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Ricardo Varela
Editorial

NUNCA MÁS

El oficialismo decidió ir por la reelección y a la espera que finalmente la economía se le acomode, no ahorra en profundizar la grieta, ni en abrir nuevos frentes de conflicto.

Tomas Abraham tiene 71 años. Es escritor y filósofo y tiene un diploma de honor de la UBA en reconocimiento a 25 años de labor académica. Pocos saben que Abraham es rumano y que tiene en su particular historia haber sido protagonista en la noche de los bastones largos en julio de 1966 en Buenos Aires y luego en el Mayo francés de 1968.

Esta semana estuvo en un programa de LN+, y se refirió a la situación económica del país. "Yo quería un cambio y el cambio era Scioli o Macri, y yo me puse neutral, no voté, no sabía bien. En realidad no me gustaba ninguno, pero después puse fichas a favor. Pero hicieron casi todo mal", expresó. También dijo que “el kirchnerismo dejó un país absolutamente trabado pero no habían puesto una bomba, como dijeron. La bomba está ahora”...

Macri decidió ir por la reelección y a la espera que finalmente la economía se le acomode, no ahorra en profundizar la grieta, ni en abrir nuevos frentes de conflicto. ¿Innecesarios?

Esta semana se hizo pública la reforma para las fuerzas armadas en la que venía trabajando desde enero. Para esto, el Gobierno debe modificar las leyes de Defensa Nacional y Seguridad Interior de 1988 y 1991 y el decreto 727/2006, que marcaron los límites para que las Fuerzas Armadas intervengan en cuestiones de seguridad interior. El proyecto del gobierno se vende en torno a la necesidad de que los militares se ocupen de “la custodia de objetivos estratégicos”, como centrales nucleares y yacimientos de petróleo como Vaca Muerta. En agosto, además enviarán 500 militares a las zonas de frontera en Salta, Formosa y Misiones, que prometen ser 5000 en un año.

Junto al ministro de Defensa, Oscar Aguad, y el jefe de las Fuerzas Armadas, Macri quiso poner fin al conflicto salarial expuesto públicamente con la suspensión del desfile del 9 de julio y señaló que “las fuerzas necesitan contar con salarios y servicios de salud adecuados. Es tarea de la sociedad comprender que las fuerzas armadas del siglo XXI son hombres y mujeres de la democracia”. También habló de “poner en valor a la familia militar”. El presidente ya había anunciado la intención del Gobierno de alinearse a la política de seguridad internacional de los Estados Unidos en 2016, y desde entonces generó el rechazo de especialistas y de los organismos de derechos humanos, por la posibilidad que abre para utilizar a las Fuerzas Armadas en conflictos internos de carácter social y político. “Sabemos que esta transformación no va a ser fácil, pero celebro que estemos unidos para alcanzar los consensos y construir fuerzas armadas modernas. Queremos saldar la deuda que tenemos con las fuerzas armadas de la democracia”, insistió. “Vivimos en una zona de paz, pero necesitamos que las fuerzas sean capaces de enfrentar los desafíos del siglo XXI”, justifica el presidente. Estos desafíos serían adaptar las fuerzas armadas nacionales para combatir al narcotráfico y el terrorismo según las normas internacionales de los Estados Unidos.

A casi un año de unas elecciones la gran promesa con la que llegó a la presidencia (mejorar la economía) sigue sin cumplirse. Muy por el contrario, la inflación aumentó, la deuda aumentó, el gasto público aumentó, mientras el crecimiento está en duda y una fuerte devaluación del peso hizo que el gobierno tuviera que acudir a la carta más costosa: el Fondo Monetario Internacional. Para recibir financiación del FMI, el gobierno se comprometió a hacer un ajuste de la economía para reducir el déficit fiscal, una iniciativa que puede controlar los vaivenes económicos, pero golpeará aún más el bolsillo de los argentinos.

Los que tratan de justificar los porqués de la “movida militarización”, dicen que en realidad desde el gobierno están preocupados por la seguridad interior del 30 de noviembre y el 1 de diciembre cuando se reúna por primera vez en América latina el G20. Dicen que la suerte del modelo elegido por el presidente se juega un “pleno” durante esos dos días...

Mientras tanto, reina el “divide y reinarás”. Bueno sería que, al menos de vez en cuando, evaluarán cuántos de los argentinos quedan a cada lado de esa división.

Buena semana.

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