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LOS DUEÑOS

La obra pública “se sufre” un tiempo para disfrutarla luego, sólo se disfrutará si está bien planificada.

La construcción de la estación de trenes de Retiro comenzó en 1909. Su diseño y construcción estuvieron a cargo de tres arquitectos y un ingeniero. Todos ingleses. La obra tuvo su inauguración informal durante 1914 y oficial al año siguiente. En aquel entonces Retiro era una de las 5 estaciones ferroviarias más grandes del mundo, y mezclaba toda la estética y materiales europeos con la idea del progreso que había impulsado la generación del 80. Recientemente “re reciclada”, la estación luce espléndida y es uno de los monumentos históricos de la arquitectura nacional que merecen ser visitados. 
    
Independientemente de los recursos arquitectónicos, donde abunda una clara impronta francesa, quiero detenerme en dos “pequeños detalles”: a) aquella vieja estación sigue sosteniendo el mismo “servicio ferroviario” después de 100 años…; b) sus 20.000 metros cuadrados de espacio de circulación en la nave central.  

La “vigencia” de una estructura pensada hace más de 100 años, para poco más de 4 millones de habitantes, se explica en la involución del sistema ferroviario argentino. Los discursos de la aquella generación en torno al progreso se dieron de bruces con el recordado: "Ramal que para, ramal que cierra", del presidente Carlos Menem en noviembre de 1989. Y así fue. Un solo ejemplo: en el Ferrocarril Belgrano se quedaron sin recibir el tren aguatero 43 estaciones. La consecuencia fue: pueblo sin tren, y sin agua, pueblo que se murió lentamente. 

Los 20.000 metros cuadrados también tienen un contraejemplo  menemista. Al entonces titular de la ONABE (Organización Nacional de Administración de Bienes del Estado) se le ocurrió una brillante idea: “lotear” y concesionar a pequeños comercios esos 20.000 metros cuadrados que recibían casi 40.000 personas por día (hoy son más de 60.000). Su lectura era economicista: ¿por qué no aprovechar ese espacio “ocioso” y engrosar las arcas del Estado nacional con nuevos cánones que pagarían emprendedores privados? Así surgieron kioscos, bares y boutiques en un espacio “pensado” para el tránsito ascendente y/o descendente de pasajeros a los trenes. La mecánica de estos espacios en las estaciones (en todos los países del mundo) es bastante simple: durante muchos minutos de la hora pueden parecer “vacíos” y de repente (cuando llega un tren) se llenan de gente. Aquella gran idea había generado nuevos pequeños negocios para algunos y enormes demoras en la circulación de los miles de pasajeros. 

Ambos ejemplos y sus respectivos “contraejemplos” tienen un por qué. 

Los recupero a la hora de “pensar” las obras públicas, reivindicando la planificación y el crédito que necesariamente debieran tener, siempre, aquellos que saben más que otros. No se trata sólo del diseño, ni sólo de los materiales, ni sólo de la estética, o el impacto ambiental, o los involucrados, o los factores de ocupación, o el tránsito, la seguridad o los traslados. Se trata de TODO eso. De contemplar todos esos “detalles” que hacen a la calidad, a la perdurabilidad y permanencia de las obras públicas. También a su correcto uso y a las penas que debieran aplicársele a quien/quienes no lo cumplan. 

Desde hace más de dos años vivimos día a día la construcción de la ampliación de la ruta 58 en Canning. El gobernador era Scioli, y la obra muy esperada por los vecinos luego del constante crecimiento de emprendimientos inmobiliarios históricos como por la aparición de nuevos desarrollos a lo largo de su traza. La obra, que es bastante menos compleja que la de una estación ferroviaria, tuvo diseños y re diseños, y a pesar de tener una traza despejada, se fue definiendo a medida que avanzaba la obra. Rotondas sí o no, ¿dónde?, ¿por qué? Los plazos son aún hoy indefinidos, y las necesarias obras conexas (calles laterales o cruces) también. Si bien es cierto que la obra pública “se sufre” un tiempo para disfrutarla luego, sólo se disfrutará si está bien planificada, si tiene en cuenta los crecimientos vegetativos de la población actual y las proyecciones de la inversión e instalaciones que vendrán. Si no, será solo un parche. Y como tal, caro. 

Último párrafo para “los dueños” de la obras. Hace un tiempo vi como a los carteles de obra municipal de Esteban Echeverría, les pegaban stickers que adjudicaban los fondos al gobierno provincial. Desde el municipio informaron que esos carteles referían a la colocación de nuevas luminarias de led en Bv. Dupuy (a cargo del presupuesto municipal), mientras la gestión bonaerense sacaba pecho por la inversión que significaba la ampliación de la ruta 58. ¿En algún minuto alguien puede pensar que a los vecinos les importa eso? ¿En quién paga? Los vecinos quieren que las obras se hagan, y que se hagan bien. Y saben bien quién las proyecta, las impulsa, las ejecuta o quien las defiende. 

Los políticos de verdad saben que el día después de cada inauguración, las obras serán siempre de los vecinos.  

Buena semana.
 

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