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Ricardo Varela
Editorial

EDITORES Y CANILLITAS, UN ENGRANAJE QUE SE RECONVIERTE TODO EL TIEMPO

Nosotros hacemos periodismo y los canillitas hacen que sea posible que vos leas nuestros ejemplares impresos.

El viernes al mediodía homenajeamos a los canillitas de la región. La excusa no fue muy original: un asado. Los argentinos solemos hacer un culto del encuentro alrededor de la comida que sorprende a los extranjeros y es sólo comparable a lo que se vive en España (tal vez ese sea nuestro ascendente motivador). “Juntarse a comer un asado” puede graficar el estadío de cualquier relación. No es para cualquiera, supone afinidad y códigos compartidos. Y eso pasó el viernes pasado, con la presencia del intendente de Esteban Echeverría Fernando Gray que me había escrito: “si organizás un encuentro para homenajear a los canillitas avísame que quiero ir”. Ya hicimos esta reunión años anteriores, es una forma mutua de reafirmarnos en nuestra tarea: nosotros hacemos periodismo y ellos hacen que sea posible que vos estés leyendo este ejemplar impreso. No se trata de un encuentro político, sí de trabajadores y vecinos que tienen mucho más en común que cualquier otro gremio.

Desde la irrupción de las redes sociales y las nuevas formas de consumir información, la tarea de editores de papel y canillitas se vio amenazada en iguales proporciones. Los que siguen ésta página conocen mi opinión sobre cómo evolucionará ésta situación, que en resumen sería: sí a la potencialidad e inmediatez de la información en redes (siempre que sea verdadera y rigurosa) y sí al análisis, la opinión y la investigación periodística que sólo puede ofrecer un desarrollo de contenidos extensos (al que no le bastan 280 caracteres y sólo pueden garantizar profesionales).

No le tengo miedo al avance de la tecnología y de la comunicación. Sí al uso que se le pueda dar para deconstruir la verdad y amenazar la confianza  (mayor atributo que puede ostentar un periodista). La evolución de la tecnología aplicada a la comunicación no se puede cuestionar ni detener, pero implica un ejercicio profesional asegurar que no sea usada para “llevar de las narices” a los destinatarios (sean lectores, oyentes, escuchas o cibernautas). Un ejemplo: aceptamos la existencia de trolls, que generan información interesada y maliciosa, y en muchos casos (aún para peor) los pagamos con nuestros impuestos...

El “Día del Canillita” comenzó a festejarse hace 65 años (el 7 de noviembre de 1947) en memoria de la muerte del dramaturgo uruguayo Florencio Sánchez, autor de la obra teatral "Canillita", cuyo personaje central era un chico que vendía diarios por la calle. La primera vez que en Argentina se escuchó vociferar a uno de ellos fue el 1 de enero de 1898. "Compre La República", "La República, a medio peso", gritaban. El diario había sido fundado por Lisandro De la Torre que le confió la dirección a Manuel Bilbao: el verdadero creador de esa forma de “venta directa”. Hasta entonces, los periódicos se repartían por suscripción a través del correo, lo que llevaba a leerlos con atraso hasta que a Bilbao se le ocurrió que la venta ambulante sería un buen negocio para la empresa (el chico cobraba menos que el correo) y para el lector (recibiría el diario en el acto y no leía “noticias viejas”). El éxito de Bilbao hizo que la competencia copiara el sistema y así surgió un nuevo oficio conformado por niños y jóvenes que se ofrecían a vocear los títulos en la calle para vender la noticia “fresca”. Con el tiempo, aparecieron los primeros puestos callejeros fijos hasta que Perón (por aquel tiempo secretario de Trabajo), aconsejó sindicalizarse. El flamante gremio su autodenominó "canillitas" en 1947, en honor al uruguayo Florencio Sánchez.

Desde entonces los canillitas son más que un oficio o un comercio en cada barrio. Cada mañana, de casi todos los días del año, son guardianes y testigos de la vida cotidiana de sus vecinos. Conocen la realidad social local como pocos, y a las vez tienen a mano la posibilidad de ampliar su horizonte leyendo también que le pasa a la provincia, al país y al mundo.

Editores de publicaciones impresas y canillitas trabajamos articulados para que este ejemplar esté en tus manos. Y no le tememos a la evolución ni a las nuevas formas de consumo de la información, porque estamos reconvirtiéndonos todo el tiempo. El relato histórico lo demostró y nuestra meta será estar a la altura de informar y entretener, analizar y opinar. Siempre en la búsqueda de la verdad, haciéndonos cargo de lo que “firmamos” y poniendo nuestro patrimonio en juego, generando puestos de trabajo genuinos, y democratizando el acceso a la información.

Buena semana.

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