Al igual que en la Argentina, la actualidad de Venezuela dominó la agenda pública española esta semana. Primero, con la extracción de Maduro y la esperanza de que eso significara el principio del fin de la dictadura chavista. Luego, con la preocupación por el revival imperialista de Donald Trump que ya no mira solo al Caribe sino también a Groenlandia, la isla de hielo que pertenece a Dinamarca, parte de la OTAN y la Unión Europea.
Correo desde Madrid: Ilusión y desencanto
En España hay alrededor de 400 mil ciudadanos venezolanos y esta semana hubo festejos en las calles de Madrid. De Little Caracas a Buenos Aires.
En España viven alrededor de 400.000 ciudadanos venezolanos, una cifra que se multiplicó por diez en la última década madurista. Hay 213 mil venezolanos afiliados a la seguridad social, o sea que trabajan en blanco, lo que supone un espectacular incremento del 1.200% respecto a 2015, cuando eran menos de 17 mil. En Argentina, en tanto, se registran alrededor de 200.000 venezolanos. Todos forman parte de la diáspora de casi 8 millones que emigró en la última década, con la debacle del régimen que inició Hugo Chávez.
Acá en Madrid conocí unos cuantos, y se corresponden en gran medida con el perfil de migrantes que recibimos en la Argentina. Generalmente son de clase media, muchos con estudios universitarios, y se hacen notar por su trato cálido y extremadamente educado. Tanto para viajar a Europa como en la mayor parte de los casos a Buenos Aires, tienen que acceder a un pasaje de avión, lo que en la saqueada economía bolivariana representa un filtro de clase. En España surge la complicación de los papeles, aunque es un problema menor para gente que deja atrás tierra arrasada. Incluso Madrid tiene en el coqueto barrio de Salamanca una “Little Caracas” integrada por las elites que tuvieron que marchar al exilio y también por chavistas caídos en desgracia ante el régimen. Argentina, con su “para todos los hombres del mundo…”, es más sencilla y accesible, pero con una economía mucho menos seductora.
Leé más:
Correo desde Madrid: Llenarnos de guiris
Con las heridas del chavismo sobre la piel, una masa importante de los venezolanos emigrados copó el pasado sábado, cuando se conoció la noticia de la “extracción”, la Puerta del Sol de Madrid, que funciona como punto de concentración a la manera de nuestro Obelisco o nuestra Plaza de Mayo. Había euforia y agradecimiento a Trump, a la vez que preocupación por los familiares y amigos en Caracas, la capital sobre la que habían caído bombas pocas horas antes.
Los emigrados venezolanos descolocan a los partidos políticos. Por los traumas de la dictadura bolivariana, la mayoría se expresa en contra de todo lo que tenga que ver con la izquierda, como el gobierno del presidente socialista Pedro Sánchez. La derecha denuncia los vínculos del PSOE con el chavismo y busca capitalizar el apoyo de los exiliados caribeños, a la vez que propone endurecer las fronteras y limitar el ingreso de inmigrantes.
Con el correr de los días, los globos amarillos, rojos y azules de la Puerta del Sol se fueron pinchando. Con Delcy Rodríguez en el poder como vicaria del Departamento de Estado; el presidente electo Edmundo González Urrutia y Corina Machado sin agenda de regreso a su país; y Trump gritando a cielo abierto que su único interés es el petróleo, sin mencionar ni al pasar la palabra democracia… El panorama se puso más oscuro. Por suerte, ningún venezolano se apuró a sacar el pasaje para volver a su tierra.

