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San Vicente: la moda de los "huevos de gallinas felices" beneficia a los productores

El consumo de huevos viene creciendo de forma sostenida y mucha gente busca que sean de campo, con gallinas criadas en libertad.

El consumo de huevos viene aumentando de forma sostenida en la Argentina y, a la par, mucha gente busca que estos productos sean agroecológicos o, dicho de otra manera, que provengan de “gallinas felices”. En San Vicente, productores que tienen sus aves “libres” confirman que cada vez reciben más demanda y que por momentos no dan abasto.

Embed - San vicente: aumenta el consumo de huevos de campo

“Viene mucha gente de countries, gente que hace dieta, que hace gimnasia. La verdad no sé por qué consumen tanto huevo, pero dicen que es la proteína que más buscan”, comenta ante El Diario Sur María Dolores García, que tiene su campo entre las Rutas 16 y 52 en San Vicente y lo trabajan junto a su esposo y su hija.

En el campo de María, las gallinas apenas están limitadas por una red. “Andan sueltas todo el día y comen semillitas, pasto, maíz. Picotean lo que ellas quieren. Y eso les da la energía para producir el huevo”, sostiene. El maple lo vende a $6.000, apenas por encima de lo que cuestan los huevos de origen agroindustrial en una verdulería. “Por ahora a ese precio, pero cuando me haga famosa lo voy a subir. Hay cooperativas que los entregan en Capital a $12.000 el maple”, asegura.

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Las gallinas que no están encerradas y se mueven con libertad son consideradas “felices”.

Las gallinas que no están encerradas y se mueven con libertad son consideradas “felices”.

La hectárea de campo de Analía Moroldo, de 52 años, quedó encerrada por las casaquintas que se construyeron en los últimos años en el barrio La Merced de San Vicente. Allí las gallinas se mueven con libertad entre patos, conejos, corrales con cerdos y corderos y hasta un burro enano que se llama “Pelusa”. Como les pasa con la mayoría de estos productores pequeños, los huevos no son la principal fuente de ingresos, sino apenas una “changa” extra.

“Yo vendo huevos hace 20 años, siempre con mi clientela personal que ya sabe como tengo a las gallinas. Tengo 80 en producción”, cuenta Analía, que dos veces al día sale de ronda por su campo a buscar los huevos que las gallinas ponen en sus lugares favoritos. “Le vendo a mucha gente que se cuida a nivel deportivo y también que tienen enfermedades como cáncer y necesitan consumir alimentos agroecológicos”, agrega. Los colores de las cáscaras son tan variados como los de sus gallinas: van de tonos verdes a otros más rojizos ¿El precio del maple? A $7.000.

“En Capital se le da más valor a este tipo de productos”

Gastón Lestrade está al frente de la granja “El Vikingo” en Domselaar. “Nosotros hacemos la crianza a piso, las gallinas andan dando vueltas por donde quieren y a la noche se guardan en el galpón”, relata el vecino, que es profesora en la Escuela Agraria de San Vicente. Estas condiciones que hacen al “bienestar animal” son las que se encuadran con el slogan de los “huevos de gallinas felices”.

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Gastón Lestrade (de boina) tiene la granja “El vikingo” y vende la mayor parte de su producción en Capital Federal.

Gastón Lestrade (de boina) tiene la granja “El vikingo” y vende la mayor parte de su producción en Capital Federal.

Lestrade tiene el precio de venta en $7.500 y cuenta que su principal mercado está en ferias en Capital Federal, donde asegura que “se le da más valor” a este tipo de productos. En cuanto al perfil de los clientes, sostiene que la mayor parte son jóvenes de entre 20 y 40 años. “Los chicos buscan esto porque tienen un fuerte arraigo con la comida sana. Y también hay gente grande que es nostálgica de comidas de su infancia”, apunta el productor, que cuenta con 600 gallinas ponedoras de huevos y tiene como actividad principal la venta de pollos para consumo.

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