Aide Espindola tiene 62 años y es vecina de El Jagüel. En 2012, mientras comenzaba a explorar internet, encontró el anuncio de un seminario de metafísica. Al llamar, le explicaron que se trataba de aquello que existe más allá de lo físico: lo que no puede verse, pero que, según esta enseñanza, existe.
Clases de metafísica en Monte Grande: qué es, para qué sirve y cómo se aprende
Aide Espindola tiene 62 años y conoció la metafísica en 2012. Hoy participa de encuentros en Monte Grande y cuenta cómo incorporó sus enseñanzas.
Quiso saber dónde podía aprender y le indicaron Ezeiza. Ese jueves tomó el camino hasta allí y comenzó una experiencia que se prolongaría durante los siguientes 12 años. Según cuenta, durante todo ese tiempo solo dejó de asistir cuando estuvo de viaje.
Hoy continúa con las clases una vez por semana en Lomas de Zamora y, desde hace un tiempo, también participa de encuentros una vez al mes en Monte Grande. Para Aide, la llegada de esta práctica a la localidad tiene un significado particular: sostiene que nunca antes se había dado allí.
Metafísica en Monte Grande: una enseñanza de la vida cotidiana
Para explicar qué significa practicar metafísica, Aide no habla de algo reservado exclusivamente al momento de una clase. Para ella, la enseñanza forma parte de la vida cotidiana, desde que se levanta hasta que se acuesta. La propuesta, según describe, consiste en observar los propios pensamientos, sentimientos, palabras y acciones. Lo resume en una idea: pensar, sentir, hablar y actuar en positivo, porque aquello que una persona piensa y expresa termina manifestándose.
“Todo tiene causa y efecto”, explica Aide. En ese sentido, cuando atraviesa una situación que considera poco grata, intenta revisar qué ocurrió previamente en ese “cuadrante de causación”: qué pensó, qué sintió, qué dijo y qué hizo. También sostiene que existen leyes universales que se cumplen independientemente de que las personas las conozcan. La primera enseñanza, cuenta, es la ley de mentalismo, resumida en otra de las ideas que incorporó a lo largo de estos años: “como pienso... soy”.
Para Aide, la metafísica no es una religión ni una secta, sino una enseñanza práctica y una filosofía de vida. Las clases son abiertas, libres y gratuitas, y existe una persona que las facilita, mientras que quienes participan deciden libremente si quieren asistir.
Lee más
La búsqueda personal y la llegada de nuevos participantes
La propia experiencia de Aide estuvo atravesada por una búsqueda. Con el tiempo encontró personas interesadas en la enseñanza, algunas de ellas con conocimientos previos o vinculadas a conceptos como el karma. En esos casos, cuenta, intenta ampliar aquello que la otra persona ya conoce cuando existe interés. También invita a acercarse a las clases. Algunos participan durante un tiempo y luego se alejan, mientras que otros continúan.
Para ella, esa diversidad forma parte de la propia enseñanza. “Tenemos el libre albedrío”, sostiene, y considera que cada persona debe encontrar aquello que le haga bien.
La posibilidad de contar con un espacio en Monte Grande fue, justamente, una búsqueda de Aide. Según relata, insistió para encontrar un lugar y conseguir que la facilitadora tuviera un horario disponible, en un contexto en el que quienes participan también tienen sus trabajos y obligaciones.
Aide observa que la metafísica tiene actualmente una mayor difusión a través de las redes sociales, aunque remarca que se trata de una enseñanza que considera milenaria. En su recorrido menciona a Jesús, Emmet Fox, Conny Méndez y Rubén Cedeño, a quien identifica como una de las personas que actualmente la expande a través de conferencias en distintos lugares del mundo.
Lee más
Una orquesta de Monte Grande llegó a Francia: 18 jóvenes cumplieron un sueño en Europa
Una filosofía que también habla de equilibrio
Después de 12 años vinculada a esta enseñanza, Aide asegura que incorporó conocimientos que modificaron su manera de observar lo que le ocurre. Entre ellos, una concepción según la cual Dios no debe ser buscado afuera, sino que está dentro de cada persona.
Desde esa mirada, se considera a sí misma una partícula de Dios y entiende que la vida es una experiencia que puede atravesar momentos agradables y otros difíciles, pero que forman parte de un aprendizaje. También aparecen otras ideas que, para Aide, atraviesan la práctica: nada sucede por casualidad sino por causalidad; nada es eterno porque todo pasa; y cada situación tiene dos lados o dos polos, por lo que el objetivo es encontrar un equilibrio.
Cuenta que en momentos difíciles recurrió a lo que denomina “decretar el bien” y que, según su experiencia, pudo ver sus resultados.
En Monte Grande, ahora, esa búsqueda que comenzó de manera casual frente a una computadora tiene un nuevo escenario. Una vez al mes, Aide vuelve a encontrarse con la enseñanza que incorporó a su vida hace más de una década y con otras personas que, como alguna vez le ocurrió a ella, se acercan para descubrir de qué se trata.



