Columnista | Alfonsín | democracia | dictadura militar

Los hijos de Alfonsín

Alfonsín lograba ser sinónimo de democracia, nos enseñó de qué iba. Aquel 30 de octubre de 1983 también era el punto final a la saga de golpes de Estado iniciada en 1930.  

Escribo este texto al filo del cierre de la edición.

Anochece el viernes 30 de octubre del año de la pandemia.

Será difícil de olvidar este 2020 pienso, mientras la efeméride me recuerda otro 30 de octubre, de 1983. El día y el año en el volvió (para quedarse) la democracia.

Soy de esa generación de argentinos que más allá de colores políticos de la época (radicales, peronistas, liberales o intransigentes) se podría definir como la generación de “los hijos de Alfonsín ”.

El radical triunfó en la histórica elección del 30 de octubre con el 51.75% de los votos, mientras que el justicialista Ítalo Luder obtuvo el 40.16%. Oscar Alende llegó al 2.33 y Rogelio Frigerio (Movimiento de Integración y Desarrollo) al 1.19%. Aquella elección significó la primera derrota del peronismo/Justicialismo en la historia de la Argentina.

Cuentan testigos presenciales que Julio Bárbaro, elegido como el vocero de la derrota aquella noche, bajaba para declarar ante los periodistas para aceptar el triunfo radical y soltó un “...¿qué querés?, si Alfonsín es más peronista que Luder”.

Con una oratoria singular, Alfonsín cerraba sus discursos de campaña recitando el preámbulo de la Constitución, en un mensaje que las reglas de la comunicación actual definirían como: “el candidato logra apropiarse y hacer valor de una posición incontrastable. Así, Alfonsín lograba ser sinónimo de democracia.

Alfonsín nos enseñó de qué iba la democracia: sentó, juzgó y condenó a los militares golpistas que nos habían hundido en los tiempos más oscuros de nuestro país; reinstaló la libertad de expresión y la libertad de opinión; buscó una sociedad de participación y pluralismo en rechazo de los dogmas; impulsó un programa de alfabetización masiva y el congreso pedagógico nacional y eliminó la censura en las actividades artísticas. También hubo transformaciones en la universidad y en el sistema científico; y en cuanto a las relaciones individuales promovió la ley de divorcio vincular y de la patria potestad compartida.

Su gobierno se fue desdibujado por un final hiperinflacionario que minó la valoración de toda su gestión, sólo reconocida varios años después. Su gobierno estuvo atacado por militares carapintadas que protagonizaron distintas intentonas golpistas y alzamientos; y 13 paros generales que empoderaron la figura de Saúl Ubaldini, líder de una CGT que ni en sueños esperaba que el gobierno peronista posterior (devenido en neoliberal Carlos Menem) privatizara todo lo privatizable. En sus seis años de gestión, Alfonsín se vio rozado por un único hecho de sospecha de corrupción conocido como “los pollos de Mazzorin”. Sin embargo la historia (y la justicia) determinaron que se trató de la impericia de un funcionario y no de un hecho de corrupción.

Muchos de nuestros lectores jóvenes no imaginan (ni pueden hacerlo) cómo fue vivir la adolescencia o juventud durante la dictadura. Resulta casi tan imposible como hablarles de la vieja Entel (a la que Charly no le debía nada o cuyos cables enredaban a Fito). Por eso es siempre bueno recordarles algunas de sus medidas de (des)gobierno: suspendieron la actividad política; disolvieron el Congreso y los partidos políticos; suspendieron los derechos de los trabajadores; intervinieron los sindicatos, la CGT y prohibieron las huelgas; destituyeron la Corte Suprema de Justicia de la Nación; suspendieron la vigencia del estatuto del docente; clausuraron locales nocturnos; censuraron libros, revistas, canciones y medios de comunicación.

Al reguero de miedo y muerte, los militares golpistas le sumaron corrupción. Lograron 14 créditos del Fondo Monetario Internacional y multiplicaron por 7 la deuda externa de nuestro país condicionando dos generaciones futuras.

Por todo eso elijo hoy celebrar aquel 30 de octubre de 1983, que se identifica con la recuperación de la democracia en la Argentina. No sólo se ponía punto final a la dictadura militar, sino que también era el punto final a la saga de golpes de Estado iniciada el 6 de septiembre de 1930.

Buena semana.

Dejá tu comentario