La prioridad que se trazó el gobierno de Javier Milei es bajar la inflación. En esa dirección apuntan sus medidas de shock económico, que buscan recortar los gastos del Estado y aumentar los ingresos a través de algunas disimuladas subas de impuestos. La esperanza del Presidente de que así se detenga el aumento de los precios es compartida por millones de argentinos, no solo de los que lo votaron, sino también por buena parte de quienes apoyaron a Massa pero ahora están dispuestos a tenerle paciencia al nuevo gobierno.
Prioridades
Por Manuel Nieto (@NietoManuelOk).
Parece haber cierto consenso en la sociedad argentina respecto a la disposición a hacer “un sacrificio” si con eso se logra terminar con el mal endémico de la inflación, que lleva más de 20 años en subida. Unos meses de reducción drástica del consumo como los que se avecinan pueden ser un precio lógico a pagar por un desequilibrio de semejante antigüedad.
Más allá de si el programa de Milei es acertado o no para mejorar la calidad de vida de los argentinos, el primer mes de gestión está mostrando problemas de praxis política que le dificultan al gobierno sus reformas. En primer lugar, la imposibilidad de plasmar sus prioridades. En el mega DNU con el que inauguró su administración, el Presidente puso en el mismo plano una reforma laboral y la reventa de entradas para espectáculos deportivos. Casos similares se dan en la “ley ómnibus”, con la que le pide al Congreso que le delegue sus facultades, que lo apoye para subir impuestos y que los jueces empiecen a usar toga.
La labor legislativa es lenta y engorrosa. Así funciona la democracia. En la Argentina y en todos lados. El Gobierno declama que estamos en una situación de emergencia económica, y claramente lo estamos, por lo que no parece lógico tratar de hacer todos los cambios a la vez, mezclándolos en una misma ley y en un DNU, sin trabajar los consensos necesarios y sin criterios claros. Así planteadas, las maniobras parecen destinadas a fracasar.
El mismo Milei dijo esta semana que “dos tercios de las mejoras” de su programa de shock se verán recién dentro de 15 años. Sí, en 2049. Para que haya cambios sostenibles en el largo plazo es indispensable algún grado de diálogo entre los diferentes sectores de la política para aprobarlos con el mayor grado de unanimidad posible. Caso contrario, el Congreso, los tribunales o un próximo presidente desarmarán la endeble arquitectura pensada por los libertarios.
El horrible espectáculo al que estamos asistiendo de aceleración de los precios con caída de los salarios reales representa descensos hacia la pobreza de gran parte de la clase media, y miseria para los sectores más vulnerables. Los alimentos, la nafta, el transporte, las tarifas de luz y de gas representan porciones cada vez más grandes de los salarios. Está claro que el proceso no comenzó con Milei, sino que se viene arrastrando desde hace largos años de kirchnerismo y macrismo. Esto configura un cuadro delicado no solo a nivel económico sino a nivel social. La licencia de un gobierno para cometer errores es cada vez más pequeña.
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