Vecinos de Temperley están preocupados por la instalación de una antena de telecomunicaciones y empezaron a juntar firmas para frenar la obra. Temen que el dispositivo sea cancerígeno.
María Eugenia, una vecina de la calle Carabobo al 100, notó movimientos raros en el terreno lindero a su casa. Le llamó la atención ver a tantos obreros haciendo un pozo de gran tamaño y por eso preguntó al propietario de qué se trataba esa construcción. Fue ahí cuando le dieron la noticia de que se levantaría una gigantezca antena de telecomunicaciones, justo al lado de su vivienda y a pocos metros de otra antena de radio instalada con anterioridad.
La situación llenó de preocupaciones tanto a María Eugenia como a todos los vecinos. Desconfían que la antena sea cancerígena. La persona que tomó la decisión de instalarla asegura que no es así, pero la gente del barrio quiere parar la obra por precaución.
"Sentí ruidos y vi que estaban haciendo un pozo, pero como vive gente en el fondo y les quedó la otra antena en el patio, que era primigenia a las construcciones, dije 'Bueno, quizás la va a cambiar'. Después vi mucho despliegue de hierros, un pozo más grande, vino una máquina excavadora y me di cuenta que no era una antena normal. Fui a hablar con el vecino y me dijo que iba a poner una antena de celulares, que era su terreno, que no tenía que pedirle permiso a nadie, que la antena no es cancerígena y que tenía toda la habilitación. ¡Pero el pozo de la antena está a cuatro metros de mi medianera!", detalló María Eugenia en charla con El Diario Sur.
"Al principio le pregunté qué estaba haciendo en mi medianera y me dijo 'te la estoy revocando', pero después vi la excavadora y por cómo me hablaba parecía que me estaba ocultando algo", completó la vecina denunciante, y contó de qué manera la perjudica esta antena en lo personal: "Mi sobrino vive al lado y tiene una cardiopatía congénita, si algún día llega a necesitar algún aparato, con una antena de esa magnitud ya le dijeron a mi hermana que se tiene que mudar. También está la depreciación del terreno y de las viviendas. Si esa antena se cae, para donde se caiga destruye propiedades".
Ante esta situación, María Eugenia hizo el reclamo con las autoridades correspondientes, pero no quedó conforme con la explicación que le dieron: "Hablé con el delegado de la municipalidad y me comunicaron con gente Infraestructura. Me mandaron el permiso de Enacom para hacer la antena y la ordenanza que tiene el Municipio para la construcción de estas torres. Supuestamente, no puede estar a 100 metros de un colegio o de lugares públicos, pero no dice nada de una zona urbana. La normativa no es específica".
Cabe recordar que vecinos de otras localidades ya han logrado frenar la instalación de otras antenas similares. La señora de Temperley se alarmó al escuchar qué les dijeron esas personas que ya conocen este tipo de dispositivos: "Tengo una foto que muestra cómo va a ser la antena. Cuando doy con un grupo de vecinos que ya sacaron otras antenas de otros lugares, me dicen que eso es una antena madre por la magnitud del pozo. Encima las que sacaron ellos eran de menor magnitud que esta".
Lo más preocupante para María Eugenia fue enterarse que no se comprobó el peligro real que puede representar la instalación de este tipo de antenas: "Varios ingenieros me dijeron que al día de hoy no está probado si ese tipo de antena es cancerígena o no, porque tienen que pasar más años para demostrarlo y prever cuál puede ser el daño. El tema es que mientras tanto, la gente del barrio va a estar constantemente bajo la onda de una antena. No sabemos qué van a poner y no podemos esperar".



