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Correo desde Madrid: El fuego sagrado: de Luis de la Fuente a Lionel Scaloni

El estilo del director técnico de la Selección Española de Fútbol choca con el bilardismo argentino. Por Manuel Nieto

Hace unos días asistí a una charla del entrenador de la Selección Española de Fútbol, Luis de la Fuente. Como en todo país futbolero, el seleccionador nacional tiene una entidad de autoridad cuasi presidencial, y en el caso de De la Fuente lo avala el pergamino de haber conquistado en 2024 la cuarta Eurocopa en la historia de España. Así que se prepara para el Mundial con un aura ganador y con un equipo plagado de estrellas, que lo posicionan como uno de los máximos favoritos.

Una de las cosas que me llamó la atención es que De la Fuente (con una trayectoria que está ligada a la formación de juveniles, como lo era en Argentina José Pekerman) se dedique al “conferencismo” en paralelo a ocupar el máximo cargo al que puede aspirar un director técnico en su país. Da charlas motivacionales para jóvenes, participa de actividades en escuelas de fútbol, capacita a otros entrenadores.

¿Tiene esto algo especialmente bueno o malo? La verdad es que no. El trabajo de un seleccionador no tiene el nivel de intensidad diaria que requiere el de un técnico de club, que juega dos partidos por semana, así que no debería ser nada reprochable que De la Fuente aproveche sus dotes de orador y su carisma para llevar sus ideas adonde lo convocan. No falta a los entrenamientos por contar su historia inspiradora.

Pero, aunque no tenga nada de malo, tengo que admitir que a mí me hizo ruido. En un mes España va a estar jugando la definición de la Finalissima con Argentina y en cuatro meses empieza el Mundial, la cita más importante del deporte a nivel global. Con mi cabeza de argentino, pienso que es mucho lo que hay en juego como para que el máximo responsable del equipo esté dando charlas como si fuera un sobreviviente de la tragedia de los Andes. Y más cuando en esos eventos dice cosas como que para él lo importante es conformar equipos de buenas personas, o que está orgulloso de llegar al Mundial como favorito y que su compromiso es “competir al máximo nivel”.

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“¿Pero qué tiene de malo, cabrón?”, me preguntaba mi amigo Enrique cuando yo trataba de explicarle que, si fuese español, estaría indignado con De la Fuente: que me llenaría de preocupaciones y, ante su actitud, estaría vislumbrando una eliminación en primera ronda, con jugadores llorando y periodistas deportivos pidiendo renuncias. Hice el esfuerzo de tratar de resumirle lo que significa el bilardismo, que no es un estilo de juego sino una filosofía nacional (lo siento, menottistas, pero tienen que aceptar que el Dogma del Narigón caló en nuestro ADN más profundo que el del Flaco).

No estoy seguro de haberlo podido transmitir bien, pero ahí me acordé del famoso video de Lionel Scaloni después de la derrota con Arabia Saudí, el cual se conoció en un documental posterior. Tras el mazazo de aquel 2 a 1 que le cortó a su equipo un invicto histórico, nada menos que en el debut mundialista, el DT habla en confianza y achaca la caída de su equipo “al contexto de la cultura argentina”. “Vos podés laburar lo que quieras, pero tenemos que estar acostumbrados a perder, podemos perder, forma parte del juego y del aprendizaje, sino nunca nadie va a jugar tranquilo”, se lamenta con lágrimas en los ojos y advierte que “si nos reponemos, guarda con nosotros”.

Embed - Scaloni y la derrota ante Arabia Saudita - Elijo Creer (2023)

Scaloni se queja desde el centro de la opresión de esa “cultura argentina” del exitismo, que nos impide convivir con la derrota sin dramatizarla como un fracaso moral. Es un fuego y una voracidad con la que atacamos a los demás pero también a nosotros mismos. Hay algo sagrado y muy nuestro en esa presión permanente, pero que cuando nos pasamos de rosca nos lleva al borde del colapso. Ojalá podamos encontrar un término medio: no podemos ni debemos apagar el fuego, pero tenemos que evitar que nos consuma a nosotros mismos.

Por suerte, Scaloni no está dando charlas motivacionales.

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