Columnista |

Su excelencia, el lector

Sobre el ida y vuelta con aquellos a quienes nos dirigimos, después del último editorial.

Como todas las semanas recuperé ésta los mensajes y comentarios de nuestros lectores sobre el editorial que elijo compartir cada domingo con ustedes.  

Hay semanas “tranquilas”, donde los comentarios son menos y no tan desafiantes (o incluso descalificadores) como los de ésta qué pasó. 

¿Qué pasó?, me pregunté. Y releí un par de veces lo escrito y publicado.  

Pasó que la semana pasada hice una critica sobre cómo elige comunicar sus acciones políticas el gobierno de la provincia de Buenos Aires. Releí y logré tranquilidad sobre lo escrito. Es exactamente lo que pensé y afortunadamente sigo pensando.  

No me gusta que me mientan, ni que subestimen nuestro trabajo periodístico. Algunos se estarán quedando afuera del texto de hoy, a los que les sugiero buscar en nuestra web mi última editorial: “ASÍ, VIDAL ES MÁS DE LO MISMO (QUE DICE QUERER CAMBIAR)”.  

Yo la releí y la suscribo. Releí porque tuve desde su publicación una catarata de mensajes desde cuentas apócrifas muy fáciles de identificar. También hubo otras opiniones (que acordaban o no) pero vertidas con respeto, incluso con muchos entablamos semana a semana un día y vuelta constructivo y enriquecedor. Es bueno pensar distinto, pero es mejor tener argumentos para sostener una discusión sensata y adulta, aún desde las diferencias. Estos últimos lectores son los que me animan una vez más a escribir y firmar lo que pienso. Más allá de la rivalidad bipolar en la que los funcionarios (de ahora o de antes) nos quieren meter.  

No es verdad que todo aquel que haga un comentario crítico sobre la gestión de la gobernadora Vidal o el Presidente Macri sea un kirchnerista mal herido. No es verdad que atrás de alguien que señala un error o desnuda corrupción, o señala tráfico de influencias o negocios incompatibles con la función pública, sólo quiera destruir o esmerilar a quienes gobiernan mientras canta: “vamos a volver”. Yo no pienso volver a ningún lado. Pienso cómo seguir mejorando nuestros medios locales y regionales con información que le importe y sirva a los lectores y seguidores.  

La estrategia de comunicación de los oficialismos nacional y provincial se basan en decirle a la gente que gestionan por el bien común pero sin hacer política. Eso es imposible. No debieran tenerle miedo a “hacer política”, ni a usar la palabra “política”, porque eso es justamente lo que hacen. Tanto el presidente como la gobernadora lo saben. Pero eligen el atajo comunicacional de anclar sus discursos con acciones destinadas a: “lo hacemos por la gente”, “queremos estar cerca de los vecinos”, “cambiamos caminando la calle” o “el cara a cara terminó con los punteros”. Señores y señoras: eso es hacer política. No se pongan colorados, ni traten de disimularlo o desmentirnos como los hicieron con nosotros tres funcionarios bonaerenses. A la larga, la verdad siempre sale a la luz. 

Elijo decir en voz alta lo que pienso y le pongo foto y firma. Cada vez que un lector se sintió en desacuerdo o alcanzado personalmente con algo publicado, encontró en mí una respuesta, una explicación, ratificación o rectificación o pedido de disculpas cuando fue necesario. Jorge Fernández Díaz siempre recuerda cómo anécdota lo que le tocó vivir cuando dirigió un diario en Neuquén luego de desarrollar toda su carrera diarios y revistas nacionales en Buenos Aires: “al día siguiente te encontrás por la calle con el borracho detenido por protagonizar un escándalo, o toca el timbre de tu casa el usurero escarchado por sus acreedores”.   

En el pueblo nos conocemos todos. Tal vez en lugar de invertir en tanto troll o en editores para guionar la realidad ficcionada de las redes sociales, habría que sentarse a pensar en cómo llegarle más y mejor cada vecino, su excelencia el ciudadano. 

Buena semana. 

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