Cada madrugada, cuando todavía es de noche, empleadas domésticas, personal de mantenimiento, jardineros y obreros de la construcción esperan el único transporte público que los conecta con los barrios privados donde trabajan. Muchas veces, la espera supera la hora y media, según los testimonios que pudo recabar El Diario Sur.
Según relatan los usuarios, el problema se agrava en verano, cuando la empresa reduce unidades bajo el supuesto de una menor demanda. “Cambian los horarios y el colectivo entra cuando quiere”, resume Isabel, empleada doméstica del country La Providencia.
Isabel contó a este medio que, tras una mejora momentánea luego de reclamos anteriores, el servicio volvió a deteriorarse. “Uno puede estar esperando una hora, una hora y media o hasta tres horas”, explicó. Las consecuencias son llegar tarde o directamente no llegar al trabajo.
Cuando el colectivo no aparece, las alternativas son escasas y costosas. Un viaje en Uber hasta Saint Thomas, donde pasan otras líneas, ronda los 9.000 pesos, un monto imposible de sostener a diario para quienes dependen del transporte público.
La situación se vuelve aún más crítica en jornadas de altas temperaturas. “Hay gente que se va caminando por la ruta con este calor”, relató Isabel. En algunos casos, los trabajadores deben recorrer hasta seis kilómetros por la Ruta 52 para llegar a destino.
Este miércoles, una unidad se rompió a la altura de Paseo Guadalupe y no pudo continuar. “Ya no podía seguir esperando”, contó Isabel, que terminó recurriendo a una aplicación de viajes para no perder el día de trabajo.
Natalia, ex empleada doméstica de un barrio cerrado de la zona, decidió dejar su trabajo en julio del año pasado por la falta de transporte. “Salía de mi casa a las cuatro de la mañana y aun así no sabía si iba a llegar”, recordó.
Según explicó, los colectivos se retiraban en horarios pico y las unidades se rompían con frecuencia. Las demoras implicaban descuentos salariales y largas horas fuera de su casa. “No podía volver a cualquier hora con una nena chica”, señaló. Además, denunció la falta de información: “Esperábamos a la intemperie sin saber cuándo iba a pasar el próximo colectivo”.
La respuesta de la empresa que maneja la línea 518
Desde la empresa José María Ezeiza, prestataria del servicio de la línea 518, aseguraron a El Diario Sur que el cronograma habitual se mantiene sin modificaciones. Según indicaron, circulan nueve unidades diarias entre las 6 y las 17 horas.
Un responsable de la firma explicó que, ante desperfectos técnicos, se envían coches de reemplazo. “Hoy un colectivo levantó temperatura, pero enseguida mandaron otro y levantó a los pasajeros”, afirmó. También negó que haya usuarios obligados a caminar largos tramos por la ruta.
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