Columnista |

1-O, Uno O ó simplemente: 1ero. de OCTUBRE

Este fin de semana se discute si se vota o no, porque la mayoría a la que le hace ruido separarse de España hace silencio.

Este fin de semana las miradas de la política internacional están puestas en Barcelona. 
Al cierre de la edición se definía si habría efectivamente referéndum o no.
Mientras los movimientos independentistas catalanes impulsaron el 1-O, desde el gobierno central de Madrid eligieron “ningunearlos” y mandar miles de guardia civiles (policía federal española) a incautar la mayor cantidad de urnas y “papeletas” (boletas electorales) posibles. 

Algunos pueden pensar que se trata de una realidad muy lejana a la nuestra. Creo que no.
Analicemos.

Desde hace algunos años las distintas voces del independentismo catalán se sustentan en afirmaciones rotundas y repetidas. Van desde creencias históricas (que en 1714 hubo una guerra de secesión que acabó con Cataluña sojuzgada), hasta económicas (“España nos roba, fuera de España seríamos más ricos”). Esas voces también afirman que una Cataluña independiente ingresaría automáticamente en la Unión Europea, algo poco probable en el corto y mediano plazo.
En resumen, hay un importante número de catalanes que quieren vivir fuera de las leyes españolas y crear un nuevo estado independiente. Estado que fue justamente reconocido y delimitado en su Constitución de 1978, mediante el anexo: Estado de las Autonomías. La norma, que los catalanes consideran hoy “hostil para Barcelona”, creó los gobiernos autonómicos de: la Junta de Galicia, la Generalidad de Valencia o los Gobiernos de Navarra y del País Vasco, entre otros. También La “Generalitat de Catalunya” (catalán) o Generalidad de Cataluña (como efectivamente dice la ley). A partir de esa “autonomía” cada región fue reafirmando sus raíces y tradiciones, convirtiendo sus dialectos en idiomas y oficializando su enseñanza en los sistemas educativos. 

Reconocerse diferentes no era, en aquel entonces, un síntoma de riesgo. Nadie supuso hace 40 años que se estaría gestando un germen independentista. Ese germen que encuentra sus mayores defensores actuales en la realidad económica de la última década. Barcelona se siente hoy poderosa y pujante, productiva, multicultural y cosmopolita. “¿Por qué no ser una nueva Andorra? Si tenemos himno y bandera, idioma y gobierno propio”, se preguntan. 

Este fin de semana se discute si se vota o no, porque la mayoría a la que le hace ruido separarse de España hace silencio… (sugiero humildemente releer esta última frase)

El gobierno central también hace silencio desde Madrid. La Corte de Justicia de la República ya falló y declaró inconstitucional cualquier referéndum independentista: no es cierto que Cataluña pueda separarse legalmente de España apelando al derecho de autodeterminación, ya que ese derecho se reserva solamente a “pueblos sometidos a dominación colonial”. Obviamente se trata de una cuestión semántica. Se supone que los independentistas parten de desconocer las leyes de quien se quieren independizar…

Desde este lado del Atlántico también se oyen algunas voces “independentistas”. Algunas bien actuales como las de los pueblos originarios y otras históricas como las pro “República de Corrientes” o “República de la Boca”.  

Pienso si dentro de 100 años el glorioso Barcelona de Messi o el Boca de Bianchi serán sólo parte de la historia como los locales Alumni o Belgrano Athletic, y no puedo dejar de sonreír.

Buena semana.
 

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