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Historias de Santos: cargar con la cruz del otro

Reflexiones sobre la vida de Simón de Cirene. Por Clara Milano.

Hay figuras bíblicas que aparecen apenas unos segundos y, sin embargo, dejan una marca enorme. San Simón de Cirene es una de ellas. Apenas aparece mencionado, pero es en el momento más doloroso, el del camino de Jesús hacia la crucifixión: “Y llevándole, tomaron a cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús” (Lucas 23; 26).

Según el Evangelio, él fue obligado por los soldados a cargar una cruz que no era suya. Tal vez todos, alguna vez, terminamos siendo un poco Simón de Cirene.

Hay cruces propias: frustraciones, enojos, crisis personales, enfermedades. Pero existen otras que llegan desde afuera y que tienen que ver con acompañar las cargas ajenas. El dolor de alguien que fue lastimado por otros, el duelo de alguien cercano, los problemas económicos de la familia, la tristeza que otro ya no puede sostener solo. A veces no las elegimos. A veces incluso aparecen de golpe, como aquella cruz sobre los hombros de Simón. Y sin embargo, ahí estamos. Y también, viceversa, puede ser que reconozcamos en nuestras vidas a otros que ocuparon ese lugar de Simón de Cirene.

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Una de las cosas que más me sorprende de algunas escenas de la Biblia es lo injustas que son. Porque en realidad, este hombre no había hecho nada, no tenía nada que ver. Y fue obligado a cargar con esa cruz ajena. Y en esto, otra cuestión que capta especialmente mi atención es que, a pesar de ser forzado a hacerlo, parece que no se negó ni se quejó. Me gusta imaginar que, a pesar de la injusticia que representaba para él, pudo más su corazón conmovido frente al sufrimiento de Jesús.

Tal vez sea por eso que aceptemos compartir cruces que no son nuestras, incluso cuando las que tenemos suelen pesar bastante por sí solas. Solo un amor fuerte es capaz de soportar eso, y estoy segura de que si cada uno se pone a revisar su propia historia, va a identificarse con este santo en varias circunstancias y también a reconocer en su vida los brazos de los demás. Porque sí, somos capaces de amar, y de amar mucho.

Creo que el mundo se sostiene por estos “Simones”. Porque hay cruces, sí, pero también hay personas que nos ayudan a cargarlas. Ojalá nosotros podamos ser un Simón para los demás.

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