Editorial

La era de la boludez (recargada)

Hoy por hoy lo que no se traduce en imágenes, no existe. Así las cosas, encontramos a “todo el mundo” filmando situaciones inverosímiles para luego compartir en redes sociales. La boludez tiene muchas formas y atraviesa distintos tiempos de las sociedades que se resisten a madurar y a aprender para crecer. 
domingo, 9 de febrero de 2020 · 08:00

Desde hace algunos años venimos haciendo culto al “vivo” (en distintas acepciones) a través de imágenes.  

A Gonzalo Bonadeo le adjudican una frase que él jura no es suya: “si hay foto, hay video”. El “mito” de Gonzalo creció en una sección de sus tradicionales envíos en TyC Sports, donde a partir de una foto histórica iba en busca del video del mismo momento. Su propuesta era bien difícil, porque en muchos casos encontrar esas imágenes animadas que “machearan” con otras estáticas (en formato fotografía) implicaba una tarea titánica para archivistas, investigadores y muchas veces aficionados memoriosos. Siempre vinculadas al deporte, el slogan de Bonadeo encontró imágenes en color de logros argentinos en los de Juegos Olímpicos de Londres 1948 o Helsinki 1952 inéditos hasta entonces en nuestro país. 

El tiempo y las malas artes (tan propias de muchos de nosotros, los argentinos) hicieron que aquella frase se fuera desvirtuando una y otra vez hasta convertirse en “chiste fácil” de la era digital.  

Hoy por hoy lo que no se traduce en imágenes, no existe. Así las cosas, encontramos a “todo el mundo” filmando situaciones inverosímiles para luego compartir en redes sociales u otros que simplemente esperan en silencio (pero filmando) que suceda algo extraordinario para registrarlo para la posteridad.  

Esta semana apareció una nena enterrada hasta el cuello en las arenas de Santa Clara del Mar, mientras sus padres se bañaban plácidamente durante 40 minutos. Y como eso no alcanza, (mientras filmamos) llamamos a la policía para que intervenga porque la nena empieza a llorar y acusar signos de insolación y hambre. Hasta que por suerte: final feliz. También registramos cuidadosamente el momento en el que la policía detiene a los padres, que indignados gritan que la habían enterrado en la arena para bañarse “con tranquilidad”. Visiblemente alterado, vemos como el hombre les reclama a los uniformados que deciden esposarlo ante el aplauso de otros bañistas que miraban la escena con atención. Mientras lo trasladaban al móvil policial, el detenido continuaba resistiéndose. “¿Qué hice? ¿Decime qué mierda hice? Ustedes no saben quién soy”, grita ofuscado. “Sos un caradura”, le gritó una mujer mientras pensaba estratégicamente que esa frase locutada cerraba a la perfección su historia de Instagram. Acto seguido se puso a filmar a un tipo que se caía una y otra vez al agua al intentar subirse a la tabla de surf. Este video “garpó” más likes que el anterior entre su grupo de seguidores porque se las ingenió para hacer un boomerang re gracioso. Sin embargo, el anterior (el de la nena enterrada en la arena por sus papis hasta el cuello, al sol durante 40 minutos) llegó a los medios nacionales. Su videíto fue reproducido una y otra vez en canales de continuidad informativa y tratado y analizado por expertos en otros programas donde reina el “panelismo” irresponsable. Todo esto, ante la indignación de doña Rosa televidente que concluye en un categórico: “pero qué barbaridad, mirá hasta dónde hemos llegado”. 

Pocos se ocuparon de seguir el tema policial. Pocos supieron que los “papis” detenidos tenían en su casa de alquiler playero un arsenal de pastillas de éxtasis, casi 5 kilos de marihuana y otra enorme cantidad de drogas legales pero adulteradas. Pocos supieron que la nena fue derivada a una asistente social y contenida judicialmente... . Tal vez fue porque el video del tipo cayéndose de la tabla siguió ganando likes y sumando reproducciones, mientras la señora (ya de noche) subía detalles de una pizza grande de jamón y morrones mientras recomendaba el lugar para quien quisiera conocerlo. 

La era de la boludez fue uno de los mejores discos de Divididos, editado en 1993. Cuando le consultaban a Ricardo Mollo (su líder) el porqué de ese “particular” nombre, decía: “¿hace falta aclararlo? ¿No estamos todos viviendo en el mismo país? Tilingo y simplista, acá reina el sálvese quien pueda, la superficialidad y se hace culto al más vivo y no del mejor”. 

1993/2020.  

La boludez tiene muchas formas y atraviesa distintos tiempos de las sociedades que se resisten a madurar y a aprender para crecer. 

Buena semana.  

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