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Historias de Santos: mucho más que un partido

Reflexiones sobre la vida de San Juan Pablo II. Por Clara Milano.

En estos días de Mundial, millones de personas vuelven a reunirse frente a un televisor, a compartir nervios, abrazos y alegrías. El fútbol tiene esa capacidad única de unir a personas muy distintas detrás de una misma camiseta. Y quiero que sepan que uno de los santos más queridos de la Iglesia fue un apasionado de este deporte.

Mucho antes de convertirse en el papa San Juan Pablo II, Karol Wojtya era simplemente "Lolek", un chico polaco que disfrutaba pasar las tardes jugando al fútbol. Su puesto habitual era el de arquero, y quienes compartieron la cancha con él destacaban su valentía bajo los tres palos.

Pero hay un detalle de su infancia que dice mucho más que cualquier anécdota deportiva. Según publicó Aciprensa, la ciudad de Wadowice, donde creció, Karol jugaba partidos entre chicos judíos y cristianos. Cuando al equipo judío le faltaba un jugador, él no dudaba en ponerse esa camiseta para que el partido pudiera jugarse. En una Europa donde el antisemitismo crecía y las divisiones comenzaban a hacerse cada vez más profundas, aquel gesto sencillo ya anticipaba el hombre que llegaría a ser: alguien capaz de tender puentes por encima de las diferencias.

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Su amor por el fútbol nunca desapareció. Ya siendo sacerdote, obispo, cardenal y luego Papa, siguió de cerca al MKS Cracovia, el club del que era hincha desde joven. Cuando falleció en 2005, los simpatizantes del equipo colocaron crespones negros y aseguraron que habían perdido a "un compañero", una muestra del vínculo que nunca dejó de tener con el deporte.

Sin embargo, para Juan Pablo II el fútbol era mucho más que un espectáculo, ya que veía en él una escuela de vida. Durante el Jubileo de los Deportistas, celebrado en el año 2000, expresó: "El deporte es alegría de vivir, juego, fiesta, y como tal debe ser valorado recuperando su gratuidad, su capacidad de crear vínculos de amistad y favorecer el diálogo y la apertura de unos hacia otros”.

En otra oportunidad afirmó que "el deporte puede hacer una valiosa contribución al entendimiento pacífico entre los pueblos", una frase que hoy cobra un sentido especial cuando selecciones de todos los continentes se encuentran en una misma competencia.

En una época donde el deporte muchas veces queda opacado por la violencia, los insultos o la rivalidad extrema, él recordaba que el verdadero triunfo no consiste solamente en ganar un partido, sino en crecer como personas. Porque al final, más importante que el resultado es la manera en que jugamos. Ojalá vivamos lo que queda de este Mundial con esa alegría.

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