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Ricardo Varela
Editorial

ESTAMOS CONDENADOS, ¿AL ÉXITO? o ¿A LA RESIGNACIÓN? (Tache lo que no corresponda)

La recesión económica parecería inevitable para el bolsillo de los argentinos.

Cuando se acercan turbulencias es tiempo de ajustarse el cinturón. A veces los pilotos las pueden anticipar y así los pasajeros sufren menos sobresaltos. Otras veces llegan de imprevisto, nos zarandean y asustan. Algunos pasajeros empiezan a transpirar, otros rezan y se encomiendan a todos los santos (aún los más paganos) y otros se relajan entregados a la “buena de Dios”.

No todo está en manos del piloto. Eso está claro. Su pericia puede ayudar, pero no dependen de él ni las inclemencias del tiempo y ni los adecuados mantenimientos del avión por ejemplo.

El gobierno central está atravesando turbulencias. La economía aparece desmadrada y los voceros oficiales volvieron a contradecirse, desmentirse y hasta negarse como si no se tratara de la misma tripulación. Así las cosas, los pasajeros empiezan a mirarse con desconfianza. Y hay pocas cosas peores que dudas e incertidumbres a 10.000 metros de la tierra firme. Y fundamentalmente, hay pocas cosas peores que perder la confianza. Pasa que ninguno de los que se subió al avión le pidió el brevet habilitante al piloto. Confianza...

La economía suele ser el talón de Aquiles de nuestra organización nacional Argentina, casi desde la Independencia misma (que celebraremos el próximo lunes).

Se podría decir que por estos lares se probaron todos las teorías económicas conocidas. Tuvimos etapas conservadoras y liberales, e intervencionistas y de libre mercado. Privatizamos y estatizamos. Subsidiamos y restringimos. Subimos, y bajamos, tasas y retenciones. Nos convertimos a dólares y luego salimos pesificados entre recesión y default.

Sin embargo nunca logramos consolidar ninguno modelo, porque la clase politica siempre se las arregló para armar discursos que justificaran cada una de las opciones (o acciones) del párrafo anterior.

Cuando asumió en diciembre de 2015, Macri ninguneó la inflación, cerró acuerdo con los hasta entonces llamados fondos buitre y liberó el corralito que impedía comprar y vender dólares a gusto y piacere. El gobierno K se había preocupado por “desinflar” y “pisar” los mercados. De modo tal que le bastaban intervenciones diarias de 100 millones de dólares para manejar la cotización del día (hoy hacen falta 1500M). También le sumaron la “cocina” de alguno de los guarismos e indicadores más sensibles del INDEC. Y a ese combo, el muñequeo arbitrario (y caprichoso?) de Guillermo Moreno al frente de Comercio Interior. Todo bajo el paraguas de una convicción: “en la Argentina el problema de la economía es la político no económico”.

Macri optó por el mercado. Y sus reglas y leyes. Muchos economistas (incluso de la propia tropa PRO) le advirtieron sobre los efectos inflacionarios de la medida. “No sucederá” dijo el Presidente, porque “los precios ya están alineados con el dólar blue”. Sus predicciones sobre la inflación del primer año daban un 25%. Fue del 40. Para 2017 iba a ser del 17%. Fue del 25. En 2018 sería de 10. Luego reconocieron un ajuste y proyectaron un 15. Hoy nadie aventura cómo cerrará diciembre. Vamos por el 23 acumulado. ¿Será del 25%? ¿Del 30%? Nadie sabe. Un ejemplo: se suponía que el petróleo iba a bajar luego de la desregulación del precio de las naftas, pero subió un 35%...

Nunca en la historia económica de la Argentina un gobierno devaluó tan fuerte (como en los últimos dos años) y bajó las retenciones al mismo tiempo. Reunido con las entidades del campo el martes último, el Presidente Macri les confirmó que no volverían los porcentajes de retenciones históricos. De decidir una retención generalizada del 13% a todas las exportaciones (algo que se vino aplicando hasta diciembre de 2015), implicaría una recaudación extra de cerca de 250 mil millones de pesos y se sobrecumplirían las demandas del reciente acuerdo con el FMI. Sin embargo, la opción es otra. Se eligió ajustar y achicar gasto y suspender obras públicas. Todo esto, sumado contexto recesivo internacional, augura que vienen malos tiempos.

Los argentinos somos expertos en crisis. Los que peinamos algunas canas ya vimos está película (al menos un par de veces).

Lo que nos debiera preocupar es nuestra incapacidad para hacer de esos golpes, experiencia. Sin suero no hay vacuna. Y sin vacuna, hay enfermedad.

Buena semana.

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