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Cada vez más difícil

Por Manuel Nieto (@NietoManuelOk).

Qué difícil debe ser gobernar un país, ¿no? Y más si agarrás la changa con más del 200% de inflación anual, con una creciente disconformidad social por la pérdida del poder adquisitivo, no tenés gobernadores propios ni mayoría en ninguna de las cámaras del Congreso y te pasaste la campaña haciendo promesas radicales, como cerrar el Banco Central o dolarizar la economía y encima demonizando a toda la dirigencia política de la que ahora necesitás que te dé una mano. Realmente muy complicado si encima no podés confiar ni en los miembros de tu gabinete y tenés que echar a un ministro a los 40 días porque te filtró una información delicada a la prensa, o tenés que aguantar que la CGT te haga un paro luego de más de cuatro años de silencio.

El Gobierno Javier Milei, entre la suma de complicaciones heredadas y las apuestas propias de alto riesgo y la impericia política, enfrenta un cuadro endiablado. Miguel Ángel Pichetto, que es algo así como la representación carnal de “la casta”, con 30 años de experiencia en el Congreso, expresó su preocupación. “Si el Gobierno en el corto plazo no va hacia un camino de coalición, tiene dificultades. Así no se puede funcionar los cuatro años”, sostuvo el diputado, que articula las negociaciones entre el oficialismo y parte de la oposición para la sanción de la Ley Ómnibus.

Más consejos del “Macchiavello” Pichetto para “El Príncipe” Milei: “Hay que encontrar un sendero de diálogo positivo y salir de la agresión. Hay que reconstruir el diálogo con los gobernadores de manera sincera, que sirva para que también acompañen una política nacional y ellos no sientan que pierden capacidad de funcionamiento en sus provincias. El Gobierno tiene un problema estructural, no tiene mayoría parlamentaria. Hay que tratar de dialogar, construir mayoría. No se puede ir ley por ley. Hay que trabajar en la construcción de mayoría parlamentaria para poder gobernar cuatro años”.

El Presidente, que es el dueño de los votos que lo pusieron en la Casa Rosada, no está en esa sintonía de “diálogo y consenso” larretista que le reclama Pichetto. Por el contrario, parece estar dispuesto a subir la apuesta. Luego de que se filtrara su pretensión de “cagar de hambre” a los gobernadores si no cooperan con la aprobación de la Ley Ómnibus, no hizo ningún gesto de desmentida. Por el contrario, echó al ministro de Infraestructura por la supuesta filtración, confirmando tácitamente la veracidad de la frase. Es lógico que el Presidente eche a un funcionario desleal, y es saludable que no demore en hacerlo; el tema es que en este caso ese despido confirma la dura declaración de guerra a los gobernadores.

Hubo más señales de radicalidad por parte de Milei. En una entrevista con la periodista colombiana Patricia Janiot, ex figura de la trumpista cadena CNN, el Presidente afirmó, en relación a la negociación parlamentaria: “En nada voy a ceder porque la libertad no se negocia”. Además del cierre de puertas a los acuerdos en el Congreso que le vendrían tan bien a su gobierno, sostuvo que “estamos a muy poco de dolarizar” y también del cierre del Banco Central. Qué le hace una mancha más al tigre y una cuota más de incertidumbre a los argentinos, ¿no?

Todo esto se da en el marco de una situación social desesperante. Los aumentos de precios son una locura y la licuación de los salarios y las jubilaciones llega a niveles de carencias proteicas. Milei no es el responsable de la herencia, pero sí de ofrecer alguna esperanza de futuro a los argentinos.

Quiero creer que todavía hay tiempo para que se levante una bandera blanca y la política deje de lado el dogmatismo y busque soluciones. Gobernar este país ya es demasiado difícil como para complicarlo más de la cuenta.

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