Entre acuerdos de libre comercio, la crisis en River y la mar en coche, esta semana en Radio Mitre el periodista Eduardo Feinmann le hizo una entrevista muy interesante al entrenador de tenis español Toni Nadal. El tío del gigante Rafa Nadal habló de varios temas, pero especialmente se animó a responder una de las preguntas que más circulan en la calle, en las charlas familiares y entre amigos: ¿por qué se juega tanto al pádel?
Estéticamente superiores
Por Nico Varela (@nicoevarela).
“Es una moda”, suele ser la explicación más común. Un negocio sencillo para una primera inversión y de poco mantenimiento. La nueva cervecería artesanal o el café de especialidad que, a su vez, habían sido los parripollos y las canchas de pádel de los noventa. El clima de época es innegable, pero dejarlo como única razón se queda corto. En el corredor verde de Canning hay ejemplos a la vista de que la inversión en pádel, esta vez, es mucho más seria. Y no solo allí: en Monte Grande también se ven canchas viejas refaccionadas, que ahora ofrecen servicios adicionales alrededor del partido, e incluso un fenómeno impensado años atrás: canchas de pádel donde antes había canchas de fútbol.
Toni Nadal lanzó una frase contundente: “Hay que achicar las raquetas”. Aseguró que el tenis de hoy se resume en “pegarle fuerte” y dejó un ejemplo demoledor: “El tenis empieza con un penal, un saque que si es potente no se puede responder”. ¿Cómo se relaciona esto con su propuesta? “Con una raqueta más pequeña, el saque ya no irá a 200 km/h y estarás obligado a jugar el punto”. Pero lo que más me llamó la atención, desde el prisma con el que observo todo, fue cuando reconoció que “a tanta velocidad no se puede apreciar la estética como cuando jugaban Vilas o Borg”.
Juani Carnevale, vecino de la Martona, participando de la inauguración de las nuevas canchas en Lagos de Canning.
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Entonces, si en los niveles más altos se pierde la estética del deporte, ¿dónde se encuentra hoy? Según Nadal, en el pádel. La esencia del juego, sumada a los cambios de esta década, convierte al pádel en la versión más bonita del tenis. La fuerza no sirve. Entre la alfombra y la pared de vidrio, pegar fuerte es una opción cada vez menos necesaria. Y no solo eso: pegar fuerte por pegar fuerte no sirve de nada. Un pelotazo al cuerpo puede ser devuelto con facilidad, y un golpe poderoso sin dirección clara es casi un regalo para quienes manejan bien la pared.
La observación es brillante. Entender lo que plantea Nadal ayuda a comprender por qué hoy se juega más al pádel que al tenis, incluso desde la óptica de las redes sociales. Hay muchos más puntos espectaculares en pádel que en tenis, y uno tiende a querer jugar aquello que ve: antes en televisión, hoy en Instagram o TikTok.
Pero Nadal también menciona un detalle que invita a pensar que no todo está perdido para los amantes del tenis. Aunque el español cree que las cosas no van a cambiar a nivel profesional, su mensaje esconde un faro de esperanza. Según él, reducir el tamaño de las raquetas también achicaría la distancia entre el jugador amateur y el profesional, quitándole peso a la cuestión física. “Pero los dirigentes no quieren causarle problemas a los mejores jugadores; por eso la gente juega mucho más al pádel, porque es más fácil de aprender”.
Del Potro frente a Federer, ATP 500 de Basilea.
Si tan solo existiera un lugar donde se apreciara la estética del tenis por encima de la capacidad física…
En Canning y alrededores, en gran medida siguiendo la tradición de FACCMA que tiene categorías muy mayores en edad compitiendo, se juega tenis de verdad. Nadie está "obligado" a jugar el punto, y los destellos de talento aparecen cada fin de semana. En lugares como este está el futuro de la disciplina, como es el caso de Juani Carnevale, vecino de La Martona que viajó esta semana a Perú para representarnos en un campeonato mundial sub12.
Pero, además, me gustó lo que dijo Nadal porque reafirma mi preconcepto, un paradigma que ha sido leitmotiv de toda mi vida periodística: el deporte amateur es infinitamente superior al deporte profesional. Es más entretenido de ver, más apasionante, más estético, más competitivo y —mientras se mantenga en manos de los jugadores— infinitamente más sano.



