Columnista |

MÁS Y MEJOR PERIODISMO PARA FORMAR CIUDADANOS CRÍTICOS

Hay nuevas formas de comunicar e informar, pero son peores a la hora de formar ciudadanos como lectores críticos.

El viernes pasado el periodismo rioplatense vivió una fiesta que tuvimos la oportunidad de compartir: el diario El País de Montevideo festejó su centenario.

El País fue pionero en la impresión offset y el primer diario de América que lanzó su primera plana en color en 1945. También introdujo en el mundo editorial la modalidad de distribuir productos especiales como suplementos coleccionables y entregas en fascículos. En el marco de los festejos se organizaron distintos eventos y prepararon ediciones especiales que recuperan tapas históricas, textos e imágenes del largo recorrido que reflejó gran parte de la historia charrúa y latinoamericana desde 1918.

Sin embargo, el festejo del aniversario trajo un inesperado anuncio: la decisión de volver a imprimir cada semana su prestigioso suplemento cultural. Esta noticia viene a contrapelo de los gurús que pronostican la muerte de los diarios impresos reemplazados por medios digitales. “Los contenidos típicos del (suplemento) cultural exigen una lectura atenta, reposada, y para que ello suceda el formato papel es único y fundamental”, señaló Martín Aguirre (director de la redacción de El País).

Vengo escribiendo sobre el tema desde que formo parte activa de las actividades de ADEPA, dónde se reflejan los dilemas en los que están los principales diarios del país acerca de cómo hacer viable el negocio histórico, con los nuevos circuitos de consumo de información: portales, webs, Facebook, Instagram y Twitter como soportes de los “aviones” buscadores de Google ó Yahoo. Sin embargo lo que importa es, siempre, el contenido. Atrás de ese contenido puede haber un profesional, un responsable legal y una empresa constituida o un vivillo aburrido, un trol organizado o un estratega del mal.

¿Alguien imagina una noticia falsa en un medio impreso? ¿O un artículo de opinión descalificante, agraviante o infundado en letras de molde? Hoy por hoy es bastante más frecuente poner en duda publicaciones en redes que en las ediciones impresas. El trabajo de los trolls y las fake news hicieron que dudar de una información no sea un hecho excepcional. ¿Dónde lo leíste? ¿Quién lo dijo? ¿Es una cuenta oficial? La respuesta se trata de una pequeña gran palabrita: confianza. Y confianza viene de la mano de credibilidad, e historia y recorrido.

Hace unos días nos visitó una experta en medios de comunicación de la Universodad de Texas, Iris Chyi. En línea con el anuncio del viernes de El País, Chyi sostiene que la industria de los diarios debe reenfocarse en el papel y revisar los esfuerzos que viene haciendo para transformar sus procesos, estructuras y modelo de negocios. Algunos datos duros la confirman: después de más de dos décadas de experimentación en el terreno digital, a partir del lanzamiento de las primeras páginas web entre principios y mediados de los 90, los ingresos de los diarios siguen proviniendo en un 90% del papel. “Las tablets y los smartphones se presentaban como la salvación del periodismo y, en poco tiempo, quedó demostrado que no lo eran. Lo cierto es que, después de 20 años, los diarios no encontraron ningún modelo de ingresos viable para de sus productos digitales”.

En la Argentina las estadísticas de los medios suelen ser muy sinuosas. Salvo aquellos que se someten a la auditoría del IVC (Instituto Verificador de Circulación), el resto navega en un mar de dudas. Si bien la actividad en las redes se volvió más medible, nadie puede demostrar científica ni empíricamente los niveles de penetración y permanencia de la información allí ofrecida. Más bien se ofrecen como usina de rumores (en formato pequeño), o de divulgación de imágenes extraordinarias o de videos y audios que ofrezcan amarillismo, tragedia o pornografía. Eso sí, en todos los casos deben tener una extensión que no supere los 30 o 40 segundos, y hay que subtitularlos porque el 80% de los que ven videos en las redes solo los ve, no los escucha.

En resumen: hay nuevas formas de comunicar e informar, pero son peores a la hora de formar ciudadanos como lectores críticos. La información está dispuesta a borbotones y esa “cantidad” importa más que su calidad, veracidad, rigurosidad y análisis.

Lo curioso, resaltaba Chyi, es que “partimos de una medición falsa cuando comparamos usuarios únicos mensuales de visitas, o cliqueos en las redes, contra ejemplares vendidos por día”. Aquí se hace necesario un índice (inexistente aún) que refleje adecuadamente la influencia y la eficacia de cada soporte.

Este ejemplar impreso pasará por varios lectores. Y su lectura promedio tendrá una media de 15 minutos contra solo dos de la edición digital.

Felices primeros 100 años de periodismo para El País de Montevideo. Pionero y modelo de los que creemos que hacer periodismo favorece, controla y obliga a mejores instituciones y construye país.

Buena semana.

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