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Ricardo Varela
Editorial

LLAMEN A MI MAMÁ!

Los valores no son de derecha ni de izquierda, se tienen o no se tienen.

No tenemos respiro los argentinos.

Pasó el titulado “mejor G20 de la historia”, el Argentum en el Colón y los líderes mundiales que se “enamoraron de la Argentina”. Habrá que ver qué hacemos con ese amor ¿no?, porque no siempre se trata de “color de rosa”.

Del G20 hace sólo una semana. 7 días. Parecen muchos más. La vorágine del día a día hace que sus ecos fueran rápidamente desplazados por distintos personajes oscuros, que los medios de comunicación hacen tristemente célebres y por el controvertido Reglamento General para el Empleo de Armas de Fuego (que impulsa la no menos controvertida Patricia Bullrich).

El primer personaje oscuro de la semana se llama Rodrigo Eguillor. Un pobre pibe, probablemente enfermo, que no sólo resultó acusado de abusos, violación, violencia de género e intento de asesinato; sino también “dio cátedra” en las redes sociales: “sólo cojo con modelos”, “me garcho a quien quiero porque soy fachero”, “dice que la quise abusar pero ella es flojita de tanga”, “la mina ni siquiera se murió, yo fui su ángel para rescatarla del suicidio”, “mirá si voy a necesitar con esta baby face violarme a una mina”. Todo demasiado triste. Al momento de su detención, en el aeropuerto internacional de Ezeiza, intentó enumerar sus “derechos civiles”. Cuando vio que no alcanzaban para persuadir a la PSA imploró: “llamen a mi mamá”. Ahí se le terminó la soberbia, la facha, la cuna de oro, la intención de ir a ver a su Boca en Madrid (aún sin entradas ni pasaje, pero entrando a Ezeiza...). “Llamen a mi mamá”. La lectura simplificada podrá pensar que se sólo tiene que ver con su mamá “influyente”:  Paula Daniela Martínez Castro es fiscal. A Eguillor lo internaron momentáneamente en el Policlínico Municipal Sofía T. de Santamarina y lo detuvieron durante dos días por haber insultado y maltratado a agentes de la Policía Seguridad Aeroportuaria en Ezeiza y a una agente fiscal. Al recuperar la libertad brindó una “conferencia de prensa” (como si se tratara de una celebridad): "Lo único que espero es que cese este hostigamiento. Del video estoy arrepentido y pido disculpas, era para mis amigos. Las cosas que dije ahí fueron porque estaba bajo un estrés psicológico y psiquiátrico. Todos los temas judiciales, los tienen que hablar con mi abogado", remató. Yo también digo: “llamen a la mamá”, porque el joven denunció por coacción a su propio padre, un empresario de Ezeiza de 54 años dedicado a los juegos de azar.

El segundo personaje oscuro de la semana se llama Matías Firpo. Un hincha de River, que no forma parte de la barra brava pero que “no pudo controlar el impulso”. Su impulso hizo que le tirara un botellazo al micro que transportaba al plantel de Boca en la esquina de Lidoro Quinteros y Avenida del Libertador. “Por fin”, pensamos todos. La inteligencia policial había encontrado a uno de los responsables que produjo una de las peores vergüenzas el la historia del fútbol argentino. Hablo sólo del fútbol, porque estas actitudes delictivas como botellazos o piedrazos a los micros del rival son cosa habitual, parte del “folklore del fútbol”, ¿no?. La cosa es que Firpo se mostró muy arrepentido, arregló un juicio abreviado y “le cayeron” 2 años y 8 meses, 180 horas de trabajo comunitario y algo que para él debe ser el peor castigo: 2 años y 4 meses sin asistir al Monumental. Ah, porque Firpo ya está libre, claro. Creo que “los Firpo” no pueden gozar de la ”ventana” que significó el pésimo operativo de seguridad de policía y gendarmería, porque se “tientan”, tienen “impulsos” asesinos, y las fuerzas de seguridad están para cuidarnos de estos tipos. A nosotros. A los que somos la inmensa mayoría. Ojalá la condena judicial sirviera para algo más que para encontrarse al propio delincuente quejándose del operativo policial en los medios al recuperar la libertad. Pienso: “llamen a la mamá de Firpo”.

Los otros personajes oscuros de la semana se pasaron más de un día arriba de aviones cruzando (de ida y vuelta) el océano Atlántico. La trama del clásico de la vergüenza nacional continuó durante la semana. La justicia argentina autorizó los viajes de los más encumbrados miembros de la barra brava de Boca, que al llegar a Barajas fueron deportados por la Guardia Civil española. Y los mandaron de vuelta. Sin pisar suelo madrileño. Qué envidia, ¿no? Parece qué hay otros lugares donde no da lo mismo hacer las cosas bien, que hacerlas mal...

Último párrafo para esa idea loca de Bullrich de que los efectivos de las fuerzas federales de seguridad tengan amplia disposición para disparar a “delincuentes”, entre otras cosas, sin la necesidad de dar la voz de alto y sin agresión directa previa. Estamos hablando de los mismos efectivos (y de las mismas fuerzas) que no pueden con los Firpos, los Di Zeos ni los Mazzaros. ¿A ellos les vamos a dar carta blanca para disparar? ¿En serio? Llamen a mi mamá.

Buena semana.

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