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“Galpón”, “Museo”, “Centro Cultural”, “Oficina Municipal”, “Depósito”, “Secretaría de Derechos Humanos”, “Dirección de la Mujer, Niñez y Adolescencia”, etc., etc. Son sólo alguno de los cientos de “nuevos” carteles que identifican a las “viejas” estaciones de tren desactivadas a lo largo y ancho de nuestro país.

Hay situaciones aún peores: otras cientas de esas estaciones están abandonadas, usurpadas o saqueadas. Y también hay otros ejemplos más saludables como el reciclado de viejos galpones ladrilleros en desuso, para reconfigurarlos en espacios público/privado como los de las costaneras de Santa Fe o Rosario o el ya emblemático desarrollo del porteño Puerto Madero.

Esto viene a cuento del reciente anuncio del gobierno nacional de invertir 24.000 millones de pesos en desarrollar un nuevo sistema ferroviario. Apoyados en la certeza de sus numerosas ventajas económicas, medio ambientales, de seguridad, capacidad de transporte y velocidad, los funcionarios nacionales volvieron a “mirar al tren”.

La historia del tren en la Argentina es una muestra en escala de los vaivenes que vivió el país.

El desarrollo del tren fundó pueblos en toda la geografía argentina, y cada estación era un símbolo identitario como lo eran (y son?) sus plazas o sus Iglesias. La red ferroviaria de la Argentina, y sus 47.059 km. de vías,llegó a ser una de las 3 más extensas del mundo. El sistema ferroviario llegó a tener cerca de 100.000 km. de rieles hasta la década del 90, cuando se decretó su defunción para darle lugar al transporte automotor (camiones y micros). Desde 1992 se produjo un incesante levantamiento de vías que fue reduciendo su extensión histórica hasta dejarla con sólo4.640 km. O sea, la red ferroviaria argentina en 2018 es sólo el 10% de lo que alguna vez fue...

En1991 Ferrocarriles Argentinos fue virtualmente desarticulada por una completa concesión de la red ferroviaria. Eran tiempos de privatizaciones masivas, y el gobierno menemista había declarado al Estado bobo e incapaz. Una explosiva mezcla de neoliberalismo a ultranza y voracidad financiera internacional arrasaba empresas rentables y no rentables; de utilidad y necesidad pública o de fines estrictamente comerciales. Los servicios metropolitanos de pasajeros fueron entregados a una nueva empresa pública, para ser finalmente concesionados a consorcios privados. También se licitaron los servicios de cargas. La responsabilidad sobre los servicios interurbanos de pasajeros fue transferidos a los gobiernos provinciales, formándose empresas que en su mayoría no continuaron los servicios.La cancelación masiva de servicios llevó al surgimiento de 800 de pueblos fantasma que previamente vivían del ferrocarrilcomo fuente de trabajo. Sin tren y con el progresivo éxodo rural en busca de mejores condiciones de vida, pueblos enteros quedaron sentenciados a desaparecer poco a poco.

La historia habla de Convertibilidad y luego de crisis. De pos convertibilidad y kirchnerismo. Y los trenes, que habían nacido privados y fueron luego estatizados, y privatizados nuevamente después, pasarían entonces a ser nuevamente responsabilidad del Estado nacional.

El anuncio del gobierno nacional sorprende. Más afín a “desestatizar” lo desestatizable y a evaluar las tasas de retorno de cada inversión, parecen haber decido la necesidad de impulsar desde el Estado obras que el sector privado no puede afrontar. Así las cosas nos encontramos con un nuevo capítulo de la sinuosa historia del desarrollo ferroviario. Otro ejemplo de la falta de una política de Estado que supere colores y los tiempos de las conducciones políticas.

 

Último párrafo para despedir a “uno de los nuestros”: Carlos Manduca. Era canillita y tenía 49 años. Tres mal nacidos lo robaron y ejecutaron con un tiro en la cabeza cuando se encontraba acomodando los diarios en la madrugada de la localidad de Caseros, partido de Tres de Febrero. 

La fragilidad de la vida en su máxima expresión. Y la brutalidad de la delincuencia que no se detiene.

 

Buena semana.

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