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Un vecino de Monte Grande fabrica en su taller un "un instrumento musical que tiene magia"

Augusto Gavilán es vecino de Monte Grande y fabrica hangs, un instrumento de percusión conformado por un domo de metal.

El hang es un instrumento de percusión melódico muy particular. Hay pocas personas en el mundo que saben utilizarlo, y menos saben fabricarlo. A tres cuadras de la estación de Monte Grande hay un vecino que es un apasionado por este instrumento y lo fabrica en su propio taller de herrería.

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Su nombre es Augusto Gavilán y tiene 49 años. Antes de dedicarse de lleno a los hangs, el vecino estudió percusión, tocó en una batucada, aprendió sobre música árabe e hindú, acerca de distintas ramas de lutería y sobre cerámica. Además, es herrero.

“De la existencia del hang me enteré por una revista de España de novedades sobre baterías, allá por el año 2002. Después de esto, cada tanto aparecía alguna noticia, pero se veía como algo lejano e inaccesible”, recordó en diálogo con El Diario Sur.

Fue en 2014 cuando la curiosidad le ganó y decidió que tenía hacer algo con este instrumento: “Empecé a investigar y en un foro de información conocí a un español que terminó siendo mi maestro. Tiempo después me gané un hang en un sorteo y fui a retirarlo a España, entonces lo conocí y me dio un curso personalizado de 11 días para aprender a usarlo”.

Además de enseñarle a tocar el hang, el maestro español le explicó a Augusto cómo armar uno de estos instrumentos, algo que muy pocas personas en el mundo sabían.

“En 2018 fui consiguiendo todas las máquinas que necesitaba, porque todo es muy específico, y empecé a fabricarlos junto a Víctor, un amigo que hace la parte de afinación”, comentó. Y continuó: “En un principio hacíamos dos por mes, pero después nos dimos cuenta de que podíamos hacer más. Hoy en día llevamos más de 650 hechos, y se sigue expandiendo nuestro proyecto”.

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Cabe destacar que Augusto es uno de los 8 fabricantes de hangs del país, por lo cuál recibe pedidos de otras provincias, y también internacionales.

En ese sentido, aseguró que su sueño es que el proyecto se expanda, y para esto también está dando clases y alquila este instrumento, con el objetivo de que sea más accesible para aquellos que quieran conocerlo sin la necesidad de comprarlo. Además, toca en centros de yoga, en plazas y hasta en catas de vino.

Según contó Augusto, el precio de un hang ronda los 1200 dólares, pero él y Víctor lograron bajar su costo a 360.

“Hay mucha gente que todavía no sabe que este instrumento existe. Genera mucha intriga, pero yo creo que va a seguir creciendo porque es fácil tocarlo, no hay mucho margen de frustración, se puede jugar”, expresó el vecino.

Augusto también subrayó que espera a todo aquel que quiera conocer este instrumento en su taller, ubicado entre las calles Chimondegui y Fernando del Toro, a pocas cuadras de la estación de Monte Grande. Además, también se encuentra en Instagram como @augustoenellaboratorio.

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Augusto viajó a España para conseguir su primer hang.

Augusto viajó a España para conseguir su primer hang.

La “magia” del instrumento

“Cada vez que te pones a tocar un hang, aparece algo. Tiene como esa magia. Con muy poquito ya se crea un micromundo de paz”, aseguró Augusto Gavilán en diálogo con El Diario Sur.

En ese sentido, aclaró que este instrumento suele utilizarse de modo terapéutico. “Hay un orden en el universo que responde a una proporción geométrica, y esto se pone de manifiesto en ciertos fenómenos sonoros, lo que se llama cadena de armónicos”, explicó.

“Eso mismo sucede con la nota de un hang. Cuando lo tocamos, estamos emitiendo una información en concordancia con el orden universal. Por eso cuando toco una canción quedo como flotando, o se me caen algunas fichas. Es un instrumento que tiene magia”, sostuvo el vecino de Monte Grande.

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El vecino fabrica este instrumento en su taller de Monte Grande.

El vecino fabrica este instrumento en su taller de Monte Grande.

¿Qué es un hang?

Augusto Gavilán comentó a El Diario Sur que el hang es “un domo de metal con distintas superficies aisladas, y cada una de ellas da una nota, y esto genera una escala”. “Nos permite tocar como orquesta y acompañamiento. Es muy divertido y placentero”, añadió. Cabe destacar que el primer hang fue desarrollado en mayo de 1999 por Felix Rohner y Sabina Schärer de Panart en Berna, Suiza.

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