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Moratoria de agravios

Por Manuel Nieto (@NietoManuelOk).

Los números son implacables. Argentina cerró el 2023 con la tasa de inflación anual más alta del mundo. El 211,4% acumulado durante los doce meses del año pasado superó al pequeño club de naciones que siguen con alta inflación: Líbano con 211%, Venezuela con 193% y Turquía con 64%. Quizás el verdadero líder haya sido Zimbabue, con un 222%, pero el cálculo está hecho en base a estimaciones de organismos internacionales.

En cualquier caso, ese dramático 211% del 2023 pertenece enteramente al gobierno peronista, con los protagonismos del ex Presidente, Alberto Fernández, el ministro de Economía con amplias facultades y candidato presidencial, Sergio Massa, y la vicepresidenta y arquitecta de ese esquema de poder, Cristina Fernández de Kirchner. El “Plan Platita” de emisión monetaria, baja de impuestos y aumento del gasto para volver más competitiva la candidatura de Massa fue un golpe de nocaut para una economía que ya estaba desestabilizada. El fracaso de esta edición 2019 – 2023 del peronismo ha sido estrepitoso, aun contemplando la triada de dificultades que se cansó de enumerar Alberto Fernández: la pandemia, la guerra y la sequía.

Para salir de ese atolladero, los argentinos decidieron dar vuelta la página y poner en la Casa Rosada a un Presidente con un discurso extremo, pero sin intendentes ni gobernadores, con apenas un puñado de legisladores y sin experiencia en la política. Ese Presidente leyó su propia debilidad y quiso empezar a gobernar pateando puertas. Lo avisó en su asunción, de espaldas al Congreso. Firmó un mega decreto para desregular la economía que mezcla cuestiones de suma relevancia con otras completamente banales. Lo mismo ocurrió con la excéntrica Ley Ómnibus, en la que también pidió que se le deleguen las facultades legislativas por todo su mandato, algo que equivaldría a cerrar el Congreso.

Lógicamente las pretensiones autocráticas del Presidente ya están encontrando sus límites. La Justicia, esta vez, no remolonea, aunque esté en la sagrada época de feria. Ya se aceptaron medidas cautelares contra la reforma laboral que se establecía por decreto y contra las desregulaciones de la producción de la yerba mate. Hay gobernadores del oficialismo y la oposición negociando por la actividad pesquera y por la suba de las retenciones al agro. La CGT convocó a su primer paro general.

En el Congreso, en tanto, se negocia y se debate el DNU y la ley ómnibus. La actitud que estaría primando entre los diferentes bloques sería la de acompañar el grueso de las medidas propuestas por Milei, sin entregar facultades extraordinarias, como la del aumento por decreto de las jubilaciones a voluntad del Ejecutivo. Se impondría la “Doctrina Pichetto” de que “un blanqueo, una moratoria y una declaración de emergencia” no se le niegan a ningún nuevo gobierno.

No es otra cosa que el juego de la democracia. Achacar a “la casta” la culpa de todos los males del país puede haber resultado muy redituable en la campaña electoral, pero a la hora de gobernar Milei necesita hacer acuerdos, concesiones y buscar la construcción de consensos para que sus reformas tengan alguna durabilidad. El Presidente ya demostró su plasticidad en su relación con el Papa. Pasó de llamarlo “representante del Maligno” a invitarlo ahora a la Argentina con una afectuosa carta y conseguir una invitación a El Vaticano. Es posible que con “la casta” tenga que adoptar una actitud similar. La moratoria de Milei no aplicaría solo a las deudas impositivas, sino también a los agravios.

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