Columnista |

Estado civil: anti

Es tan argentina como el mítico "Contra" de Juan Carlos Calabró. Urquiza o Rosas, Sarmiento o Hernández, peronistas o radicales. Allí donde no hay rival o antagonista, habrá que buscarlo o inventarlo.

Propongo que ésta sea una alternativa a la hora de completar formularios personales.

Después de nombre y apellido, DNI, nacionalidad y domicilio, a la hora de completar el estado civil se sume una alternativa (a casado, soltero, divorciado o conviviente): anti. Sí señor, soy anti. ¿Anti qué? En realidad no importa, anti todo sería. No se muy bien porqué, pero me opongo. Pensé si en realidad era un estado civil o una nacionalidad, pero elegí lo del estado civil para guardarme un poco de esperanza. No somos todos iguales, ¿no? Los argentinos digo. Aunque en realidad este último tiempo se potenció la cultura de la grieta.

Es tan argentina como el mítico “Contra” de Juan Carlos Calabró. Urquiza o Rosas, Sarmiento o Hernández, peronistas o radicales. Esta pasión nuestra se exacerba en el fútbol, donde no solo somos anti Brasil o Alemania, también tenemos que “odiar” a nuestro vecino de barrio. Así dividimos ciudades y barrios: Avellaneda entre Racing e Independiente; Rosario entre Central y Newells; La Plata entre Gimnasia y Estudiantes; Córdoba entre Belgrano y Talleres; Santa Fe entre Colón y Unión; y siguen las firmas: San Lorenzo y Huracán, Lanús y Banfield, Atlanta y Chacarita o River y boca. Allí donde no hay rival o antagonista, habrá que buscarlo o inventarlo. Hasta en los clubes del barrio más chicos de país hay que buscarse un rival.

Hoy vemos cómo los “anti cuarentena” se enferman igual que los confinados; cómo a pesar de haber ganado 5 meses para prepararnos, provincias como Jujuy están al borde del colapso sanitario; cómo miles de personas salieron el lunes masivamente a la calle a quejarse por estar ¿encerrados? Vemos con algo de pena cómo algunos políticos tratan de sacar tajada de cada situación sin importarles básicamente nada y convocan a la gente a que asuma el riesgo de contagiarse para lograr “estar en las noticias”. Pero también vemos cómo el colectivo de la salud (médicos, enfermeros, choferes de ambulancias, maestranzas, etc.) redoblan sus esfuerzos y le ponen el cuerpo a la pandemia, arriesgando su vida, sin perseguir gloria ni ningún bono económico. Vocación de servicio y compromiso con el otro por encima del dinero y del reconocimiento social cuyos aplausos fueron apagándose inexplicablemente.

La semana pasada celebrábamos el avance de las distintas vacunas que la ciencia está impulsando para derrotar al Covid 19 y también la decisión que una de ellas se produzca en la Argentina. No fue triunfalismo, ni hacerle el juego a un gobierno. El mundo entero está a la espera de la vacuna y por eso se aceleran los procesos y los tiempos. Es necesaria y urgente. Sea cual sea: rusa, china, inglesa o estadounidense, tanto científicos como infectólogos y médicos sanitaristas sostienen que sólo la vacuna detendrá el virus.

En este contexto aparecieron los ciudadanos de estado civil: anti. Ahora mutados en “Los anti vacuna”. Parece joda, pero no lo es.

Cuando el mundo científico se encuentra en una carrera sin tregua para dar con la vacuna para el Covid-19, en la Argentina proliferaron voces alzándose contra esa potencial vacuna y/o contra los estudios clínicos para alcanzarla. Todo esto se vincula con el enorme volumen de información falsa que circula en la red y con el crecimiento sostenido de los movimientos antivacunas, que encontraron en el coronavirus un campo fértil para difundir sus teorías pre cámbricas.

Declaraciones de figuras públicas contra la vacunación en general y contra la obligatoriedad de una vacuna contra el Covid-19 para poder viajar, son también alimento para la desinformación y los mitos que pueden tener efectos tan nocivos como impensados. No me cansaré de exigirle a los comunicadores públicos responsabilidad personal, cívica y profesional. Que las voces de los Feinmann o las Canosa sean una excepción.

Las causas por las que una persona puede oponerse a las vacunas son diversas, por ejemplo motivos religiosos o filosóficos. Las consecuencias de algunas de estas posiciones extremas están documentadas. Uno de esos lo tenemos bien cerca. El último caso endémico de sarampión en la Argentina había sido en 2000. En 2016 nos declaramos país libre de sarampión hasta que la interrupción de la aplicación de la vacuna produjo que el 28 de marzo de 2018 confirmara el primer caso de sarampión en una beba de 8 meses, sumando luego 144 nuevos casos a febrero 2020.

La primera vacuna de la historia se utilizó en 1796 contra una suerte de viruela que se contagiaba de las vacas. Pasaron 224 años. Doscientos veinticuatro años.

Último párrafo para despedir a un amigo de todos los que hacemos realidad el multimedio, Abel Barberis. Desde su trabajo como portero del Grilli de Monte Grande supo ganarse cariño y respeto en partes iguales. Hasta siempre querido Abel, descansá en paz.

Buena semana.

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