Entre las miles de cosas que la pandemia postergó (o se llevó), pasó “de largo” nuestro aniversario número 15. Esta semana un amigo me recordó (casi como un reclamo) que al cumplir 10 años habíamos organizado una gran fiesta que coronó un inolvidable concierto del dúo Baglietto Vitale cuya convocatoria colmó el Grilli de Canning.
- ¿Yo, señor? -¡Sí, señor! -¡No, señor!
No hay ningún caso como de Natalia Denegri en el país y una sentencia de la Corte a su favor podría sentar un precedente que después pueda favorecer a, por ejemplo, condenados por delitos para que no se sepa qué hicieron. Por Ricardo Varela.
Caí en la cuenta que ya habían pasado cinco años de aquel festejo y también que los 15 años en el medio de la pandemia impidieron una celebración que de algún modo (nos) “debemos”. En la conversación me propuso organizar un maratón familiar que en un principio me resultó interesante.
El punto de inflexión fue cuando una de las condiciones propuestas para la organización era la contracción de “celebryties” o “influencers”. “Tenés que sumar entre 150 y 200 mil pesos para contratar presencias de famosos que te jerarquicen la carrera. Están en la largada o en la llegada y entrega de premios, vos elegís”. Que suerte que puedo elegir pensé (sobretodo después de pagarles, ¿no?).
La nómina de los “pagables” incluía muchas caras conocidas del ámbito televisivo, youtubers y nuevas estrellas de la era digital. La ventaja de estos últimos es que también podrían incluir (con una módica diferencia) algún posteo motivacional entre sus valerosos seguidores.
De repente se me vivieron a la mente que alguno de los posibles candidatos ofrecidos para darle brillo a nuestra maratón (con sus respectivos cachets), cuestionando en pseudo paneles televisivos a los manifestantes que concurren a marchas a cambio del sandwich y la coca, un bolsón de comida o de simples 500 pesos. Y no les encontré diferencias. Los dos hacen “presencias”, ¿no? Tal vez en el caso de los manifestantes, alguno (al menos alguno) lo haga por un interés o necesidad genuina. En consecuencia, el maratón pasó a mejor vida…
Otro tema que quiero compartir con vos tiene como protagonista a Natalia Denegri. Si no la tenés, te cuento que tiene 45 y es conductora, periodista, actriz y productora de TV en Estados Unidos. Su carrera en los medios la llevó a ganar 22 premios Emmys. Se define como “filántropa” y una mujer a la que le gusta “llevar luz a donde hay oscuridad”. Por cierto, una imagen algo distinta a la que aparece de ella misma si la buscas en Google, donde aparecen épocas en las que los escándalos en los programas de televisión la involucraron a ex futbolistas, políticos, famosos y mediáticos.
Natalia Denegri esperaba al cierre de esta edición que la Corte de Suprema de Justicia de la Nación fallara a su favor en una causa con la que quiere “recuperar su dignidad”. Para eso le pidió a Google que deje de vincular su nombre con el material de esa época, invocando el “derecho al olvido”.
“Me parece súper injusto que hayan pasado más de 20 años y estén colgados esos videos. Yo no estoy pidiendo que se borren las noticias de la época. Soy conductora de TV y estoy a favor del derecho a la información. Estoy en contra que sigan apareciendo esos videos, que promueven la violencia mediática y de género. La motivación mía es que no hay derecho que Google le diga al mundo que yo soy eso porque no soy eso”, afirma Denegri.
Casi como autodesconociéndose, Natalia afirma que esa época significaron problemas familiares, la enfermedad de sus padres, que su hermano tuviera que dejar de estudiar. “Fue terrible lo que vivimos y yo no voy a permitir que mis hijos sufran por lo mismo. En Estados Unidos el bullying es muy grave y hay niños que se suicidan. ¿Cómo le explico a mi hija de 7 años que fui amenazada por productores de TV y un juez para hacer muchas cosas? ¿Cómo les explicas que no sos lo que Google insiste que sí sos? Tuve que irme del país para poder desarrollarme profesionalmente porque había quedado en la Argentina entre 1996 y 1998 estigmatizada”.
No hay ningún caso como éste en el país y una sentencia de la Corte a su favor podría sentar un precedente que después pueda favorecer a, por ejemplo, condenados por delitos para que no se sepa qué hicieron.
Se trata de un leading case que el mundo de los medios locales sigue con atención más allá la voluntad individual de Natalia, que prefiere “borrar” su historial a convertirse en un caso de resilencia, del cual (incluso) podría estar orgullosa frente a su familia y la mirada de sus hijos….
Buena semana.

