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Historias de padres e hijos que crecieron de la mano de una misma pasión

En la región, padres e hijos comparten mucho más que un apellido: una pasión, un oficio o una experiencia de vida que fortaleció su vínculo.

El Día del Padre es una oportunidad para celebrar esos lazos que se construyen con el paso de los años, a través del tiempo compartido, las enseñanzas y las experiencias vividas en familia. En la región, existen historias que reflejan de manera especial esa conexión entre generaciones.

Algunas nacieron alrededor de una vocación de servicio. Otras crecieron detrás de una pelota o siguiendo los pasos de los padres en sus trabajos. Todas tienen algo en común: muestran cómo los padres dejan huellas que muchas veces terminan siendo el camino elegido por sus hijos.

En esta edición especial, El Diario Sur reúne tres historias de vecinos de la región que comparten mucho más que un vínculo familiar. Un padre y un hijo que forman parte del cuerpo de Bomberos Voluntarios de San Vicente; una familia de futbolistas de Canning que encontró en el deporte un lenguaje común; y los hijos de un vecino de Esteban Echeverría que trabajan junto a él en una panadería histórica. Historias de servicio, pasión y compañerismo que demuestran que los mejores recuerdos suelen construirse juntos.

Ramón y Facundo Almonacid, Bomberos Voluntarios de San Vicente

En el marco del Día del Padre, El Diario Sur conversó con Ramón y Facundo Almonacid, padre e hijo que comparten la vocación de ser bomberos voluntarios en San Vicente. Con 42 años de trayectoria dentro de la institución en el caso de Ramón y un recorrido que comenzó a los 8 años para Facundo, ambos construyeron un vínculo atravesado por el compromiso y el servicio a la comunidad.

Ramón Eduardo Almonacid es comandante mayor y ex jefe de cuerpo de Bomberos Voluntarios de San Vicente, y aseguró que formar parte del cuartel es una pieza fundamental de su vida: "Es muy lindo, muy sacrificado, pero es una gran emoción y una linda experiencia de vida, sabiendo y ayudando a los demás sin pedir nada a cambio. Eso es lo importante de la institución", expresó.

Por su parte, Facundo Almonacid, de 26 años, recordó que su historia comenzó cuando era un niño y observaba la dedicación de su padre hacia el cuartel: "De los 8 años estoy en la escuela de cadetes y lo mío empezó como una vocación por amor a lo que hacía mi papá. Desde los primeros años de vida yo veía cómo él se iba al cuartel rápido, lo tanto que lo amaba y el tiempo que le dedicaba a la institución, y eso me llamó la atención día a día. Entonces, en un momento decidí ingresar a la escuela de cadetes y ahí empezó mi camino dentro de lo que es bomberos", contó.

Actualmente, Facundo integra el Departamento de Capacitación, un espacio en el que se dedica a formar a los nuevos integrantes del cuerpo activo y a los cadetes que comienzan su recorrido. "Es un lugar donde me encanta estar para formar a los bomberos y a los futuros bomberos, que son también los cadetes que vienen desde abajo, como yo empecé, y que van a tener un gran camino", señaló.

Para Ramón, compartir la vocación con su hijo tiene un significado especial. Además, reveló un dato que lo llena de orgullo: fue el creador de la Escuela de Cadetes de Bomberos Voluntarios de San Vicente. "Es un gran honor que él haya pasado por esas filas y que hoy sea un suboficial de la institución. Es doble el orgullo que el apellido siga dentro de la institución y lleno de pasión, como la lleva él también", concluyó.

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Una pasión que se transmite de generación en generación en Canning

En Canning, el fútbol es mucho más que un deporte para la familia Vicario. Hernán, de La Martona, continúa jugando en las categorías Senior y Máster, mientras que su hija Kiara está en la categoría Sub 13 del fútbol femenino. Entre ambos comparten una misma pasión que nació hace años y que hoy los encuentra disfrutando del deporte desde distintos lugares, pero con el mismo entusiasmo.

Para Hernán, ver a su hija dentro de una cancha es motivo de orgullo. "Me encanta que siga el legado del fútbol", aseguró al recordar cómo comenzó el vínculo de Kiara con la pelota. Según contó, la afición surgió de manera espontánea en los encuentros familiares, donde los chicos pasaban horas jugando juntos.

"Tiene primos de su misma edad y una hermana dos años más grande. Los primos también tienen edades parecidas a las de ellas, así que cuando nos juntábamos los fines de semana siempre estaban jugando, pateando la pelota entre todos", relató.

Con el paso del tiempo, ese juego compartido fue transformándose en algo más serio. La oportunidad llegó cuando La Martona impulsó el desarrollo del fútbol femenino para las categorías infantiles. "Cuando se dio la posibilidad de armar el fútbol femenino acá, en la Sub 12, se metió de una", recordó Hernán.

La experiencia superó rápidamente cualquier expectativa. "Le encantó", resumió el jugador, que desde entonces acompaña de cerca el crecimiento deportivo de su hija dentro del club.

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Monte Grande: el legado de una familia panadera

Para esta familia de Monte Grande, la panadería "La Princesa" es mucho más que un trabajo: es una tradición que atraviesa generaciones. La historia comenzó décadas atrás, cuando Franco Pace, padre de cuatro hermanos decidió viajar a Estados Unidos para aprender el oficio. Allí trabajó en distintas panaderías, adquirió experiencia y descubrió la profesión que marcaría el rumbo de sus cuatro hijos: Clara, Leandro, Vincent y Mariano.

"Desde mi hermano mayor hasta yo, que soy la más chica, todos crecimos viendo a mi papá en este rubro", contó Clara. De hecho, el mayor de los hermanos nació en Estados Unidos, mientras sus padres trabajaban en ese país. Tiempo después regresaron a la Argentina y fue entonces cuando el padre abrió su primer negocio en la zona sur. A partir de ese momento, la panadería se convirtió en el escenario de buena parte de la infancia de los cuatro hermanos. Mientras sus padres trabajaban, ellos pasaban horas en el local, jugando entre las bolsas de harina y aprendiendo de a poco los secretos del oficio. "Nos quedábamos ahí, jugando, aprendiendo a hacer una masa, un pan y esas cosas", recordó.

Aunque todos tuvieron la posibilidad de estudiar otras carreras, el destino terminó llevándolos nuevamente hacia el mismo camino. Los hermanos mayores abrieron más tarde su propia panadería en la Ciudad de Buenos Aires, siempre con el acompañamiento de su padre. Los dos menores también siguieron sus pasos y hace cinco años inauguraron su primer local en el centro de Monte Grande. En 2025 sumaron una segunda sucursal.

"Todo lo que sabemos lo aprendimos gracias a él", aseguró. Y destacó que, aun hoy, su padre continúa acompañándolos en el día a día. "Siempre está ahí a la par nuestra, dándonos consejos, enseñándonos y también marcándonos críticas constructivas. Nos sigue apoyando, y eso es lo más importante".

En este Día del Padre, la historia refleja cómo una pasión puede convertirse en un legado familiar capaz de trascender generaciones, unir proyectos y construir un futuro compartido.

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