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Planes sociales por empleo genuino: sin capacitación no habrá trabajo digno

Columna de opinión de Mario Alberto Giannoni, ex ministro de Educación de la provincia de Río Negro y de la Ciudad de Buenos Aires.

Entre tanta grieta, ¡finalmente los argentinos encontramos un punto de consenso!

Gobierno y oposición, dirigentes gremiales, líderes sociales y la opinión pública en general, acuerdan que es necesario transformar los planes sociales en trabajo genuino.

Es de esperar que nadie crea que la tarea será fácil. No alcanza con buenos deseos, anuncios ni normas escritas. Habrá que transitar un camino plagado de obstáculos y en muchos casos con vientos en contra.

El pasaje del “plan” al trabajo genuino no podrá hacerse sin capacitación y formación profesional previa, permanente y continua.

¿Si probamos con empezar por un gran plan nacional de Formación Profesional?

La Formación Profesional ocupa hoy un lugar central en las políticas educativas de muchos de los países más importantes del planeta. Por eso ya no llama la atención que el País Vasco, referente internacional ineludible en el tema, tenga un Vice Ministro de Formación Profesional en el Ministerio de Educación o que el gobierno de España haya modificado recientemente el nombre de su cartera educativa, para denominarla: “Educación y Formación Profesional”. Parece un camino interesante para la Argentina. No solo por el cambio de nombre sino por lo que ello implica.

El desempleo estructural que sufre el país no obedece únicamente a carencias formativas, pero sí debiéramos comenzar a encontrar nuevas propuestas desde la educación.

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Mario Alberto Giannoni nos trae su columna de opinión.

Mario Alberto Giannoni nos trae su columna de opinión.

Un programa nacional de FP (formación profesional), que valore y respete la rica tradición existente, en dependencia del Ministerio de Educación, tendría que considerar los siguientes componentes:

La capacitación específica. Se puede elegir alguna alternativa de formación profesional por distintas motivaciones: a) un interés privado (quiero desarrollar alguna capacidad o adquirir alguna destreza por el deseo de superación personal), b) para mejorar mis condiciones de empleabilidad o adquirir los conocimientos y habilidades para desarrollar un proyecto autónomo. La oferta existente de cursos de formación profesional para responder a esas demandas es amplia. Municipios, provincias y estado nacional tienen una oferta variada; gremios y empresas una vasta y rica experiencia y saberes acumulados; varias universidades se están asomando al tema. Se pueden encontrar cursos desde las actividades más simples hasta desarrollos de complejas tecnologías.

Capacitación en organización de mutual, cooperativa o pequeña empresa. Aquí sumamos un elemento menos difundido. Un proyecto productivo es casi siempre una tarea colectiva, solidaria. Es importante ofrecer a los capacitados el asesoramiento necesario para organizarse. Asesoramiento legal, que se inicia mostrando las alternativas de organización existentes; y asesoramiento económico, contable y financiero (qué es y cómo se elabora un plan de negocios).

Crear un Fondo Rotativo de Financiamiento. Cuesta creer que con los fondos que se destinan desde hace años a planes sociales éstos no se hayan vinculado a requisitos de capacitación. Hay ahí recursos que, con una buena organización, pueden generar un mayor y mejor beneficio a quienes los reciben. Además de los planes ya existentes hay que ofrecer créditos blandos, que se otorguen contra la capacitación (no contra una garantía o hipoteca) y para una actividad productiva.

Luego algo a lo que no estamos acostumbrados: verificar el cumplimiento de los objetivos propuestos. Hay que asegurar que un programa diseñado para ayudar especialmente a los sectores más necesitados llegue a ellos, con una sana e inteligente administración y que el Estado pueda evaluar el impacto de las políticas que aplica.

Aunque la oración ya sea un lugar común: sin capacitación no se puede; y solo con capacitación, no alcanza. Pero la necesaria transformación del aparato productivo, generar un incremento de la inversión pública y privada y mejorar las políticas públicas excede, y mucho, los límites de estas líneas. Siempre correremos el riesgo de que, si lográramos capacitar a todos los que lo requieren y necesitan, sin las transformaciones necesarias, tal vez estemos formando legiones de emigrados con buenas calificaciones laborales. Un lujo que el país no puede permitirse.

Quizás el primer paso para desarrollar una cultura del trabajo y de la producción sea el hecho de instalar en la opinión pública, hasta transformarlo en sentido común, que la capacitación es un valor y un bien social e individual. Capacitarse es un derecho y también una responsabilidad. Para hacerlo realidad hay responsabilidades de los poderes públicos y también de los ciudadanos.

El conjunto de escuelas técnicas, las instituciones que brindan formación técnica de nivel terciario y el sistema universitario conforman una base extraordinaria para pensar nuevos proyectos y enfrentar nuevos desafíos para la Formación Profesional.

¿Cuál puede ser el rol del estado nacional para potenciar la FP? Adecuar los marcos normativos; identificar áreas prioritarias, ayudar a distribuir mejor la oferta en todo el territorio; modernizar planes, programas y equipamientos, pueden ser buenos comienzos. En el mundo globalizado y súper tecnológico, un pequeño emprendimiento puede exportar su producción y mejor aún, puede organizarse a partir de haber detectado una necesidad o demanda en algún rincón lejano. El Estado puede, y debe, explorar y articular esas posibilidades.

El acuerdo tripartito entre empresas, sindicatos y Estado (en sus tres niveles) es la base y el eje sobre el que se estructuran los programas de FP en otros países. La realidad nacional en la que una gran parte de la población vive en la informalidad requiere la incorporación de otros actores, justamente la de los sectores más necesitados.

Mejorar las calificaciones técnicas de la población incrementa sus posibilidades laborales y, consecuentemente, abre mejores posibilidades al ejercicio de la ciudadanía.

No dejar pasar la oportunidad que abre el consenso sobre el tema, es el desafío.

Mario Alberto Giannoni

Ex ministro de Educación de las provincias de Río Negro y Ciudad de Buenos Aires

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