Es imposible no perderse de algo. En esta Argentina vertiginosa, terminar de escribir dos días antes de que se publique hace casi imposible la tarea de tener en cuenta todos los acontecimientos. Lo mencioné en la primera columna, pero todavía no salgo de mi asombro e incomodidad. La procacidad descrita por los dirigentes del fútbol argentino de la semana pasada me pareció menor cuando el sábado el ministro de Economía, Luis Caputo, dijo en su cuenta de X: "Nunca hablamos con los bancos de un rescate, ni de 20 mil millones". Entre las respuestas al 'twit' se ve una y otra vez la captura de pantalla del mismo Caputo citando al Banco Central con la leyenda "Importante 2". El twit del BCRA decía: "El BCRA y el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos firman acuerdo de estabilización cambiaria por USD 20.000 millones". Todas las publicaciones mencionadas siguen activas. Nadie las borró.
¿Quién dijo que todo está perdido?
Por Nico Varela (@nicoevarela).
El tema fútbol siguió para convertirse definitivamente en el tema de la semana, el tema del momento. La AFA sancionó a Estudiantes de La Plata por darse vuelta en el pasillo que todos vimos, y Pablo Toviggino amenazó a los 'pincharata' con que el año que viene los iba a hacer descender. Entonces el país se dividió en dos otra vez.
"No puedo creer que Tapia me haga estar de acuerdo con Verón", fue una de las frases que más escuché, reconociendo el sesgo de propias amistades. La mayoría de las personas que me rodean estarían en contra si se les propusiera vender su club, por eso creyeron que su lugar natural era del lado del presidente de la AFA, Claudio Tapia. Yo también creí. Pero un traidor puede más que unos cuantos.
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Somos unos cuantos los que nos sentimos perdidos en esta pelea. En la última (y hasta ahora única) entrevista que dio Juan Sebastián Verón, presidente de Estudiantes de La Plata, el viernes por la mañana en Radio Con Vos, repitió lo que ya había dicho más de una vez: que él quiere privatizar los clubes. Así, literalmente, igual que Macri a fines de los noventa. A principio de año quiso que el empresario Foster Gillet le preste a Estudiantes una cantidad de dinero reconociendo que éste lo haría para obtener un rédito económico, un negocio. Tanto insistió que dijo que era la única manera que tenía para que el club crezca, que ya había "alcanzado su techo", y que si el acuerdo no se concretaba estaba dispuesto a renunciar al cargo. Esto último no lo repitió el viernes, me imagino que atento al título internacional que consiguió Lanús, sociedad civil sin fines de lucro.
Yo no estoy de acuerdo con eso. Tampoco estoy de acuerdo con Tapia. Porque Tapia me parece un tramposo. Y fuera de eso, no son tan distintos. Tapia es dueño de Barracas Central. El club prácticamente no tiene socios, y no los tendrá jamás a menos que sea el propio Tapia el que lo permita. El dinero que algún inversor oculto le prestó a Barracas para poder construir el estadio al que le puso su nombre lo pidió, lo aceptó, y lo cobrará el día que se devuelva, el mismo Tapia. Podría nombrar otros ejemplos como el club de la latita, o el de los recitales, etc. Nadie le puede exigir a Tapia ni a ninguno de los que ustedes están pensando que muestren números, balances, ingresos, gastos, costos... nada.
Este es el país de los campeones del mundo. De este país salieron Di Stefano, Bochini, Maradona y Messi. Y si me animo sumo a Ginobilli, Luciana Aymar, Monzón, y la lista sería interminable. Las Asociaciones Civiles Sin Fines de Lucro reparten deportistas coronados de gloria por todo el planeta desde hace más de 100 años y contando. A veces hubo que volver a empezar, y quizás esta sea una de esas veces. Con mayor participación, más eficiencia y, por sobre todas las cosas, dejando los negocios para el ámbito de los negocios, y los deportes para los deportes. Para que sí. Para ver la bandera Argentina, la de mi club, la de mi barrio, lo más alto posible por mérito propio. Ni Tapia ni Verón. Ni una mezcla de ambas, ni un poquito de cada una. Una forma que no descrea del valor de las personas que la integran. Porque se puede. Lo vi y lo veo todos los días con mis propios ojos.
No sé si seremos pocos o si seremos muchos, los soñadores, pero no somos los únicos. Y cada vez somos más.

