Columnista |

Hay veneno para todos (y todas)

Es difícil hablar sobre Santiago Maldonado, pero también lo es no hacerlo. Se mezclan objetividades y subjetividades tan intensas como inevitables.

Lamentablemente, al cierre de ésta edición, Santiago seguía sin aparecer.

Me propongo hacer un análisis objetivo de la información disponible, aunque resulta imposible abstraerme de los discursos y posiciones que generó su desaparición y búsqueda.

Hace un mes se denunció la desaparición de Santiago Maldonado. Como algunos testigos señalan que la misma se produjo en el marco de un operativo de desalojo de ruta a cargo de la Gendarmería Nacional, el gobierno central decidió que fuera la Policía Federal la encargada de realizar la investigación. Es una decisión formal, que busca evitar sospechas de encubrimiento entre pares.

Hasta hoy ni esa fuerza nacional ni las justicias provincial y federal confirman información concreta sobre: a) el momento en el que se produjo su última aparición pública, b) su paradero.

Mientras la justicia investiga “hechos” y la policía el accionar de los agentes de Gendarmería, la búsqueda de Santiago Maldonado pasó a integrar un capítulo más de la ya triste grieta argentina. Por estos días escuchamos versiones y comentarios inverosímiles. Tan mal intencionados, de un lado y otro, que envenenan.

Aún dentro del secreto de sumario (vigente hasta este domingo 3 de septiembre) el fiscal general de Comodoro Rivadavia afirma que se investiga a partir de una desaparición luego del corte de ruta, aunque no se puede confirmar que Santiago haya participado del mismo. El fiscal también dice que la declaración testimonial de los denunciantes resulta endeble para el expediente judicial, ya que las hicieron (esas declaraciones) “hombres encapuchados que no presentaron documentos que acrediten su identidad”.

Hay quienes sostienen la única responsabilidad del gobierno nacional en cabeza de la ministra  Bullrich, y le piden la renuncia (más como una estocada política que como la búsqueda de la verdad). Hay quienes desacreditan las organizaciones mapuches o indigenistas de formas que dan vergüenza ajena, como las editoriales radiales de Baby Echecopar, que envenenan.  Los sindicatos docentes propusieron distintas actividades por nivel educativo para tratar el tema de la desaparición, y búsqueda, de Santiago Maldonado en torno a una supuesta persecución política que motivó que un masivo hashtag “conmishijosno” fuera trending topic. Más veneno.

No creo en los debates absurdos sobre las más de 8000 personas que fueron denunciadas como desaparecidas desde el retorno democrático de 1983 a hoy. Las vidas de Marita Verón, María Cash y Santiago Maldonado “valen” lo mismo, aún cuando los supuestos contextos en que se dieron no son lo mismo. Sí comparto algunas preguntas. ¿Alguien puede pensar qué hay un plan de gobierno nacional para hacer callar disidentes por medio de su desaparición? ¿Alguien puede pensar que Maldonado está estratégicamente escondido para perjudicar al gobierno de Macri de cara a las elecciones de octubre? Alguno de los que pagaron alguna vez por sexo, ¿se reconoce como posible eslabón necesario de una red de trata de personas?

Todos los hombres y mujeres de bien queremos que Santiago aparezca. Y que aparezca con vida, como cada uno de los otros hombres y mujeres que están actualmente perdidos de sus entornos familiares. Querer emparentar esta desaparición con los momentos más oscuros de la historia de nuestro país es tan canalla como denigrar a una comunidad indígena. Las opciones de ambas corrientes son sólo más veneno. Y veneno nos sobra. Lamentablemente.

Dejemos el veneno para la injusticia, la pobreza, la intolerancia, la corrupción, la envidia, la muerte, la desidia, la mentira, el egoísmo, la soberbia y la maldad en todas sus formas…

Buena semana.

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