Columnista |

Aquel baile, éste baile

Uno de los principales problemas económicos que enfrenta el gobierno nacional es la falta de confianza política. Parece reinar la confusión.

El Presidente Macri es un pésimo bailarín aunque él no lo crea y le reclame al think tank del Atlantic Council por haberse olvidado de ese detalle al leer el curriculum con el que justificaron la entrega del premio Global Citizen 2018.

A la hora de la foto protocolar y no sin antes bromear: "¿Dónde está mi premio? ¿Dónde está mi premio?", Macri sacó intempestivamente a bailar sobre el escenario a la empresaria Adrienne Arsht...

Antes había destacado la gran relación que estaba construyendo con Christine Lagarde (directora del Fondo Monetario Internacional), y remarcó su esperanza en que ese vínculo "funcione muy bien y que termine con toda la Argentina enamorada de ella...” (¿justo se tenía que llamar Cristina?, dicen que dijo Durán Barba).

Macri viajó a Nueva York para participar de la Asamblea General de las Naciones Unidas: “...desde el comienzo de mi Gobierno hemos apostado a una integración estratégica y a mantener relaciones maduras con el mundo. La Argentina decidió cambiar. Y cambiamos porque entendimos que no podíamos dejar que el populismo afectara profundamente a nuestra sociedad".

Mientras tanto en nuestro país se vivía el cuarto paro nacional que las organizaciones sindicales impulsaron durante su gestión. El paro del martes pasado había sido convocado en junio, cuando el dólar cotizaba $25.30 y el martes volvió a cerrar tocando los $ 40. El triunvirato que conduce la CGT (Juan Carlos Schmid, Carlos Acuña y Héctor Daer) coincidió en que el plan económico había fracasado. “Si Macri se cree un buen piloto de tormenta, tiene que saber que es la hora de cambiar”. Y a modo de advertencia señalaron: “si ni hay plan B, tampoco habrá tregua”. Si bien el discurso pareció duro, quienes tienen más kilómetros gremiales recorridos, avizoraron que los dirigentes le estaban dando un nuevo crédito al ejecutivo nacional.

Mientras sucedía la conferencia de prensa en la sede gremial, Luis Caputo  llenaba cajas de cartón corrugado con “sus cosas” y sacaba fotocopias de expedientes sensibles antes de dejar el despacho del Director del Banco Central de la República Argentina. Ya había quienes habían anticipado que el cambio era necesario (como el ex ministro de salud Rubinstein), porque Caputo no quería firmar el nuevo acuerdo con el FMI. En todos los casos el mensaje micro y macro económico que arroja el cambio de 3 presidentes en 3 meses, no parece un síntoma de buena salud  para la economía nacional. 

Uno de los principales problemas económicos que enfrenta el gobierno nacional es la falta de confianza política. Parece reinar la confusión. El gobierno erró una y otra vez en cada diagnóstico y pronóstico. Pasó de los brotes verdes a la tormenta perfecta, sin escalas. Ni hablar de las promesas de campaña que negaban el ajuste y la devaluación, mientras se reían de incapacidad K por no poder bajar la inflación. 

Estamos a un año de las elecciones que consagrarán un nuevo presidente. Macri ya adelantó que “quiere competir”. El tema es contra quien. Mientras la avanzada judicial amenaza con ir a fondo, Cristina se presenta en su peor/mejor momento desde que Macri es presidente. Impensado para muchos, ella vuelve a proyectarse para hacer realidad el “vamos a volver”. Y Macri escucha como nunca a su asesor ecuatoriano que sostiene la necesidad de castigar a CFK pero no encarcelarla. Entre los motivos que esgrime está su permanente lectura de encuestas y análisis de focus group, especialidades del “teñído” (Carrio dixit). Según una encuesta de la consultora Synopsis, en un eventual balottage, Macri solo podría ganarle a Cristina Fernández de Kirchner. Cualquier otro candidato del peronismo lo superaría cómodamente.

En consecuencia es probable que, una vez más, los vaticinios de Lilita no logren coincidir con los deseos de Jaime que por lo bajo dice “...nuestro negocio es lograr que tengamos grieta por largo rato”.

Buena semana.

 

 

 

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