Escuchar no es solo oír palabras. Es comprender lo que el otro necesita, siente, teme, desea, propone, incluso cuando no lo dice directamente.
¿Escuchas o solo oyes?
Por Mónica Dreyer.
Saber escuchar es un tema que estamos viendo en el curso de Ontología del Lenguaje en nuestra Escuela de Liderazgo. Desde este enfoque, saber escuchar, no tiene que ver solo con oír sonidos o palabras, sino de abrirse al mundo del otro, es la capacidad de interpretar el trasfondo emocional y las intenciones del otro.
Escuchar pone en juego nuestra disposición emocional, creencias y expectativas. Nos invita a suspender juicios (opiniones que nos aparecen mientras estamos escuchando) y conectarnos desde la comprensión profunda.
En un mundo donde todos quieren ser oídos, escuchar de verdad marca la diferencia.
¿En la vida personal?
Imagina una discusión de pareja donde alguien dice: "Nunca estás en casa". Escuchar ontológicamente no es quedarse con la queja literal, sino reconocer el pedido oculto: "Necesito más tiempo contigo". Esa escucha transforma la reacción en cuidado y genera vínculos más auténticos.
¿Y en lo laboral?
Un líder que escucha más allá de los resultados percibe emociones y necesidades. Si un colaborador dice: "No sé si voy a poder con esto", quizá está pidiendo apoyo, no solo expresando inseguridad. Escuchar con inteligencia emocional, mejora el clima, la confianza y el compromiso.
¿Escuchás de verdad? Estas preguntas te pueden ayudar a reflexionar:
¿Miro a los ojos a la persona mientras me habla?
¿Intento entender también cómo se siente, además de lo que dice?
¿Pregunto si algo no me queda claro?
¿Dejo que termine de hablar o interrumpo?
¿Cambio el tema para hablar de mí?
¿Estoy presente o pensando en qué voy a responder?
Escuchar no es fácil. Requiere callar el ego, soltar el juicio y abrir el corazón. Pero ahí empieza la verdadera conexión.

