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Una de piratas

Boca llora porque cree que le hicieron "una de piratas" en la serie versus el Mineiro de Nacho Fernández. El VAR mató el fútbol de las 13 reglas; pero no tiene la culpa de las malas decisiones que toman los que lo aplican. En rugby y hockey se usa sin que ningún deportista termine en una comisaría. Por Ricardo Varela.

No maten al mensajero (que sería el VAR en este caso).

Muchos me conocen futbolero. Algunos saben que mi opinión sobre la aplicación del VAR no es la mejor, pero nunca estaría en contra de la tecnología porque iría contra mi esencia profesional como ingeniero.

El fútbol es el idioma universal del deporte por muchos motivos, pero fundamentalmente porque en su reglamento hay solo 13 reglas y porque para jugarlo no hacen falta muchos condicionantes.

Así vemos cómo hay chicos que reemplazan la pelota por una chapita de gaseosa, una madeja de lana y medias o simplemente una piedra; y hacen un arco con dos buzos o piedras más grandes que las que usan para patear. La cancha se marca con cualquier recurso natural o la proyección imaginaria de una línea invisible; al que “vive en offside” se lo llama pescador; la altura del travesaño la fija la altura que alcance el arquero dando su mejor salto; los fouls tienen que ser bien evidentes (para no entrar en discusiones estériles); los equipos se dividen entre los que tienen camiseta y los que están “en cuero”; los goles se gritan sin exagerar porque las cargaditas se pagan duro en el siguiente cruce. Este contexto no existe la “mancha venenosa”, ni un agarrón de camiseta o la incidencia microscópica de una rodilla en posición adelantada.

Tal vez por todo la anterior el fútbol se esparció masivamente por un mundo desigual en recursos, y tenemos potreros de tierra, canchas de sintético aprobado por FIFA y otras con una seudo alfombra verde que cuando caes te quema en lugar de “raspar”.

La historia del fútbol no televisado tiene mil anécdotas de jugadas polémicas, goles que no fueron, manos que no se vieron. El paso del tiempo y el relato oral hizo a algunas más épicas de lo que en realidad fueron. Tal vez el caso más emblemático de la historia tuvo lugar en 1966. Si bien fue el primer mundial que se emitió en directo, por satélite a todo el planeta, no había VAR ni el telebeam de Macaya Marques. Para el recuerdo eterno quedó un gol polémico en la final, que ni la flamante televisión de entonces pudo aclarar. Eran la Inglaterra de Bobby Charlton y la Alemania de Beckenbauer. Inglaterra tenía ganado el partido hasta el minuto 90. Pero en el último instante Alemania empató y hubo alargue. La jugada polémica de la historia es un tiro de Hurst que pega en el travesaño, pica en la línea y es despejado al córner por Weber. Hurst salió gritando gol mientras el línea y arbitro dudan hasta que dan por válido un gol que no fue. Sólo mucho más tarde, en 1995, un estudio de la Universidad de Oxford confirmó que la pelota no había entrado. En el vestuario local del mítico Wembley (hace poco reconstruido) está inmortalizado aquel travesaño de madera de 1966, en una especie de guiño a la trampa que los ingleses dicen detestar y Maradona les hizo recordar en 1986. Una especie de maldición cayó sobre los jugadores de aquella selección: solo sobreviven nueve mientras que la gran mayoría tuvo una muerte “parecida”. A excepción del capitán Bobby Moore que falleció de cáncer de colón a los 51 años, el resto de los campeones del mundo de 1966 tuvieron enfermedades relacionadas con la pérdida de la memoria…

Volvamos a Brasil 2021.

Boca llora porque cree que le hicieron “una de piratas” (Joan Manuel Serrat dixit) en la serie versus el Mineiro de Nacho Fernández. Le aplicaron el milimetraje para cobrar un offside que muy probablemente fue, pero “nadie cobra”. Como tampoco se cobran otras situaciones más evidentes (aún con VAR). ¿Falla el VAR? ¡No! Fallan los seres humanos. El VAR mató el fútbol de las 13 reglas, las líneas imaginarias y los buzos como arcos; pero no tiene la culpa de las malas decisiones que toman los que lo aplican.

Tal vez podríamos imitar otros deportes donde el uso de la videotecnología se aplica sin generar el enorme debate que sí se da en fútbol. En rugby y hockey se usa sin que ningún deportista termine en una comisaría. Los jugadores de tenis tienen 3 posibles pedidos de revisión (Challenge u ojo de halcón) por partido sin importar cuantas “dudas” tengan o errores se comentan después de haberlos usado. Los “arbitros” son un jugador más de los partidos que dirigen y su falibilidad “juega” tanto como la eficacia de un 9 a la hora de definir un mano a mano o la de un arquero al bajar un centro. Ese también es la esencia del juego.

Último párrafo para lamentar a los pseudo dirigentes de Boca en Brasil que iniciaron una trifulca infantil cuando los jugadores (que supuestamente son los tienen las pulsaciones a mil) estaban por ducharse en el vestuario. Lo dijimos hace una semana en relación a la política y lo repetiremos hoy: faltan dirigentes.

Buena semana.

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