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A 39 años de la Masacre de Budge, el caso que instaló el término "gatillo fácil"

El triple crimen ocurrido en Ingeniero Budge en 1987 marcó un antes y un después en las denuncias contra la violencia policial.

El 8 de mayo de 1987 quedó marcado en la historia de Lomas de Zamora y de la provincia de Buenos Aires. Esa tarde, en la esquina de Guaminí y Figueredo, en Ingeniero Budge, tres jóvenes fueron asesinados por efectivos de la Policía Bonaerense en un episodio que con el tiempo sería conocido como la Masacre de Budge.

Las víctimas fueron Agustín “el Negro” Olivera, de 26 años; Roberto “Willy” Argañaraz, de 24; y Oscar Aredes, de 19. Los tres estaban tomando una cerveza cuando llegaron el sargento Juan Ramón Balmaceda, el cabo Juan Alberto Miño y el sargento Isidro Rito Romero, integrantes de la comisaría 10ª, ubicada junto al Puente La Noria.

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Según la versión policial difundida en ese momento, los jóvenes habían muerto durante un enfrentamiento. Sin embargo, los vecinos del barrio rechazaron rápidamente esa explicación y denunciaron que se trató de una ejecución. Roberto Argañaraz apareció horas más tarde en un hospital con dieciocho impactos de bala, uno de ellos en la cabeza. Olivera y Aredes quedaron tendidos sobre la vereda.

Budge y la reacción vecinal contra la Bonaerense

La masacre provocó una reacción inédita en el barrio. Mientras la Policía intentaba sostener la versión oficial, vecinos de Ingeniero Budge formaron una barrera humana alrededor de los cuerpos y comenzaron a organizarse para reclamar justicia.

Así nació la Comisión de Amigos y Vecinos (CAV), que llegó a reunir a miles de personas en asambleas y movilizaciones. También organizaron guardias nocturnas y ollas populares para protegerse de nuevas razzias policiales.

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Con el paso de los años, además, se supo que la Policía Bonaerense infiltró agentes en las marchas y reuniones vecinales. La información apareció décadas después en archivos de inteligencia de la Dirección de Inteligencia de la Policía Bonaerense.

Los vecinos conocían especialmente a Balmaceda, señalado por ejercer prácticas represivas en la zona desde la dictadura militar. Según los testimonios recogidos en la investigación, los policías hostigaban a jóvenes del barrio y realizaban detenciones arbitrarias.

El origen del término “gatillo fácil”

El caso Budge también dejó una marca histórica en la Argentina porque fue allí donde comenzó a utilizarse la expresión “gatillo fácil”. El abogado León “Toto” Zimerman, que representó a las familias de las víctimas junto a Ciro Annicchiarico, tomó una frase utilizada por Rodolfo Walsh sobre la Bonaerense y la reformuló para describir los asesinatos policiales de civiles.

Con el tiempo, el término se transformó en una de las expresiones más utilizadas para denunciar violencia institucional en democracia.

Las condenas y la fuga de los policías

El primer juicio por la Masacre de Budge se realizó en 1990. Balmaceda y Miño fueron condenados a cinco años de prisión por homicidio en riña, mientras que Romero recibió doce años de cárcel.

Sin embargo, la Suprema Corte bonaerense anuló el proceso por errores formales y el caso volvió a juzgarse en 1994. En esa segunda instancia, los tres policías fueron condenados a once años de prisión por homicidio simple.

Para entonces, ya estaban libres y escaparon antes de cumplir la condena. Romero fue detenido en 1998, mientras que Balmaceda y Miño permanecieron prófugos hasta 2006.

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