Editorial

Argentinos, a los botes.

¿Es un Macri que sepulta para siempre el gradualismo para ejercer cirugía mayor? ¿O es sólo que está preocupado porque no siga creciendo Roberto Lavagna? A preparar los remos porque parece que hay que “remar sin llorar”.
domingo, 24 de marzo de 2019 · 09:15

El domingo pasado el presidente Macri ofreció un “cuidado” reportaje en el programa televisivo de Luis Majul. Celebrando los 20 años de su ciclo La Cornisa, Majul dice a cámara (una y otra vez) que él es un comunicador “independiente” y que en todos sus trabajos hace “periodismo de verdad”. Lo dice tantas veces que ya parece culposo.

Entre algunos de los temas que abordó en la entrevista, Macri se refirió al escándalo abierto a partir de la denuncia de juez federal, Alejo Ramos Padilla, que investiga una supuesta red de espionaje ilegal que alcanzaría a periodistas, empresarios, legisladores y funcionarios. "No es un juez que actúe con ecuanimidad, se prestó a un show mediático. Espero que con las pruebas que hay, el Consejo de la Magistratura evalúe destituirlo...”. Allí saltaron las primeras alarmas. El gobierno de Cambiemos hizo de la división de poderes y de la independencia del Poder Judicial un caballito de batalla en contraposición con el kirchnerismo. Pero de repente, el mismísimo presidente, mirando a cámara, presiona sin miramientos al Consejo de la Magistratura para que destituya a un juez...

En otro pasaje del reportaje, el primer mandatario habló de padre recientemente fallecido. El 3 de marzo (hace tan solo 20 días) lo despidió con un sentido: “se va una persona que predicó con el ejemplo y el trabajo”. Sin embargo al hablar con Majul sobre la relación de su papá con el gobierno K sentenció: "Es un delito lo que hizo mi padre, él era parte de un sistema extorsivo del kirchnerismo en el que para trabajar había que pagar". Franco Macri cosechó numerosas denuncias por su turbia relación como empresario con el Estado nacional (y otras jurisdicciones) desde fines de la década del 80. Sin embargo su hijo (hoy Presidente de la Nación, antes ejecutivo de sus empresas) sólo le atribuye delito a los negocios que tuvo con los Kirchner...

En todos los casos, todos debiéramos coincidir que a la luz de sus propios dichos, su padre no predicó con ningún ejemplo.

“Me hago cargo del agobiante clima social porque lo siento más que ninguno", sostuvo sobre la situación económica y social. “Percibo el enojo de los argentinos", admitió aunque su gobierno anuncia nuevos tarifazos y medidas que empobrecen a la mayoría. Lejos de aquellas promesas de campaña 2015, dijo que al finalizar su mandato “Argentina tendrá la misma pobreza" que tuvo al inicio de su gestión. “El problema de la Argentina son los argentinos”, afirmó (¿paradójicamente?), el Presidente de los argentinos.

La entrevista  de La Cornisa generó conclusiones encontradas en la mesa chica del gobierno. Mientras algunos medios decidieron editar (y evitar) las declaraciones más polémicas (sobre todo las vinculadas a los reconocidos delitos de su padre), en el equipo del jefe de Gabinete Marcos Peña le restaron importancia por el bajo rating de la entrevista, “apenas 4 puntos” minimizaban en los pasillos de Balcarce 50. “Si hubiera un verdadero conflicto en la calle, habría más espectadores”, especulaba Peña, mientras recordaba que en la Casa Rosada se celebraron los 18 puntos de rating que generó (vía cadena nacional) el discurso presidencial ante la Asamblea Legislativa el 1ero de marzo. Alejandro Rozitchner, integrante de esa mesa chica, fue el único que hizo públicas sus sensaciones: "Mauricio estuvo apabullante y auténtico, se ve claramente que tipo de persona es. Presidente impensado, inusual, gran avance", reflexionó en tuiter. Un integrante de la familia judicial le restó trascendencia y riesgo al ¿desliz? presidencial: “No creo que nadie se atreva a llamarlo a una testimonial por esto, en todo caso se refirió a alguien cuyo proceso se extinguió por fallecimiento...”.

Mientras tanto, la Corte Suprema de Justicia de la Nación otorgaba (por unanimidad) un auto y dos contratos para el juzgado federal de Dolores que lleva adelante la investigación de la supuesta red de espionaje y extorsión que integraría Marcelo D'Alessio. Esto se leyó como un espaldarazo al juez Ramos Padilla luego de que el Gobierno anunciara un pedido de juicio político en su contra.

La semana laboral terminaba con otra fulgurante aparición en escena del presidente Macri, que para motivar a su tropa en reunión de gabinete ampliado decía: “...estoy caliente. Siempre me calentó la mentira y otra vez vuelvo a escuchar a los que vienen a proponer ese atajo, esa solución mágica que nos releva de seguir el camino de trepar la montaña. Hay que remar un poco más, sin llorarla”. ¿Apareció un nuevo Macri, liberado del “deber ser” familiar? ¿Es que ya no tiene que hacer demostraciones filiales de su capacidad? ¿Es un Macri que sepulta para siempre el gradualismo para ejercer cirugía mayor? ¿O es sólo que está preocupado porque no siga creciendo Roberto Lavagna? (su nuevo rival favorito).

En todos los casos, a preparar los remos porque parece que hay que “remar sin llorar”.

Argentinos, a los botes.

Buena semana.

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