Hoy es domingo de Pascua, por lo cual pensé que esta columna tendría que tener a algún santo profundamente vinculado con este misterio. No se me ocurrió mejor opción que la mismísima Virgen María, quien logra ablandar hasta los corazones más duros y heridos, incluso aquellos que niegan la existencia de Dios.
Historias de Santos: cuidar la esperanza
Reflexiones sobre la vida de la Virgen María. Por Clara Milano.
Creo que es un buen día para mirarla y aprender de su firmeza aún en medio de la incertidumbre y la pérdida. Hay momentos de la vida en los que no alcanzan las palabras y lo único que podemos hacer es estar cerca, callados pero presentes, como ella acompañó el dolor de su hijo Jesús.
En medio de lo que no se entiende, ella dice sí. Es un gesto de confianza en su (y nuestro) buen Dios, porque dice sí a lo que se despliega más allá de su control. A veces, simplemente acompañar con silencio y afecto tiene más fuerza que cualquier explicación.
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La Pascua, con su promesa de renovación y esperanza, nos recuerda que incluso en las horas más oscuras hay lugar para la esperanza. Y si miramos a María, también podemos descubrir que en medio de tiempos donde nada parece tener sentido, hay lugar para la confianza.
Quienes creemos sabemos muy bien que no hay fórmulas mágicas para este día: no significa que desde hoy vamos a vivir como resucitados, a dejar lo viejo atrás y a ser de repente las mejores personas del mundo. Hay situaciones muy duras y la vida es un proceso. Pero qué bueno y qué necesario en estos días es recordar que siempre hay vida, y aprender del sí y de la confianza de aquella a la que muchos de nosotros llamamos Madre.
Pascua significa paso: de la muerte a la vida. Muchas veces es doloroso, pero María, guardiana de nuestros corazones, siempre vela para que en ellos no se apague la esperanza.
¡Feliz Pascua de Resurrección!


