Columnista | Correo desde Madrid | Gianluca Prestianni | Manuel Nieto

Correo desde Madrid: ¿Somos racistas los argentinos?

El futbolista argentino Gianluca Prestianni protagonizó la polémica de la semana: habría llamado “mono” al crack del Real Madrid Vinicius Junior. Por Manuel Nieto

No son las semanas más fáciles para ser argentino en Madrid. El gran tema de los últimos días es el supuesto insulto racista del futbolista argentino Gianluca Prestianni al brasileño Vinicius Junior: lo habría llamado “mono” escondiendo la boca bajo la camiseta. “Vini”, una de las figuras del Real Madrid, salió corriendo a denunciarlo ante el árbitro en el marco de su cruzada contra los insultos racistas que sufre en todas las canchas españolas. Prestianni fue el blanco de todas las críticas (aunque él negó haberle dicho “mono” al brasileño) y cristalizó aún más la imagen muy difundida que hay en el mundo sobre los argentinos como racistas.

El “Prestianni-gate” se encadenó con una discusión que surgió en las redes sociales la semana pasada a partir de la presentación en el Súper Bowl del cantante puertorriqueño Bad Bunny. Enfrentado a Donald Trump por sus redadas anti inmigrantes, el autor de “Yo perreo sola” montó un show en el que buscó representar y reivindicar a Latinoamérica. La performance fue muy bien recibida por la crítica, pero muchos argentinos levantaron el dedito para decir que no se sentían representados por lo que Bad Bunny mostraba como América Latina. Por eso se empezó a hablar en las redes de que los argentinos no se consideran latinos.

Este concepto, acá en Madrid, que está lleno de migrantes de toda América Latina, causa desprecio hacia los argentinos que van con aires de superioridad. Y entre los españoles causa gracia: “¿Acaso vosotros creéis que sois europeos?”, dicen, mientras muestran videos de la barrabrava de Boca de los que tanto se viralizan acá (porque les fascinan).

Argentina ha tenido elementos excepcionales dentro de América Latina, especialmente por la inmigración europea masiva en los siglos XIX y XX y por haber consolidado una clase media más amplia que en el resto del continente. Pero nada más. Gran parte de ese relato “europeo” se basó en ocultar los componentes indígenas y mestizos de nuestra población. Y la performance macroeconómica de nuestro país -dependiente de las exportaciones de productos primarios, con crisis recurrentes y con crecientes niveles de pobreza- no deja dudas sobre su ubicación en el mapa. Es lógico que se nos rían en la cara cuando aparece un argentino que no se siente parte de América Latina.

Leé más: Correo desde Madrid: El fuego sagrado: de Luis de la Fuente a Lionel Scaloni

La acusación de racismo, como pasó esta semana con Vinicius, es más pesada. No soy un negador de la discriminación que hay en Argentina. Toda la vida escuché el discurso de los “negros cabeza” que “no son negros de piel sino de alma”. En los últimos años, especialmente entre los simpatizantes del presidente Milei, se puso de moda usar “marrón” como insulto. Son discursos que circulan entre nosotros y que tenemos naturalizados. No nos podemos hacer los boludos.

Pero eso no quita que muchas de las acusaciones de racismo que recibimos los argentinos están basadas en la falta de comprensión del contexto, marcada por el trato desprejuiciado que recibió nuestra población multicultural: los tanos, gallegos, rusos, polacos, paraguayos, bolivianos y turcos, entre otros. Que “Negro” puede ser una palabra para discriminar, pero también la palabra más cariñosa.

Un ejemplo: en mi primera semana en Madrid, iba por el Paseo de la Castellana y llamé por teléfono a mi mejor amigo, con quien nos decimos “Negro” el uno al otro. Lo saludé con la naturalidad de toda la vida: “¿¡Qué hacés, negro hijo de puta!?” Pero la mujer que caminaba adelante mío se dio vuelta y me fulminó con la mirada. Así que no dije más “negro” en el espacio público, por más que mis intenciones fueran las mejores, porque si uno está en otro país, tiene que aceptar sus reglas.

Por eso lo de Prestianni, si efectivamente llamó “mono” a Vinicius, es indefendible. Prestianni es un deportista profesional que cobra una millonada por parte de un club europeo. Así que no hay matices culturales que lo salven. Comparar a una persona negra con un mono es el insulto racista más universal y está mal incluso en el contexto argentino de mayor flexibilidad con los términos.

Por supuesto que esto no habilita una caza de brujas contra Prestianni ni una psicopateada colectiva del progresismo mundial contra los “argentinos racistas”. No tengo claro si Argentina es más o menos racista que otros países. Sí sé que un argentino que insulta con la palabra “mono” es una vergüenza, pero también que es un orgullo el país en el que los hijos de Europa del Este hasta el Altiplano terminaron compartiendo escuela, barrio y sobremesa. Me gustó un tuit de esta semana que decía que Argentina no es racista sino multidiscriminatoria: se discrimina, pero indiscriminadamente, a todo el mundo, y todo argentino tiene derecho a ser discriminado.

Embed - https://publish.x.com/oembed?url=https://x.com/diegomintz/status/2024880880242528637&partner=&hide_thread=false

Dejá tu comentario