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El presupuesto en la Argentina sólo fija prioridades. La economía (micro y macro) se define en otro lado

El año que viene casi el 80% de los alumnos de escuelas públicas dejarán de recibir sus libros de estudio.

Cuando cerrábamos ésta edición el Fondo Monetario Internacional hacía pública su aprobación a los créditos para la Argentina. Era una noticia esperada, de hecho ya nos gastamos 15.800 millones de dólares de esa nueva “plata fresca” apenas llegó.

Antes había sucedido una de las condiciones que el Fondo ponía para oficializar lo oficioso: la media sanción del presupuesto en la Cámara baja.

Sanción que significó un triunfo costoso para el oficialismo. Costoso por los enfrentamientos y desmanes que se vivieron en la Plaza de los Dos Congresos y costoso por los distintos pagarés que el ministro Frigerio les entregó a los diputados más pillos. Nada raro en realidad. Es uno de los juegos de la política. Aquellos que no definen sus votos de entrada, los venden más caros cuando el debate avanza y la paridad se mantiene. No estoy hablando de un acto de corrupción personal, ni “tradicional”. Generalmente ese muñequeo se traduce en obras y beneficios para los intereses de las jurisdicciones que “más dudan” antes de votar. El pobre Rogelio hizo horas extra en el Congreso, desde el miércoles al mediodía hasta las 6 de la mañana del jueves. Más de 17 horas de un debate mediado por los intereses de cada bando, con disturbios de afuera y gritos (de adentro y afuera). El resumen emblemático podría ser la foto fake del diputado Moreau que mostraba a un policía “disfrazándose” de manifestante, o el momento mismo en el que los gases lacrimógenos empezaron a invadir el recinto de sesión.

El oficialismo tuvo quórum y se impuso en la votación. Tiene el presupuesto que, dicen, es lo que buscaba. Sin embargo es lo que necesitaba para cumplir con el compromiso asumido con el FMI. De no haberlo logrado, el gobierno nacional debía gobernar en 2019 con el presupuesto de 2018 (en porcentuales y áreas de ejecución), pero con una ventaja enorme: la devaluación e inflación motivaron un importantísimo crecimiento global en pesos que hubiesen podido usar indiscriminadamente. A su voluntad. Transfiriendo todo el excedente entre uno y otro presupuestos (el de 2018 y 2019) sin darle explicaciones, ni pedirle permiso a nadie.

Sin embargo, no buscaban eso. Necesitaban dar una señal internacional: “a pesar del debate, los disturbios y los que quieren volver al pasado populista, nosotros conducimos los vaivenes de la política nacional”.

Nadie duda de la importancia de un presupuesto. Los legisladores mas tradicionales lo llaman la “ley de leyes”. Eso claro en un país normal y previsible, no en nuestra Argentina. Para muestra sobra un botón. O dos. El presupuesto de 2018 (sancionado el año pasado) establecía un dólar a 18.75 y una inflación del 11%. A dos meses de terminar el año, el dólar está más cerca de los 40 que de los 20 y la inflación del 45%.

Lo que sí marca la media sanción, son las prioridades de gestión. Área por área. Obra por obra. En qué se piensa gastar y en qué no. Qué obras se ralentizan y cuáles se abandonan. El sancionado tiene algunos indicadores bien preocupantes. Se piensa un dólar a 40.15 y una inflación del 23% y a lograr déficit cero en diciembre de 2019. Para eso recortaron partidas a diestra y siniestra. Aún en las áreas más sensibles como desarrollo social, salud o educación. Todo esto dado en un año electoral, presupone (al menos): difícil cumplimento.

Distintas voces se alzaron en contra de recortes. Cada sector empresario o industrial afectados hicieron sonar sus alarmas. Yo elijo recuperar un tema que para la gran mayoría pasó y probablemente pasará inadvertido. En 2018 el Estado nacional pagó 682 millones de pesos para la compra de 4 millones de libros de texto escolares destinados a alumnos de escuelas públicas de todo el país. El presupuesto aprobado cuando el jueves amanecía sólo computó 139 millones (casi 5 veces menos). Todo esto sin considerar el 50% inflacionario, que divide por la mitad los ejemplares comprables. En resumen: el año que viene casi el 80% de los alumnos de escuelas públicas dejarán de recibir sus libros de estudio...

Manuel Lozano, presidente de la solidaria Fundación Sí, compartió en sus redes un mensaje que había recibido: “¿y si la cura del cáncer estuviese atrapada en la mente de quien no puede pagar sus estudios?” 

¿Por qué no? ¿No?

Buena semana.

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