que se tenían como consensos de la democracia argentina (los controles a la portación de armas, por ejemplo), lo lógico sería que quienes no lo hayan apoyado en la primera vuelta se agrupen atrás de quien lo enfrente en el ballotage. Pero no: la animosidad entre las dos coaliciones principales y sus recientes fracasos al frente del Gobierno ubican a Milei como favorito.
Tantos años con “el negocio de la grieta” que cavaron desde el kirchnerismo y el macrismo, ahora hace muy difícil tender puentes (¿discursivos, de intenciones?) entre los dos sectores “racionales” para frenar un eventual gobierno de Javier Milei. Sergio Massa intentó dar una señal en ese sentido cuando aseguró que convocaría a radicales y “peronistas del PRO” para conformar un eventual gobierno suyo. Pero esta semana volvió a recibir un ataque del fuego amigo: nada menos que el gobernador de Santa Fe, Omar Perotti, dijo que votaría por Milei si estuviera en un ballotage con Bullrich. Perotti fue senador nacional, diputado nacional, diputado provincial e intendente de Rafaela: es la encarnación de “la casta”. Y de forma análoga se expresó el candidato a gobernador de Juntos por el Cambio en la misma provincia, el radical Maximiliano Pullaro: prefiere votar a Milei antes que a Massa (¡Perdonalos, Alfonsín!).
Estas declaraciones se explican por la popularidad de Milei en Santa Fe, por lo que a los dirigentes provinciales les “garpa” mostrar algo de sintonía con el libertario. Pero también sugieren que quienes tienen responsabilidades de gobierno no están del todo comprometidos en frenar un avance libertario.
“Le estamos echando la culpa a Milei pero en realidad hay que mirar a las otras fuerzas que son las responsables de haber creado a este monstruo de la política”, me dijo este viernes el sociólogo e investigador de la universidad de Texas Javier Auyero, que es oriundo de Lomas y centró la mayoría de sus estudios e investigaciones de campo en el conurbano bonaerense. Su último libro es “Cómo hacen los pobres para sobrevivir”, una etnografía realizada tras tres años de presencia en el barrio La Matera de Quilmes.
Auyero explica así una de las dimensiones del éxito de Milei entre los más pobres: “La gente ve a la política de manera muy instrumental, como que los políticos solo quieren aprovechar una oportunidad para ellos. De ahí que resuene el discurso de la casta, de envolver a todos en la misma bolsa y decir que son los responsables de su miseria”. De todas maneras, con la comprobación de que el voto a Milei es transversal, Auyero dice que, en el marco de los estigmas y sufrimientos de todo tipo afectan a los marginados en el país, “lo único que falta es que le echemos la culpa de Milei a los pobres”.
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