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Ricardo Varela
Editorial

LA FINAL DE LOS CONQUISTADORES DE AMERICA

Los verdaderos líderes o dirigentes trazan horizontes, fijan caminos y defienden sus convicciones.

Mientras escribo esto me avisan que tembló Canning. “No hay heridos ni daños materiales, sólo un temblor en la zona de campos inhabitados”, me informan. Como en todos los casos de “noticias en desarrollo”, parte del equipo periodístico va al punto exacto de las coordenadas emanadas por el Instituto Nacional de Prevención Sísmica: el cuadrante Ruta 58, Juana de Arco, Sargento Cabral y Cáceres (atrás del barrio Santa Juana). El temblor alcanzó los 3.8 grados en la escala de Richter.

Por primera vez en la semana aparecía una noticia le podría competir al River/Boca o al G20. Afortunadamente no fue así. Sin daños materiales, ni víctimas, el sismo será una anécdota, aunque algunos lectores del centro de Monte Grande insistan que sintieron una gran explosión...

Tembló la tierra. Aunque en realidad viene temblando desde hace un tiempo.

Rios de tinta se escribieron desde hace una semana sobre el superclásico. El eje editorial depende de la intención (e intencionalidad) que le ponga cada uno. Objetivamente se puede afirmar que el micro que llevaba a Boca al Monumental fue apedreado durante un traslado controlado por la policía de la Ciudad de Buenos Aires, y que como consecuencia, algunos jugadores sufrieron heridas cortantes (por los vidrios de las ventanillas rotas) y congestiones (por el uso gas pimienta de la fuerza de “seguridad”). Hasta aquí nada nuevo en el folklore del fútbol argentino. Lamentablemente no es noticia la rotura de vidrios de los ómnibus que trasladan a los jugadores. Lo que vino después si fue una novedad.

“Quiero agradecer a las autoridades de River Plate que se preocuparon por nuestros jugadores y  pusieron su servicio médico a disposición y se solidarizaron con Boca, mostrando su compromiso para no sacar ventaja de esta situación. Firmamos un acuerdo para jugar mañana a las 17. Nosotros siempre vamos a decir lo mismo: los partidos los ganamos y los perdemos en la cancha”. Esto dijo a los medios Daniel Angelici (presidente de Boca) el sábado que la final se había postergado en los pasillos de la cancha de River. Lo que siguió es por todos conocido. Mientras los jugadores de Boca se recuperaban, los abogados de Boca trabajaban a destajo para intentar armar una estrategia que le permitiera ganar sin jugar. Y Angelici se desmintió a menos de 24 horas, rompiendo el compromiso escrito y firmado, y contradiciendo sus propias convicciones sobre dónde y cómo ganar. Como si fuera otra persona.

¿Qué pasó en el mientras? ¿Cómo es posible encarnar tanta contradicción y desapego al espíritu del deporte (y del negocio) al mismo tiempo? Un hashtag lo hizo posible. #andateangelici fue trending topic en tuiter el sábado por la noche, ganándole a los posteos de la instalada puja  televisiva entre Mirta Legrand y Andy Kustensov.

Las convicciones y el compromiso firmado dejaron de importar. De pronto un dirigente entendió que debía interpretar la voz de sus representados en una red social. Y actuó (y sobreactuó) en consecuencia. Al punto de generarle a su club una situación sin retorno para esos mismos hinchas que le pedían que se fuera: ¿de verdad quieren ganar sin jugar? La final se jugará en Madrid (parece), podrá ganar uno u otro, pero algo cambió en el fútbol argentino donde parece posible que jueguen 11 abogados contra 11 abogados. ¿Todo por un hashtag? Parece que sí...

Ser dirigente (en el estrato y nivel que sea) requiere de personas con más capacidad que la de ver o analizar las tendencias en las redes. Esta especie de trampa (tan tentadora) de medirse por cantidad de seguidores, “me gustas” y reposteos no puede condicionar todas las decisiones de los que delegamos las nuestras al elegir (votando). Sí, podrán ser un indicador o una tendencia que los ayude a decidir, pero nunca debieran ser motivo para fijar posiciones o tomar decisiones. Angelici “arrugó”. Y se expuso a una cargada futbolera que puede ser impiadosa. Todo, intentando leer una tendencia coyuntural de sus ¿representados? Los verdaderos líderes o dirigentes trazan horizontes, fijan caminos y defienden sus convicciones. No son acomodaticios, ni tibios (a los que vomitaré, según el relato bíblico). Angelici no está a la altura de Boca, y su afán por perdurar en el cargo (hay elecciones el año próximo) puede ser opuestamente proporcional a su posibilidad de lograrlo. Al menos por éste camino, en el que se desdibuja parodiando a Groucho Marx: “estos son mis principios. Si no les gustan,... tengo otros”.

Un entrañable amigo acuñó una frase que hice mía: “siempre hay que preguntarse si uno es Cristobal Colón o el último boludo que llegó América”...

Último párrafo para celebrar los 20 años de uno de los barrios emblemáticos de Canning: Echeverría del Lago. Allí vivieron y viven grandes amigos de nuestra redacción.

Buena semana.

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