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Ricardo Varela
Editorial

INTOLERANTE CON LOS INTOLERANTES

Empieza a repetirse una situación en distintas elecciones continentales: llegan a la segunda vuelta candidatos que reúnen los peores porcentajes de imagen entre sus electores.

Este domingo sucede una elección clave para la política y la economía de la región: Brasil elige nuevo presidente. Aunque las encuestas señalan que no habrá ganador en primera vuelta, hay quienes creen que el candidato de ultra derecha Jair Bolsonaro puede dar el batacazo. Si esto no sucediera, y también según las encuestas, el militar iría a balotage con el delfín del preso Lula Da Silva: Fernando Haddad.

En todos los casos se da una situación que empieza a repetirse en distintas elecciones continentales: llegan a la segunda vuelta candidatos que reúnen los peores porcentajes de imagen entre sus electores. El caso emblemático es el del presidente de los Estados Unidos Donald Trump, que en el medio de sus interminables polémicas anunció que irá por la reelección.

El caso brasileño es bastante más cercano para la Argentina. En múltiples aspectos. Se trata de una economía y un volumen de negocios que impactan directamente sobre nuestro país.

Bolsonaro detenta una situación muy particular. Tiene la misma intención de voto (en porcentajes) que imagen negativa: 42%. El 42% de los encuestados dice que lo va a votar y otro 42% de los encuestados dice que jamás lo votaría. Lo cierto es que eligió no hacer campaña, refugiándose casi exclusivamente en estrategias 5.0 de redes sociales. Todo esto después de haber sido apuñalado en una caminata de campaña, que casi le cuesta la vida.  Aún internado, Jair Bolsonaro divulgaba una foto suya haciendo con las manos como si tuviera dos revólveres...

¿Quién es Bolsonaro?

Un defensor de la última dictadura militar en Brasil que azotó ese país entre 1964 y 1985, y que tiene una particular semejanza con Trump: no se declara acostumbrado a los escándalos, los provoca. El pasado 30 de septiembre cientos de miles de personas se manifestaron en 80 ciudades de Brasil, en diversas marchas en su contra bajo el lema “Ele não” (“El no”). Fueron convocadas en su gran mayoría por movimientos de mujeres que, por medio de redes sociales, expresaron su rechazo a su declarada misoginia y a las posturas homofóbicas y racistas del militar. En San Pablo, centro de la campaña de Bolsonaro, las protestas congregaron más de 200.000 personas. También hubo movilizaciones en Belo Horizonte, Recife, Porto Alegre, Curitiba, Fortaleza y en casi todas las capitales de estados de Brasil. Asimismo hubo actos en su contra en varios países del mundo como Alemania, Francia, Argentina, Estados Unidos e incluso Mozambique y Sudáfrica.

¿Por qué genera ésto el “inocente” Jair?

Leamos algunos de sus textuales:

  • “El error de la dictadura militar fue torturar y no matar”.
  • “No te violo porque no te lo mereces” (sobre el abuso sexual).
  • “No sirven ni para procrear y gastamos más de mil millones de dólares en ellos este año” (sobre los afrodescendientes brasileños).
  • “Preferiría que mi hijo estuviese muerto a que fuese homosexual”.
  • “Tengo 5 hijos, pero la quinta vez me dio una debilidad. Fueron cuatro hombres, la quinta vez me descuidé y me vino una mujer".
  • "El 90% de los hijos adoptados (por matrimonios entre personas del mismo sexo) van a ser homosexuales o se van a prostituir".
  • "No es una cuestión de colocar cuotas de mujeres porque sí. Tenemos que colocar gente capacitada. Si colocamos mujeres porque sí, voy a tener que contratar negros también” (sobre la posibilidad de instaurar el cupo femenino).

¿Qué nos pasa que permitimos que estos discursos encarnen en personas con aspiraciones (y concreciones en el caso de Trump) presidenciales? ¿Dónde quedaron los valores que hubiesen hecho que cualquiera de estos personajes sintieran vergüenza de hacer públicos sus pensamientos y posturas más oscuras? ¿Por qué permitimos el discurso del odio y de la intolerancia en gente que se ofrece para representarnos? ¿El problema es la configuración actual de la democracia o la evolución social que nos volvió indolentes y egoístas?

No me sale aceptar sin más, aún cuando se traten de elecciones libres, independientes y transparentes, que terminemos eligiendo el odio, la discriminación, el racismo, la xenofobia, la homofobia o la misoginia. Mucho menos cuando se hace groseramente explícita como en el caso brasileño.

La respuesta debe estar en las escuelas, en las religiones y creencias, en volver a los valores y la centralidad del “otro” con el que “vivo”. No se trata de nostalgia de un pasado mejor. Sí de revelarse contra la autodestrucción del tejido social que permite convivir en armonía, paz y respeto por el diferente. Aprendiendo de esas diferencias y no mancillándolas.

Buena semana.

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