Editorial

“VAMOS JUNTOS, A MATAR O MORIR CON LA NUESTRA”

En realidad nunca dudaron: “vamos todos juntos, a matar o morir. Acá nadie se salva sólo, la suerte de todos los que se consideren macristas será la misma que tenga Macri”.
domingo, 03 de febrero de 2019 · 09:10

La noticia política de la semana fue la confirmación de que las elecciones a Gobernador de la Provincia de Buenos Aires y a Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires se harán simultáneas con la presidencial.

Casi nadie dudaba que Horacio Rodríguez Larreta iría en la misma boleta en la que Mauricio Macri buscará su reelección. La Ciudad de Buenos Aires es la cuna del macrismo (recordemos que su génesis es Boca Juniors), sin embargo Larreta no olvida que en la segunda vuelta en 2015 superó a un novel candidato (Martín Lousteau) por sólo 3 puntos. Dicho de otra forma, mientras que entre los porteños podemos encontrar a los más consecuentes seguidores de la propuesta oficialista, su jefe de gobierno (y candidato a reelegir) no logra enamorar al electorado. A Larreta le reconocen su día a día en la gestión y el impulso que le dio a algunas obras que (cuando concluyan) marcarán un antes y después en la búsqueda de hacer una “ciudad más vivible” como suele sostener. Sin embargo, su discurso, sus formas y sus poses no terminan de configurar un líder político carismático. Todos los intentos para “ablandar” su imagen (suele usar remeras de cuello redondo, zapatillas deportivas y lenguaje informal) complotan con lo que efectivamente “reciben sus electores”. Que no le creen ese “look”, ni le reconocen esas características como propias. En resumen, la suerte de Larreta está atada a la de Macri, porque sin su tracción la elección local correría serio riesgo, aún cuando no se haya definido un contrincante sólido.

El caso de Vidal es bien distinto. Casi opuesto por el vértice al de Larreta.

La gobernadora ostenta mejores imagen e intención de voto que el propio presidente de la Nación. Su comunicación verbal y postural son sus mejores armas políticas, con un discurso del sentido común que no refleja grandes definiciones y se apoya casi exclusivamente en “hacer lo qué hay que hacer” y “decirle la verdad a los bonaerenses”. Otra gran diferencia con el Jefe de Gobierno porteño se da en relación a las obras. Aquel discurso de: “con nosotros, obra que se empieza, obra que se termina” hizo agua luego de más de tres años de gestión. La provincia no concluyó ninguna obra importante y abandonó algunas de las que estaban en marcha al momento de asumir. Un ejemplo emblemático en nuestra región es la ampliación de la ruta 58 en el tramo que va de Lacarra hasta la ruta 52, en Canning. Se trata de poco más de 5 kilómetros de una traza absolutamente liberada (que no incluye cruces, ni puentes y sólo dos rotondas) y que ya lleva casi 4 años de atraso... . El contra argumento señala que las obras públicas tuvieron un “golpe mortal” luego de la causa conocida como “los cuadernos”, ya que allí se involucraron a casi todas empresas que hacen obras públicas en el país. Algunos de sus principales directores y presidentes están arrepentidos, otros están presos, pero todos imputados como miembros de la otra pata de la corrupción.

En relación al maniqueo sobre si Buenos Aires desdoblaba o no hubo demasiadas especulaciones. El PJ bonaerense conducido por el el intendente echeverriano Fernando Gray calculó que desdoblar significaba gastar 3200 millones de pesos más. Sin embargo, los operadores políticos de Vidal sostuvieron hasta la última negociación con Macri todos los argumentos por los que desdoblar era para Pro/Cambiemos mejor que peor. En la Casa Rosada, la dupla Peña/Durán Barba fingió apertura, libertad y búsqueda de consensos y acuerdos cuando en realidad nunca dudaron: “vamos todos juntos, a matar o morir. Acá nadie se salva sólo, la suerte de todos los que se consideren macristas será la misma que tenga Macri”.

Mientras las especulaciones políticas sobre las fechas de las elecciones se disipaban, el gobierno nacional decidió la suspensión de una de las obras más importantes que encara el país: el soterramiento de las vías el ferrocarril Sarmiento. El argumento oficial es: falta de fondos. Nuestro país se embarcó en acuerdo con el Fondo Monetario Internacional con metas de muy difícil (imposible?) cumplimiento, que implicarán ésta y otras postergaciones. Algunas impactarán en obras de infraestructura futura como lo pueden ser la conclusión de la autopista a Pergamino; la prolongación del camino del Buen Ayre hasta la ruta 2 (tercer anillo de circunvalación de la ciudad de Buenos Aires) o los aprovechamientos hidroeléctricos del Río Santa Cruz con dos nuevas represas. Otros ajustes irán directo al (ya castigado) bolsillo de la gente.

Así las cosas “matar o morir con la nuestra” será para el oficialismo: son ellos o nosotros. Y rezan porque del lado de “ellos” esté Cristina Fernández, la única candidata a la que Macri le ganaría en segunda vuelta según todas las encuestas...

Buena semana.

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