La llegada del papa León XIV a la Argentina, que comienza este domingo 8 de noviembre, me parece una buena oportunidad para detenernos a reflexionar sobre quién es el Papa para la Iglesia católica y por qué tantos hombres que ocuparon ese lugar a lo largo de la historia fueron reconocidos como santos.
«El Papa, desde san Pedro hasta mí, su indigno sucesor, es un humilde siervo de Dios y de los hermanos, y nada más que esto». Con estas palabras, León XIV definió su misión pocos días después de ser elegido sucesor de Pedro. Para la Iglesia católica, el Papa es quien continúa la misión que Jesús confió a San Pedro: guiar a su Iglesia, cuidar la fe y trabajar por la unidad de los cristianos. Sin embargo, ocupar ese lugar no significa ser perfecto. Se trata, ante todo, de una misión de servicio.
A lo largo de la historia, muchos Papas fueron reconocidos como santos. Durante los primeros siglos del cristianismo, varios sufrieron persecuciones y entregaron su vida por defender su fe. Otros se destacaron por sus virtudes, su compromiso con el Evangelio y su entrega a los más necesitados. No fueron declarados santos por haber sido Papas, sino por el testimonio de sus vidas.
Y hay algo curioso: el primer Papa, San Pedro, tampoco fue un hombre perfecto. Tuvo miedo, dudó y hasta negó a Jesús tres veces. Sin embargo, supo arrepentirse, volver a levantarse y entregar su vida por Cristo. Su historia nos recuerda que la santidad no consiste en no equivocarse nunca, sino en buscar a Dios incluso después de nuestras caídas.
Es importante saber que no hace falta ocupar un lugar extraordinario dentro de la Iglesia para alcanzar la santidad. Como nos recuerda León XIV, todos estamos llamados a ser servidores de Dios y de nuestros hermanos. Sin embargo, para la Iglesia es una enorme alegría la llegada del Papa a nuestra diócesis y a nuestro país, ya que su sola presencia genera unidad y sus palabras pueden animarnos a seguir buscando a Jesús.
¡Bienvenido a la Argentina y a nuestro querido Conurbano, León XIV!






