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De la explosión al hogar: la historia de Shelby, la perra adoptada tras la explosión en Ezeiza

La perra apareció en las inmediaciones de El Campito Refugio tras la explosión en Ezeiza. Ahora vive en Entre Ríos. Las palabras de su nueva familia.

La perra que se habría escapado tras la explosión en el Polo Industrial de Ezeiza encontró finalmente un hogar. Rescatada por El Campito Refugio de Monte Grande, Rosaura —como la habían llamado en un primer momento— fue adoptada por una familia de Entre Ríos, que hoy la rebautizó Shelby y cuenta su historia.

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“Yo el 15 de julio de 2025 perdí mi perro y ella está acá también gracias a mi madre”, relató Marcelo, uno de los adoptantes. “Mi mamá me pasó el link de Facebook del refugio y me dijo que la adopte, que le dé una oportunidad… y a mí también”, recordó.

Marcelo habló la decisión con su pareja, Marian, y no dudaron. “Dijimos: vamos a adoptarla, vamos a abrirnos. Por suerte se dio todo bien y estamos muy agradecidos al refugio”, contó. La adopción se gestionó a distancia, ya que la familia vive en Entre Ríos.

Desde El Campito Refugio, la organización que la resguardó desde el primer momento, explicaron que durante semanas se intentó localizar a su familia. Sin embargo, al no obtener respuestas, se tomó la decisión de buscarle un nuevo hogar, teniendo en cuenta sus características y necesidades especiales.

“El proceso fue muy serio. Mandé un mail contando mi historia, la del perro que había perdido, y nos hicieron encuestas: cuántos vivíamos en casa, si había chicos, cómo era el lugar, los portones, las escaleras. Mandamos fotos y videos, y parece que fuimos aptos”, explicó Marcelo.

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El primer encuentro con su nueva familia

El traslado fue largo y estuvo a cargo de voluntarias del refugio.“En cinco minutos que nos conocimos, vio una pelota y se tiró a jugar. Fue increíble”, relató. “Después, a los dos o tres días, ya se vino a dormir a nuestra habitación”.

La conexión fue tan fuerte que la familia sintió que no era casual. “Algunas cosas me recuerdan a mi otro perro. Shelby se llama así por una cuestión muy especial: el mío se llamaba Yenko, como el Camaro, y Shelby es por el Mustang. Hay algo que las une”, dijo Marcelo. “Ella nos sigue para todos lados. Él se mueve y ella se levanta atrás. No hay otra explicación”.

Hoy, Shelby tiene chapita con QR, veterinario asignado y una familia que la define como parte de su vida. “Sabemos que va a tener paz, comida, que no va a pasar frío ni calor. Eso ya es mucho”, resumió Marcelo. Y concluyó: “A veces cuesta abrirse, pero también es lindo darle un hogar y cariño. Lo mejor que nos salga”.

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