Columnista |

Del Rastro a La Salada

La historia cíclica se repite, seguimos alternando inestabilidades políticas con desaciertos económicos.

Cada dos años viene de visita Alberto, un amigo que vive hace más de 25 en España. Para él es una forma de “cargar pilas porteñas” (como dice), aunque en realidad nunca vivió en Capital.

Los argentinos en España somos tan porteños (o sudacas) como gallegos todos los españoles de la Argentina. Nuestras charlas suelen recorrer generalmente los mismos temas: novedades familiares, trabajo y la realidad de cada país. También solemos intercambiar algún libro o recomendarnos discos, series o restaurantes. Claro que nunca falta el fútbol, yo estoy casi tan pendiente de La Liga como él de nuestra flamante Superliga local. 

Cada dos años, desde hace 20, se repiten encuentros que de haberlos registrado en algún formato podrían ser una excelente base para analizar sociopolítica y económicamente dos países y sociedades emparentadas como pocas otras en la historia universal. No sólo desde la primera relación colonial, también desde el aluvión migratorio de finales de siglo XIX y los primeros 55 años del XX y del desembarco masivo de empresas españolas a partir del menemismo privatizador.

En los últimos 20 años España vivió una gran crisis económica producto del coletazo europeo durante la caída de la burbuja financiera de los Estados Unidos. Miles de deudores por créditos de vivienda perdieron sus casas e inversiones a manos de bancos insolventes, que fueron luego rescatados por el gobierno español con ayuda financiera de la comunidad europea. Hace casi 20 años hay en España un segmento laboral que se conoce como “los mileuristas”. Se trata del primer acceso al mundo laboral, de empleos que requieren menos calificación, y son remunerados con 1000 euros/mes. Tras el inicio de la crisis en 2008, se generó una pérdida masiva de puestos de trabajo y el paro afectó fundamentalmente a la población menor a 30 años y mayor a 45 años. Desde entonces el término 'mileurista' perdió el tono despectivo con que se usaba en épocas de bonanza. Ese año de la gran crisis española (en los últimos 25) la inflación fue de 4.09%. Anual. Todo el año 2018 (el peor en un cuarto de siglo): 4.09%...

En los últimos 20 años Argentina vivió como sólo puede vivir Argentina: con recesiones y devaluaciones varias que estuvieron mechadas con el default (porque la Argentina quebró en 2001/2002, dato que algunos olvidaron o eligen olvidar). También hubieron corralitos y corralones, pesificaciones y confiscaciones, estatizaciones y re privatizaciones. Pasamos de echar a los inversores extranjeros al grito de “soberanía, autodeterminación y libertad” a peregrinar por todos los mercados internacionales posibles, garantizando seguridad jurídica en pos de una “lluvia de inversiones” que nunca se desata. Pecamos de ingenuos cuando de un lado y otro de la grieta queremos explicar los porqués de cada posición, defendida con vehemencia política y poca rigurosidad científica. La economía es una ciencia en todos los países del mundo, menos en la Argentina, donde aún los economistas más encumbrados se someten a “las variables imponderables de la Argentina” como si se tratara del Triángulo de la Isla de la Bermudas.

Para los inversores extranjeros nuestro país es un riesgo, el largo plazo es inviable y van a “entrar y salir” del mercado haciendo exclusivamente negocios financieros porque nos desconfían. Este año vamos a terminar con una inflación anual superior al 40% y  una caída del salario real del 13.5%. Todos datos de 2018, uno sólo de los 20 que venimos analizando bianualmente con Alberto.

Él siempre vuelve, aún cuando sus euros compraban la mitad de yerba mate y dulce de leche para reponer el stock madrileño. En 2002 el salario mínimo de los argentinos era de u$s 55, en 2014 de u$s 547 y en 2018 u$s 289. La historia cíclica se repite. Seguimos alternando inestabilidades políticas con desaciertos económicos. Todo, mientras cantamos una canción escrita hace más de 30 años: “¿quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón...”.

Salud Alberto!, nos vemos en 2020.

Feliz día para todas las madres lectoras.

Buena semana.

Dejá tu comentario