Este miércoles me agarró la hora del partido de Champions League del Real Madrid en la calle y me tiré a la quimera de tratar de encontrar lugar en un bar para verlo. Después de varios intentos fallidos, encontré un huequito, compartiendo mesa con otro cliente, en un local de comida rápida árabe de los que llenan las ciudades españolas. Me llamó la atención que el público era mayormente homogéneo: chicos jóvenes, de entre 18 y 22 años, con sus camisetas blancas del Madrid. Lo entendí cuando hice el pedido: los musulmanes dueños del local no vendían alcohol, algo inconcebible para los españoles mayores (y menos para ver el fútbol).
Correo desde Madrid: En España debaten si es bueno o malo que los jóvenes tomen menos alcohol
Por Manuel Nieto (@NietoManuelOk).
Así que me encontraba rodeado por un fenómeno al que los medios españoles le vienen prestando atención y dedicándole más y más piezas de información y opinión: el de las nuevas generaciones que beben cada vez menos e introducen un cambio cultural mayúsculo en un país que hace del vino, las copas y las cañas una seña de su identidad.
Aunque parezca un tema trivial, el declive en el consumo de alcohol está generando debates enardecidos. Que los jóvenes tomen menos y sean más sanos debería interpretarse, en principio, como una buena noticia. Parece que por fin hicieron efecto tantas campañas de prevención de las adicciones y de Alcohólicos Anónimos. Le pregunto a Chat GPT los beneficios de una vida de cero alcohol y me hace una lista larguísima: mejor calidad de sueño, mayor claridad mental y concentración, menos ansiedad y cambios de ánimo, más energía, mejor salud cardiovascular, menor riesgo de varios tipos de cáncer, mejor funcionamiento del hígado, menor presión arterial, mejor ingesta calórica, mejor control de peso, prevención de más de 200 problemas de salud…
Pero los columnistas de los diarios españoles no parecen estar de acuerdo. “No beber genera sociedades aburridas, rígidas, que giran demasiado sobre cosas que realmente no importan y carecen de un sentido del humor que propicie la sobremesa y el conocimiento a través de la inteligencia razonadora”, sentenció Salvador Sostres desde las páginas del conservador ABC. Y agregó: “El pretexto de no beber para cuidar la salud es un escapismo cobarde, como no vivir en la ciudad. Hay que aguantar el golpe. El ritmo. Hay que pagar el precio y sacar provecho. Hay que tener menos 'hobbies' y más carácter y vida social. Hay que vivir en lo que pesa. Sin restaurantes no hay poder, no hay verdad. Comiendo legumbres en su casa nunca nadie ha hecho algo bueno por los demás. ¿Acaso crees que no nos debes nada? Las cuentas no están saldadas. Hay que mirarse menos en el espejo, con tus progresos en el gimnasio o con tu ropa cara. Hay que jugar menos a pádel y hacer menos bricolaje. Nos falta generosidad, grandiosidad, mejores ideas y más deseo de un mundo mejor”.
“En España, cierran demasiados bares y por cada bar cerrado aparecen diez gimnasios. Yo he aprendido más a ponerme freno en los bares que leyendo las pancartas del centro de salud”, sumó, por su parte, Juan Soto Ivars. Y siguió: “En los bares, que han sido la columna vertebral de la grandeza mediterránea, he visto a los alcohólicos verdaderos y echado cuentas de la distancia que me separaba de ellos”.
En los bares, un motor del consumo y la economía en España, también se lamentan. Desde los locales que rodean al Movistar Arena de Madrid, una de las zonas más cotizadas de la ciudad, mostraban su desazón porque los cuatro conciertos de Rosalía, que reunieron a más de 70 mil jóvenes, no representaron el boom de ventas que esperaban. Ante un cronista del diario El Mundo, contaron que los chicos pasaban al baño y se marchaban sin consumir: “El problema es el público, con los conciertos de Sabina o los de heavy metal son los que mejor nos van”.
Con todo esto en la cabeza, yo festejaba para mis adentros los goles del Bayern Munich (por lealtad messista, siempre quiero que pierda el Real Madrid), bajaba mi kebab con una latita de Coca y extrañaba una latita de cerveza. Pero a los chicos a mi alrededor no parecía hacerles falta. Seguramente no se hayan enterado que desde los diarios les estaban reclamando que actúen como se supone que tienen que actuar los jóvenes.

