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Volvieron los casamientos por Iglesia a San Vicente y el primero fue gauchesco y a caballo

Fue una ceremonia emotiva con dos vecinos de la zona rural que llegaron y se fueron a caballo. En la Parroquia de San Vicente hay capacidad para 60 personas.

Los casamientos por Iglesia volvieron a celebrarse en San Vicente luego de un año en el que estuvieron suspendidos por la pandemia. Ahora las ceremonias se llevan adelante en el templo parroquial, con capacidad limitada y diferentes protocolos para evitar contagios de coronavirus. La primera boda tuvo como protagonistas a dos vecinos de la zona rural, que eligieron la temática guachesca y llegaron y se fueron a caballo (ver recuadro).

“Ya tuvimos dos casamientos desde la habilitación, que es para todas las iglesias del Obispado de Lomas de Zamora y con capacidad limitada de acuerdo al tamaño de cada templo”, explicó ante El Diario Sur el cura Federico Piserchia. “En marzo del año pasado tuvimos que suspender toda la agenda de bodas. Muchas de esas parejas están solicitando turnos de aquí a fin de año y también se sumaron otras”, agregó.

En 2020 solo hubo seis casamientos por Iglesia en San Vicente. Una cifra muy por debajo de los 60 de 2019 y los 40 de 2018. Fueron alrededor de 30 los que quedaron para reprogramar. En algunos casos hubo separaciones y hasta un fallecimiento de uno de los novios que obligaron a la cancelación definitiva.

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Los casamientos por Iglesia en San Vicente pueden tener hasta 60 invitados en el templo.

Los casamientos por Iglesia en San Vicente pueden tener hasta 60 invitados en el templo.

“Es una alegría muy grande volver a tener casamientos. Eran cuestiones que quedaban pendientes de estar acompañando a la gente. Nuevamente la Parroquia tiene esa vitalidad”, señaló Piserchia.

Y agregó: “En la tarea pastoral es un momento muy lindo. No solo por la boda en sí sino por todo el acompañamiento que se hace de los novios desde cuatro meses antes. Se ayuda a organizar la celebración y se genera un buen vínculo. Y si se genera un problema, saben que cuentan con el cura para charlar. No es solo desde lo religioso sino acompañar a la nueva familia en lo que necesite. Es lindo cuando pasa un tiempo y vuelven por un Bautismo”.

Entre las condiciones para llevar adelante casamientos, en la Iglesia de San Vicente hay una capacidad para alrededor de 60 personas que deben permanecer con distancia. Todos los asistentes deben permanecer con barbijo durante toda la ceremonia y llevar su propio sanitizante. A la entrada, les toman la temperatura. Los únicos sin tabocas son los novios y los padrinos, y también el sacerdote, que se mantiene a distancia.

El casamiento gaucho que conmovió a los vecinos

No llegaron en un carruaje, como en los cuentos de hadas. Llegaron a caballo, cada uno montando el propio, y de alpargatas. Y de esa manera se fueron, ya cada uno con su anillo colocado. Así decidieron hacer su casamiento por Iglesia los vecinos de San Vicente Rubén Moreno, de 43 años, y Érica Solís, de 31. La postal causó sensación entre la gente que la presenció frente a la Parroquia y los que lo vieron por redes sociales. Una boda criolla con todas las letras.

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De alpargatas, Érica y Rubén en su casamiento.

De alpargatas, Érica y Rubén en su casamiento.

Rubén y Érica están “juntados” desde hace 12 años. Viven con sus dos hijos y alquilan un campo en el que tienen su propio tambo en la zona de Once Bocas. Hace un tiempo que tenían el sueño de casarse, con una celebración según su modo de vida “sencillo y de alpargatas”, pero primero tuvieron que suspenderlo por el fallecimiento del padre de ella y luego por la pandemia.

“Vimos que era el momento antes que empezaran las clases y fuimos a averiguar a la Iglesia. De casualidad fuimos los primeros”, contó Érica a El Diario Sur. Y agregó: “Nuestra idea siempre había sido ir y volver a caballo, porque así andamos siempre y porque nos encanta desfilar. Por la pandemia no pudimos hacer algo tan grande, pero nos pudo acompañar la gente que siempre está con nosotros”.

“La ceremonia fue hermosa. Nos sentimos muy cómodos con el padre Federico que también le gustan los animales. Económicamente no nos daba para hacer algo a todo trapo porque vivimos del campo y la situación está complicada, pero nos ayudó la familia y entre todos la pasamos muy bien”, relató. La fiesta para los íntimos fue en el campo de Once Bocas, al aire libre. El menú, el que todos esperaban: un asado inolvidable.

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