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"A mis 18 años yo tenía que disfrazarme de nene para poder trabajar"

Agustina Grimaldi es una reconocida activista de Monte Grande que se enfoca en trabajar por los derechos de las personas trans. Habla sobre la ley del cupo.

Agustina Grimaldi es un activista por los derechos travestis y trans de Monte Grande. Gracias a la ley del cupo del 1% para personas travestis y trans, comenzó a trabajar como administrativa en el plan Vacunate PBA y actualmente se desempeña como agente sanitario en IOMA. Además pertenece al Frente de Mujeres de Género y Diversidad, donde milita por sus derechos. En diálogo con El Diario Sur, cuenta las dificultades que las personas travestis y trans tienen a la hora de conseguir un empleo, su lucha por la ley del cupo laboral y su optimismo con el futuro.

¿Cómo empezaste a trabajar en el activismo de las personas travestis y trans?

Mi propia política la empecé a hacer sola. Empecé implementando ayudas a chicas de Ruta 4. Salía sola a buscar bolsones de mercadería y se los repartía en plena pandemia. Hasta que llegué a Pablo Insaurralde, que es coordinador de La Cámpora y me ayudó mucho en la entrega de bolsones. A las chicas les llevaba café para sobrellevar los días de frío y pandemia. Con el tiempo me planteé por qué no yo, teniendo las conexiones que tengo, no hacer algo con lo que yo pasé: sé lo que es el frío, el hambre y el trabajo. Antes también ayudaba a chicas en capital, que estaban en situación de calle o sufrían acoso.

¿La pandemia te interpeló para ayudar a las chicas de Ruta 4?

En 2018 me casé y me vine a vivir a Monte Grande. Una vez acá, empecé a ver cómo podía ayudar. Me di cuenta de que era muy cerrado el circuito por mi condición. Tanto golpear puertas llegué a La Cámpora, que ya venían luchando por la ley y la equidad de género. Tuve una reunión con Pablo Insaurralde y me felicitó por mi lucha individual. “Está muy bueno que una chica como vos ya no quiera ser escuchada en tercera persona, sino que en primera”, me dijo. Me sentí agasajada y me apoyé en la organización, aunque yo pertenezco al Frente de Mujeres. Soy una mujer más ahí adentro. Me siento abrazada, mimada y querida.

¿Cómo llegaste a trabajar en Vacunate PBA?

Afortunadamente mi familia siempre me apoyó en lo que es la educación. Yo tenía estudios y por eso me pudieron ubicar en un centro vacunatorio. Tengo en realidad dos materias adeudadas, aunque cuando me anoté a la carrera de Sociología, a mis 40 años me dijeron que la ley me amparaba para no dar equivalencias. Como tenía manejo de computación y la tarea era sencilla, me contrataron. Empecé a trabajar en la parte administrativa: daba de alta o baja a todas las personas que se vacunaban y les firmaban el carnet. Me querían contratar también para demostrar que yo podía.

¿Y tu salto a IOMA?

Cuando me estaban por trasladar, Pablo Insaurralde aclara que yo estoy cursando una carrera y también incluyó a dos personas más. Los tres para el mismo puesto para trabajar. IOMA empieza a hacerme un seguimiento a través de inspectores y vieron mi conducta, forma de vestir y de tratar a la gente. IOMA a mí me llamó por el tema de la ley del cupo laboral trans, eso pesó bastante, e ingresé en la parte de afiliaciones. Yo soy activista y les sirve que yo esté involucrada socialmente. Mi nombre es muy escuchado en la región. De hecho, el 24 de noviembre voy a dar una charla por el Día del Orgullo en Monte Grande.

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Agustina Grimaldi comenzó a trabajar en IOMA gracias a la ley del cupo laboral trans.

Agustina Grimaldi comenzó a trabajar en IOMA gracias a la ley del cupo laboral trans.

¿Llevas adelante otras acciones en el municipio?

Lo que estamos intentando hacer es trabajar para que haya un sector o área de diversidad. No hacen mucho hincapié en nuestra problemática: no hay educación, salud, acceso a la justicia. Desde la gestión actual no hay una mirada de la perspectiva de género y eso hace que se compliquen nuestros derechos.

Antes de que se instaurara el cupo laboral trans, ¿te costaba trabajar?

A mis 18 años yo tenía que disfrazarme de nene para poder trabajar, más que nada en lugares como Supermercados Día%. Fue muy difícil encontrar lugar por mi condición sexual. Por más que tengas una conducta, siempre hay algo prejuiciado. Me costó muchísimo. Las mariquitas siempre terminamos trabajando de prostitutas o peluqueras. Me tuve que meter en el mundo artístico, en la parte de espectáculo, teatro, cine argentino y videoclips de música. La parte artística me ayudó a plantarme y tener el nombre que tengo hoy. Es un caso no común. Asimismo, seguí estudiando y formando: soy peluquera y tengo un local pequeño. Aunque no es lo mismo trabajar como hoy trabajo, que estoy en blanco. Yo antes me presentaba en los trabajos, dejaba el currículum y siempre era “Después te llamo”, pero nunca te llamaban.

La ley del cupo laboral trans contempla un 1%, ¿te parece bien esa cifra?

Yo diría que la ley se tendría que extender. No te digo un 100%, pero al menos un 40%. No somos dos chicas, somos un millón las que estamos en esta condición. Y hay muchas que necesitan tener acceso al trabajo, la educación y salud. Tiene que haber escuelas para personas trans. En los colegios heterosexuales, las chicas somos muy marginadas. Por ahí, desde afuera se ve que está todo normalizado, pero seguimos siendo cagadas a palos como antes.

¿Creés que la sociedad está cambiando o que solo es una percepción del de afuera?

No cambió todavía. Yo asisto a las compañeras y siguen siendo agredidas y maltratadas psicológica y físicamente. Muchas veces las chicas nos acercamos a alguien que por ahí no nos merece.

¿Qué importante sería que exista una ley que establezca un cupo para el sector privado?

Sería muy bueno. Y además puede llegar a ser posible. Venimos obteniendo un montón de cosas. De no tener nada, hoy tenemos un documento de identidad, el cupo laboral trans y muchas leyes que nos están amparando. Pero falta muchísimo. Este es el principio, no el final.

Hace poco se presentó el documento no-binario. ¿Qué opinión tenés?

Como persona trans no puedo decir algo negativo. Si te querés sentir un perro, sos un perro; si te querés sentir un gato, sos un gato. Las personas no pasamos por una condición sexual, pasa por la esencia. No podés obligar a una persona a que se sienta hombre o mujer. Es mejor poner una X. La problemática existe y por eso salió la ley.

¿Creés que hubo un avance en cuanto a los derechos para las personas trans?

Muchísimos, pero falta. Yo creo que con más lucha y constancia, vamos a lograr todo lo que nos estamos proponiendo. Queremos ser una persona más dentro de la sociedad sin ser marginada, teniendo derechos en todo ámbito. Nada es imposible. Todo es posible menos detener la muerte. La visibilización es muy importante. Yo quiero que todas las chicas piensen que si Agustina Grimaldi puede, ellas pueden. Esto es como un cuentito: cuando los elefantes son niños, los engañan porque no pueden salir de una cajita de madera; después crecen, se hacen fuertes y siguen convencidos de que no pueden salir de la cajita de madera porque les hicieron creer que no podían. Eso pasa con las chicas trans: les hicieron creer que no pueden.

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