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Todo tiempo es pasado, y fue mejor

Por Nico Varela (@nicoevarela).

Me pareció más decorosa esa frase que la que alguna vez me dijo mi entrenador de fútbol Ale Suárez: "Vare, estás más flaco que mañana". Argentina está hace mucho tiempo en un bucle en donde todo el tiempo pasado fue mejor, pero como signo específico de estos tiempos, ahora se agrega el factor de que todo ocurre mucho más rápido. Algo de esto dejó claro el discurso completo del diputado Cristian Ritondo durante el debate de la reforma laboral que se aprobó esta semana en la Cámara. "Creo que han quedado expuestas las posiciones tanto en forma pública como en el recinto, qué es lo que va a hacer cada bloque. En nombre de mi interbloque, vamos a votar esta ley. Le pido a los demás oradores que traten de no hablar, ya está todo expuesto, pasemos a votar". Me dio algo de nostalgia el tono agotado de Ritondo, que lo hace imposible de comparar a la versión de Pichetto en 2009 cuando le dijo al entonces vicepresidente Julio Cobos durante el debate de la 125 en el Senado: "Señor presidente, citando a los Santos Evangelios, lo que haya que hacer hagámoslo rápido". Los debates en el congreso tenían otro color, otra altura, o como dice la juventud atinadamente, otro aura.

Me encantaría trazar un paralelismo entre ambos momentos, pero tengo que reconocer que sería muy difícil traer a cuento sucesos de hace más de quince años. Parece que fueron un siglo atrás. Como ponerse a recordar lo que pudiera haber estado haciendo Patricia Bullrich, figura mediática de esta y otras leyes del gobierno, allá por 2001 cuando era ministra de Trabajo. Cuando se la escucha hablar a ella o a otros ministros de la actual gestión, como Federico Sturzenegger, parece que en el marco de la modernización no entra saber cuál fue el resultado de sus políticas en el gobierno de la Alianza, y ni siquiera durante el gobierno de Mauricio Macri del que también participaron.

Hablar de lo que ya pasó para evitar que vuelva pasar parece inútil. Todo es ahora y ya. Ahora los ocho diputados peronistas de Salta están a favor del gobierno, aunque hace algunos meses se hayan presentado en contra. Igual los dos de Neuquén. Pero si vamos al caso del supuesto peronismo que está en el congreso, podríamos recordar lo que pasó con la ley de modernización laboral que después llamamos Ley Banelco. Pero también sería irse como un siglo atrás. Atrasa. Como también atrasa tratar de explicar que lo que pasó en Diputados con el bloque de la oposición ya pasó en 2016, cuando el “pollo” de Cristina, Diego Bossio, le dio al entonces ministro Caputo la posibilidad de volver a endeudar a la Argentina para llevarla al FMI en tiempo récord. Porque había que hacer un cambio, porque había que modernizar.

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Lo que se vio en el Congreso desde que comenzó el periodo de extraordinarias fue un espectáculo vergonzoso para la oposición. Aunque la incapacidad que mostró especialmente el peronismo no debería sorprender. Sería muy fácil de explicar si se pudiera traer experiencias pasadas, como la del periodo 2019-2023. Pero en estos tiempos modernos quién pudiera pensar que volver a poner en el congreso listas armadas desde San José 1111 a dedo podía salir mal. Atrasa incluso tratar de incluir al debate algunas de las figuras del peronismo que participaron de la única época de progreso que conoció mi generación. Porque habría que irse como un siglo para atrás.

Hasta las crisis las recuerdo con nostalgia. Recuerdo cuando la inflación era un problema, y cuando era motivo de alerta en los medios de capital que la carne aumente 10% en un mes, o que las empresas nacionales como Vicentin o Techint entren en proceso preventivo de crisis o cierren. Recuerdo cuando el cierre de empresas se podía evitar, como los casos de Bridgstone y Cresta Roja durante el periodo Macri-Vidal. Pero atrasa pensar en eso, y recordar que un intendente en diálogo con los trabajadores era capaz de evitar el cierre de una empresa importante en su territorio. No vaya a ser cosa que alguien se dé cuenta que Fate además de ser una de las más importantes empresas de la Argentina, también queda en la Provincia de Buenos Aires.

Atrasa recordar la silla rota de Martínez de Hoz. Recordar que alguna vez se intentó decir que los argentinos éramos incapaces de producir calidad, como también hizo Menem. Hay que modernizar, y entender que las empresas necesitan despedir porque no venden. Porque en el país anarcocapitalista las empresas no son capaces de competir con las empresas de la China comunista. Al menos no en la fabricación de neumáticos u otras autopartes, o vehículos terminados, o electrodomésticos, o tela y ropa, o juguetes, o caños para gasoductos, o el aluminio que se usa para hacerlos. Porque ahora los dirigentes de todo el arco político nacional explican que la economía China es complementaria con la Argentina. Les diría quiénes son y cuándo lo dijeron, pero después de esta semana dudo que lo vuelvan a decir en voz alta. En fin, atrasa.

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