Columnista |

Progres o Fachos: En el medio, nada

Casi todos coincidimos que para cambiar un país, lo primero es mejorar su educación.

Casi todos coincidimos que una de las principales acciones de gestión pública que pueden cambiar un país es mejorar su educación. De hecho no existen campañas políticas en las que se evite hablar de cuán importante es. Sin embargo, poco se habla, o hace, a la hora de gobernar para cambiar la educación.

Desde el tratamiento mediático, los temas educativos quedan circunscriptos a: a) los paros docentes, b) los aumentos de la canasta escolar o en las cuotas de los colegios privados, c) casos de bullying, d) distintas situaciones de violencia que involucran tanto a alumnos y docentes como a sus propias familias, e) las tomas de las escuelas. De nuevos contenidos poco y nada. De cómo hacer para que la tecnología que los chicos usan fuera de la escuela entre a las aulas, poco y nada. De cómo mejorar las condiciones del proceso de enseñanza/aprendizaje, poco y nada.

Antonio Battro es un referente de la introducción de los recursos tecnológicos en la escuela. A él se le adjudica una frase brillante cuando se discutía el uso de las primeras computadoras en clase: “la computadora mejor usada en la escuela es la del administrador”. La Argentina impulsó el reparto masivo de netbooks siguiendo distintas experiencias internacionales denominadas “one laptop per child”.  El objetivo fue poner a disposición computadoras para garantizar el acceso a la información, y ofrecer la posibilidad de construir conocimientos y obtener acceso a la tecnología como una forma moderna de educación. El derrotero de esas computadoras es bien dispar. En algunos casos, muchos, constituyó la primera computadora en llegar un hogar; en otros fue rápidamente reemplazada por las nuevas generaciones de teléfonos celulares a las que acceden los chicos cada vez más jóvenes. De hecho, el concepto “una computadora por chico” nunca fue meta entre las comunidades educativas de los colegios privados (allí donde la distribución estatal no llegó).

El mismo Battro, médico y educador, sostenía hace años que “…la diferencia entre la medicina y la educación es que si revivieran a un médico muerto hace 100 años y lo pusieran a atender una guardia, no estaría en condiciones de hacerlo; mientras que si el renacido fuera un maestro daría clases sin problemas”. El avance tecnológico aplicado a la medicina no tuvo un correlato puertas adentro de las escuelas. ¿Por qué? ¿Por qué nos  encontramos con alumnos que, sobre temas tecnológicos, saben más que sus maestros?

A favor de la escuela y sus actores docentes debemos decir que hace 100 años nadie esperaba que allí se impartiera: educación sexual, medioambiental, idiomas, formación ética y ciudadana o educación física. Mucho menos una catarata de materias o talleres “extra curriculares” como taekwondo, cocina, arte, gimnasia artística, comedia musical o yoga. Aquella escuela de hace 100 años tampoco debía garantizar la ración diaria de alimento de sus alumnos como sucede en muchas escuelas de todo el país. Muchas más de las que nos imaginamos.

Último párrafo para el tema educativo de la semana: la toma de escuelas en la Ciudad de Buenos Aires por parte de sus alumnos. Esta situación no es nueva, se reedita una y otra vez pero con distintos actores. Un 10% de los estudiantes decide tomar la escuela en reclamo o solidaridad por X tema y el 90% silencioso no se opone para no generarse consecuencias posteriores. Lo mismo pasa con los padres. Mientras algunos se indignan porque sus hijos pasan tres semanas sin clases, otros les compran comida y le llevan ropa limpia para que se cambien mientras dura la toma. El discurso de los padres “progres” dice que los chicos están aprendiendo a luchar por lo suyo, que están haciendo un incomparable aprendizaje democrático. El discurso de los otros padres es desacreditado, es tildado de facho o careta, sin más.

En el medio, nada.
Casi como un reflejo del país.
Así nos va.

Buena semana.

Dejá tu comentario